21 de April de 2010 00:00

El viento causó susto en Santa Elena

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Redacción Guayaquil

Con mucho esfuerzo, Joel Lainez intenta poner a funcionar una bomba para extraer agua desde el interior de su casa. Él es uno de los afectados por el intenso aguacero que cayó entre la noche del lunes y la madrugada de ayer, en toda la península de Santa Elena.

Con el agua hasta las rodillas, y con ayuda de Wilson González, conectaba las mangueras dentro de su casa, en la comuna de Valdivia, para expulsar el agua lluvia hacia la carretera. “Empezó a llover como a las 23:00. A la media hora ya todo estaba inundado”.A cinco casas de allí, Martha Lainez tiene el mismo problema. Ella sacó el agua, de la planta baja, con baldes. Culpó de ello a la ruta del Spondylus, que pasa frente a su vivienda. “La vía quedó más alta y no tiene desfogue de agua”.

El temporal que cayó la noche del lunes y la madrugada de ayer fue inusual. Pero, pese a la fuerza del aguacero y de los vientos, no hubo desgracias personales.

Freivor Coba, jefe cantonal de la Secretaría de Riesgo de Santa Elena, dijo que desde San Pablo hasta Oloncito, en el norte de la provincia, hubo vientos huracanados hasta las 02:00.

En La Libertad, Vicente Concha, coordinador de la ex Defensa Civil, informó que en las cuatro horas del aguacero recibió unas 200 llamadas. Pedía información. “Solo fue un susto. Se supo de dos casas que se quedaron sin techo. Hubo vientos de 23 a 25 nudos, cuando normalmente son de entre 5 y 6”, comentó Concha.

En Salinas, principal balneario de la costa ecuatoriana, se vivieron momentos de incertidumbre durante la tormenta. Jaime Lasso, capitán el Puerto, dijo que muchas personas salieron al malecón para saber qué pasaba.

“Se les explicó que los vientos eran por factores climatológicos, que fuimos informados oportunamente por el Inocar de la situación. Incluso, tuvimos que desmentir los rumores de un posible tsunami”, expresó Lasso.

La Capitanía de Salinas, de inmediato, comunicó por radio a las embarcaciones para que naveguen mar afuera.

En Ayangue, mientras repara los hilos rotos en su red, el pescador Luis Rodríguez contó que nada hacía presumir el temporal. Él salió a dejar las redes a las 17:00 y regresó una hora después, sin imaginar que a las 22:00, el fuerte aguacero anegaría su casa, en el barrio San Francisco.

Más hacia el norte, en Olón, la crecida del río del mismo nombre dejó réditos a Agustín Borbor. Él aprovechó para colocar su red y capturar camarón rayado de agua dulce. Le fue bien.

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