22 de December de 2010 00:00

El volcán Tungurahua se volvió un atractivo turístico estos días

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IPS, Quito

Cientos de familias detienen sus automóviles y fotografían la columna de humo que el volcán Tungurahua emite en un día despejado. Muy diferente es la actitud de los que residen cerca de este volcán, a quienes les ha destrozado su modo de vida al llenar de cenizas sus sembrados y pastizales.Los habitantes de Bilbao, Choglontús, Cusúa y Chacauco han movido sus casas lo más abajo que han podido, pero mantienen su agricultura y ganado en zonas más altas. “Lo que han hecho es tomar distancia. Suben a trabajar de día y vuelven por la noche”, narró Sergio Páez, un campesino de Cusúa, en Pelileo.

“¿Qué hemos de hacer, señor? Es lo único que tenemos, las vaquitas y las papas, ¿Cómo vamos a ir botando?”, dijo Carmela Cando en Cevallos, un poblado a 18 kilómetros en línea recta al noroccidente del volcán.

Cevallos se ha convertido en referente, tanto por los albergues para los desplazados por las erupciones como por la voluntad de sus habitantes de reconvertir su producción y no dejarse abatir por los efectos de la ceniza.

"Yo no estaba conforme con las colas de personas en el (edificio del) Municipio, esperando las raciones alimenticias. Teníamos dos opciones: o convertirnos en mendigos o ponernos a producir cosas diferentes", señaló a IPS el alcalde de Cevallos, Bayardo Constante.

“La ceniza ha afectado la producción de nuestros frutales. Esta era una zona productora de duraznos, peras, manzanas y reina claudias (ciruelas), pero cuando la ceniza cae en el momento de la floración y eso ha pasado en 10 de los 12 últimos años, arruina la producción de todo el año”.

“No es como en los cultivos de ciclo corto, las papas por ejemplo, en los cuales se mete arado otra vez y a los tres meses ya se tiene producto”, añadió.El Alcalde encabezó proyectos de organización social, asistencia técnica y financiamiento, y hoy Cevallos es un cantón productor de artesanías, en especial calzado. “Eso ha generado, además, un interesante flujo de turismo artesanal, que tenemos que atender”, comenta Constante.

“También nos hemos dedicado a la producción de especies menores, en especial porcinos, conejos y cuyes, indicó. Estas especies, al criarse bajo techo y con forraje, no sufren lo mismo que el ganado al aire libre, que se envenena al comer la hierba con ceniza.

En las faldas del volcán, entre Tungurahua y Chimborazo, se encuentran 15 000 reses, las cuales deben alimentarse con pasto contaminado con el polvo.

El Tungurahua, ubicado en el ramal oriental de la cordillera de los Andes, a 160 kilómetros al sur de Quito, a lo largo de estos años ha intercalado períodos de fuertes erupciones con otros de relativa calma, aunque siempre está lanzando una columna de humo y ceniza, de mayor o menor altura, a la atmósfera.

La afectación de la ceniza a la zona circundante depende de la dirección de los vientos, pero predominan los que van a occidente. Por eso, zonas enteras de las provincias vecinas de Tungurahua y Chimborazo e, incluso, la más alejada de Bolívar, en el centro de la Serranía ecuatoriana, han sido afectadas periódicamente.

Las autoridades dispusieron en ese entonces la alerta a roja y ordenaron la evacuación de las zonas de alto riesgo.

La erupción se dio el 16 de agosto del 2006. Los flujos de piroclastos se quedaron a 800 metros de la zona poblada de Bascún, un barrio de Baños que había sido evacuado, y destruyeron el sistema de aprovisionamiento de agua potable y de las piscinas termales de esa zona.

Actualmente, el volcán no ha provocado daños a las viviendas o sitios de residencia de los comuneros. Los estruendos son permanentes en esas poblaciones.

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