13 de June de 2010 00:00

Los volcanes también cuentan historias de amor

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Rubén Darío Buitrón

En Baños dicen que dos guerreros andinos, el Cotopaxi y el Chimborazo, mantuvieron por siglos una batalla por el amor de la bella Tungurahua.

Dicen que el Chimborazo venció en esa lucha y que se casó con la bella Tungurahua.

Y dicen que de ese matrimonio nació el Guagua (niño, en quichua) Pichincha.

Y es por eso que cuando el Guagua Pichincha llora, la Mama Tungurahua se estremece.

Es una de las leyendas de amor de las montañas ecuatorianas, contadas en la voz de quienes habitan en las faldas de los volcanes.

Darío Gamboa, un joven de 21 años, nacido en Baños de Agua Santa, es un heredero de las historias contadas por sus bisabuelos, sus abuelos y sus padres.Mientras camina por las calles del centro de la ciudad, situada en las faldas del Tungurahua, este estudiante universitario de la carrera de Turismo cuenta que desde muy pequeño ha escuchado leyendas en torno a los volcanes, pero las que más le atraen son las de amores y desamores.

Recuerda que su abuela contaba que los indios de Píllaro creían que taita Cotopaxi estaba casado con Mama Tungurahua, pero que no era un buen matrimonio.

Por eso, en tiempos muy antiguos hubo una espantosa guerra de celos entre los dos.

Otra leyenda dice que el Cotopaxi, a escondidas de la Mama Tungurahua, había contraído un matrimonio ilegal con la joven Tionilsa (el Iliniza menor, cuyo nombre propio es Catsungunbi).

Pero la Mama Tungurahua tampoco estaba quieta, porque era la amante del Cillcay (el Altar).

Iliniza y Tionilsa fueron a visitar a su amigo Chimborazo. Mama Tungurahua, ardiendo en celos, atacó a Tionilsa con tanta agresividad que la dejó fea para siempre.

La leyenda viene de una antigua tradición de los indios de la provincia de Chimborazo e intenta explicar el gran cataclismo volcánico que acabó con el hundimiento del Altar.

En las afueras de su casa, ubicada en el sector de El Salado, a 10 minutos de Baños, Ángela Cazco, de 60 años, observa al Tungurahua y recuerda otra leyenda.

Ella narra que el Chimborazo y el Carihuairazo (ambos cerros varones) lucharon entre sí por el amor de la Mama .

Por esa encarnizada batalla, los encolerizados pretendientes se lanzaron rocas y lava. El vencedor fue el Chimborazo, que se quedó con el amor de Tungurahua.

‘La Mama es muy celosa’

En Puela las casas están flanqueadas de árboles de manzanas jugosas que los campesinos usan para hacer mermelada y un licor dulce que sirve para celebrar el cumpleaños o el nacimiento del primogénito.

En esta parroquia del cantón Penipe, en la provincia del Chimborazo, los campesinos venden la cosecha de manzana en los mercados de Riobamba y Guaranda.

Cuando el cielo está despejado, desde este pueblo de calles sinuosas se sienten y escuchan los bramidos del volcán Tungurahua. Los vidrios de las ventanas vibran y las lámparas se mueven.

Rosa Baldeón tiene un huerto donde además de manzana cultiva tomate de árbol y maíz.

Dice que la tierra es fértil gracias a las erupciones del volcán Tungurahua. “La ceniza abona el suelo. No importa que este rato la montaña esté enojada. Luego de que arroja toda la ceniza estos campos florecen otra vez. Por eso no dejamos la chacra”.

Las casas de Puela tienen pequeñas ventanas de madera y corredores donde los ancianos descansan en sillas o en banquitos.

Baldeón tiene 65 años y luego de retirar la ceniza de las hojas de los árboles acomoda una banca. Dice que tiene 10 nietos.

“Cuando me visitan les cuento que no hay tener miedo al volcán. Mi mamacita decía que esta Mama Tungurahua es la mujer del nevado Chimborazo, que es un bandido como todos los hombres. Entonces, cuando el Chimborazo está coqueto, la Mama se ponía celosa. Eso sí, no sé qué otra montaña le gustará”.

Rogelio Baldeón, vecino de doña Rosa, la escucha y se ríe:

“Cómo va a decir que los hombres son unos bandidos y al pobre Taita Chimborazo le acusa de coqueto. No. Mi abuelita contaba que la Mama Tungurahua se pone inquieta cuando a su esposo, el volcán Chimborazo, le pasaba algo malo”.

Don ‘Roge’, como le gustan que lo traten, comenta que cuando viaja a Quito mira que el Chimborazo está sin nieve, seco.

“No es imponente como antes. La esposa nos quiere decir algo. Por eso bota candela y ceniza que friega los campos. Hace poco escuché a mis nietos decir que ahora se usa mucho químico y que la temperatura está subiendo.

¿Qué será? ¿La Mama nos está diciendo que cuidemos a su amor, el Chimborazo?”.

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