19 de septiembre de 2017 18:24

'Mi familia vive ahí': Desesperación y muerte en México

Cientos de mexicanos intentan rescatar a personas con vida de los edificios colapsados en Ciudad de México (México) hoy, martes 19 de septiembre de 2017, tras un sismo de magnitud 7,1 en la escala de Richter. Foto: EFE

Cientos de mexicanos intentan rescatar a personas con vida de los edificios colapsados en Ciudad de México (México) hoy, martes 19 de septiembre de 2017, tras un sismo de magnitud 7,1 en la escala de Richter. Foto: EFE

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Agencia DPA

"Mi familia vive en ese edificio", gritaba una mujer, mientras era consolada por las personas que la rodeaban. "¡Sus nombres no están en la lista, no están!", decía, desesperada, al ver un listado con los nombres de 16 rescatados hasta ese momento.

"No sabemos cuántas más están entre los escombros. También hay una escuela caída", dijo una policía en la avenida Nuevo León de Ciudad de México. Los rescatados fueron llevados a un hospital, mientras se seguía buscado entre escombros. Cuatro camiones con rescatistas de la Policía Militar llegaron al lugar.

Luego otro, con voluntarios, para ayudar en las labores de rescate. Los muertos ya se cuentan por decenas en Ciudad de México y otros estados como Morelos, Puebla y el Estado de México, en el centro del país. En la colonia Condesa, en la calle Amsterdan, un edificio de unos ocho departamentos se derrumbó por completo.


"Hay personas atrapadas, todavía no han sacado a nadie y esperamos que no haya fallecidos", dijo a DPA un funcionario de Protección Civil que prefirió no dar su nombre. Los vecinos se han coordinado para apoyar y hacen largas filas para quitar los escombros. "Apaguen sus celulares, hay una fuga de gas", gritaba un joven que, con un casco de bicicleta y una pañoleta que cubría su nariz y boca, ayudaba a organizar a los voluntarios. Muchos lo imitaban y otros pedían botellas de agua y alimentos para los rescatistas. Entre los voluntarios hay mexicanos y extranjeros que viven en la zona.

Una ambulancia, un carro de bomberos y máquinas pesadas estaban en el lugar para remover los escombros y auxiliar a los heridos. Con mirada angustiada y una mano en el pecho, Norma Medina hablaba con sus vecinos fuera del edificio de departamentos del cual es conserje en la colonia Nochebuena de Ciudad de México.

Llevaba el susto tatuado en el rostro, mientras llegaban noticias de edificios colapsados, muertos y gente rescatada con vida en otros sitios. "Todo se movió: las paredes, los muebles, las ventanas. Recordé el terremoto del 85 y justo hoy fue el simulacro", dijo a DPA en referencia al aniversario del terremoto de 8,1 que el 19 de septiembre de 1985 dejó unos 10 000 muertos en la capital mexicana.

Poco después del simulacro anual, en el que las alertas sísmicas sonaron pero sólo para hacer un ejercicio de evacuación, México volvió a temblar. Y mucha gente estaba dentro de sus casas. Las escenas de destrucción volvieron a la capital mexicana y estados vecinos.

El sismo, de magnitud 7,1, se originó al sureste de Axochiapan, estado de Morelos, a 160 kilómetros al sureste de la Ciudad de México y sólo 12 días después de otro terremoto de 8,2 que sacudió el sur del país y que dejó 98 muertos y miles de viviendas destruidas.

A las 13:14 empezó el temblor, primero de forma suave, a lo que ya están acostumbrados los mexicanos, para luego convertirse en una sacudida tan fuerte que exigió a las personas a salir de sus casas y juntarse en las calles.

Niños llorando, perros ladrando y adultos con expresiones de pánico -algunos padecieron crisis nerviosas- llenaron las aceras de las calles capitalinas. Dentro de las casas los artefactos caían al suelo, los cajones se abrían, las lámparas se sacudían. Y fuera, varios edificios se venían abajo. "Estábamos terminando de hacer el pan para vender hoy y empezó a temblar. Se rompieron los vidrios de las ventanas y los focos. Logramos apagar las estufas antes de que algo peor ocurriera", contó a DPA Pablo Sandoval, trabajador de una panadería en la colonia Nochebuena. Fuera del local se ven los trozos de vidrio en el suelo.

Imágenes dramáticas mostraban personas quitando escombros de edificios derrumbados en colonias tradicionales como la Roma o la Condesa. Las escenas se replican en otras partes de la Ciudad de México y las sirenas de los bomberos y las ambulancias se escuchan en las calles al mismo tiempo que el claxon de los vehículos de quienes buscan llegar a sus hogares.

Fuera de sus casas, los capitalinos miraban sus celulares y hacían llamadas en un intento de contactar con sus familiares y amigos. Un hombre maldice su móvil mientras lleva a su hija en brazos. "Quiero hablar con mi esposa pero no hay señal", dice, mirando a las personas a su alrededor. Todos estaban en condiciones similares.

Reina García mira la pantalla del televisor de un restaurante con los ojos empañados de lágrimas. "Soy de Oaxaca y no puedo hablar con mi madre. ¿No saben nada de allá?", pregunta a los demás. "Todavía tengo a un tío desaparecido por el terremoto anterior", comenta a DPA.

Oaxaca, en el sur del país, fue uno de los estados más afectados por el sismo del 7 de septiembre. García, de 53 años, llora. "Estaba trabajando pero ahora debo ir a ver a mis hijos. Esto es terrible", se lamenta para luego caminar por las calles, todavía llorando.

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