14 de May de 2010 00:00

Tres ríos inundaron las zonas bajas del centro de Manabí

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Patricio Ramos.

El primer piso de la casa de Sonia Andrade ya no aparece. La vivienda inundada se levanta en el recinto Sosote, cantón Rocafuerte (centro de Manabí).

La planicie está llena de agua. Las crecientes del río Portoviejo, del lunes y miércoles, cubrieron la casa y el recinto. La humedad se pega por los 30 grados de temperatura. Son las 08:30.Para cruzar la inundación y llegar hasta la carretera, Juan Saltos, esposo de Sonia, construyó un puente con caña guadúa. Es la única forma que tiene para ir a trabajar en una enllantadora. Sonia se tambalea sobre la caña.

Estos puentes frágiles e improvisados son la única alternativa para los residentes de las zonas bajas de los valles de los ríos Portoviejo y Carrizal (centro y norte de Manabí). Ambos se desbordaron entre la madrugada del miércoles y ayer e inundaron zonas agrícolas, donde se cultivan tomates, melón, arroz, pepino y cebolla perla.

Al otro lado de Sosote (Rocafuerte), Fabián Mendoza cruza el río Chico. Le acompañan su esposa Mariela y su hijo.

El impredecible río Chico creció ayer. “Inundó toda la zona de arrozales, sandía, maracuyá y hasta las palmeras de coco”, dice Fabián, mientras sortea la corriente. Lleva una gaveta plástica con queso y mantequilla.

Fabián sale todos los días. No le importa si hay o no inundación. “Vivo de lo que vendo todos los días en Portoviejo. Casi siempre le madrugo al día, pero desde hace tres semanas las inundaciones nos madrugan, pero no hay que darse por vencidos”. Con esta frase resume la actitud de los campesinos: a pesar de que están con el agua al cuello siguen trabajando.

Una camioneta de balde de madera espera a Fabián en la carretera para llevarlo a Portoviejo.

En la zona arrocera del cantón Sucre, entre Crucita y Rocafuerte, 20 minutos al noroeste de Portoviejo, los arrozales están bajo el agua de color ocre.

La inundación llegó y tenemos que convivir así por al menos 60 días hasta que se evapore, comenta Honorio Pérez, agricultor de la zona de San Bartolo.

Las 3 hectáreas de arroz de Pérez también están inundadas. “El nivel de la creciente empezó a bajar desde ayer, ojalá no llueva, sino los USD 1 500 que invertí en la siembra se irán con el agua”, dice y mira los campos anegados.

Las autoridades explican que la situación es preocupante, pero no de emergencia total.

Roque Mendoza, director de la oficina de Gestión de Riesgo, sostiene que 200 viviendas quedaron afectadas por las crecientes del río Chico en Calderón, Forestal, La Ciénaga, Pinpiguasí y El Tillo (de Portoviejo). Los afectados limpian sus casas. El agua, en algunos casos, supera el metro de altura. El desbordamiento también dañó los cultivos de maní y yuca.

A las 12:00 de ayer, la fuerte creciente del río Chico llegó a Rocafuerte y a Charapotó (Sucre). En la zona del Higuerón, las compuertas de tablones de guayacán -que en verano retienen el agua para riego formando pequeñas represas- fueron retiradas. “Había que hacerlo –dice Manuel Vélez-, de lo contrario solo en madera podríamos perder USD 3 000”.

También en el norte de la provincia hubo inundaciones por las crecientes del río Carrizal. Los desbordamientos ocurrieron en las zonas bajas de Tosagua y Junín.

Sonia y su esposo pidieron posada a un familiar en Portoviejo, hasta el domingo. “Ojalá el nivel del agua baje el fin de semana”. Fabián buscará otra ruta para llegar a la capital manabita para llevar sus productos del día a día.

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