27 de May de 2010 00:00

Tres historias de cacao y chocolate

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Redacción Sierra Centro

Los chocolateros de Suiza, Francia, Alemania y de otros países buscan el cacao ecuatoriano para hacer trufas y postres. Eso dice Carlos Pozo, coordinador de la asociación de cacaoteros Kallari.

Según las Naciones Unidas, Costa de Marfil, Ghana, Indonesia, Nigeria, Camerún, Brasil, Ecuador y Malasia son los principales productores de cacao.

Ecuador produce el 3% de la producción mundial calculada en 5,3 millones de toneladas.

La Asociación Nacional de Exportadores de Cacao explica que el año pasado se cosecharon 160 000 toneladas. De esta cifra, 146 000 se exportaron.

El último censo nacional agropecuario señala que en Guayas, Manabí, Los Ríos y en otras 13 provincias hay 434 418 hectáreas de cacao. El 80% tiene la variedad cacao fino de aroma.

El sábado, en Tena (provincia de Napo) se realizó la Segunda Feria Nacional del Cacao y Chocolate. Cuarenta organizaciones de productores de Loreto (Orellana), Tena, Esmeraldas y de otras zonas mostraron lo mejor de su producción y desfilaron por las calles de la ciudad exhibiendo grandes y amarillas mazorcas.

El objetivo fue incentivar el consumo interno. También se difundieron los programas que realizan las organizaciones internacionales en la Amazonía.

En Tena, por ejemplo, se impulsa un plan para fabricar licor de cacao y pasta para hacer chocolate. El pregón terminó en el parque lleno de frondosos árboles.

Allí, los campesinos hablaron de sus comunidades, de los abonos que usan, de sus técnicas de cultivo y cosecha y del sabor de su cacao fino de aroma.

En la exposición se ofertaron artesanías, se dictaron charlas sobre la siembra de cacao y se prepararon postres con chocolate.

Uno de los puestos más visitados fue el de los agricultores de Esmeraldas. Ellos regalaron vasos de chocolate con leche y coco.

César Dohua, Roberto Bone y Reny Corella, agricultores de Napo, Esmeraldas y Orellana, respectivamente, dan sus testimonios sobre el significado del cacao en sus vidas y en la de sus comunidades. Ellos pertenecen a organizaciones que utilizan abono orgánico en sus fincas cacaoteras.

César Dohua

‘Soy un feliz productor de cacao fino nacional’

Tenía 18 años y trabajaba en una empresa petrolera francesa en Lago Agrio. Ahí fue la primera vez que probé chocolate en polvo. No sabía que era tan dulce. No conocía que en la chacra de mis padres se sembraba algo tan rico como el cacao.

A los 45 años comí el chocolate hecho con cacao nacional fino de aroma. Su sabor era muy bueno y sentí orgullo de que las pepas que yo cosecho sirvan para hacer un producto tan delicado.

Ese producto se hace en la Asociación Kallari (que en quichua significa El Comienzo) de la que soy socio desde hace cinco años. En Kallari somos 850 miembros con chacras en Tena, Archidona, Arosemena Tola y Loreto.

Los compañeros más antiguos cuentan que decidieron unirse en 1997, porque antes de que se organizaran recibían un precio injusto. Por ejemplo, se pagaba apenas USD 15 por quintal, mientras que en los mercados de Guayaquil se vendía al triple. Ahora nos pagan más de USD 100 por el quintal.

Vivo en la comunidad Isla Apaai, en Tena. El año pasado, en la I Feria del Chocolate y del Café, gané el primer lugar a la mejor mazorca. Obtuve una placa y herramientas para podar. No puedo ser más feliz. Tengo una buena familia, una buena plantación, dinero y chocolate.

Robert Bone

‘Recojo las mazorcas al ritmo del reggaetón’

Sembrar cacao es una herencia y una tradición en la familia Bone. Nuestra plantación se encuentra en la parroquia San Gregorio, del cantón Muisne.

En mi pueblo, el cacao no solo ha servido para hacer chocolate. Mi bisabuelo, Elirio, era famoso porque machacaba las hojas para curar a los enfermos de gripe.

En los desayunos del domingo y en los cumpleaños se mezclaba el chocolate con el coco y la leche. Esta colada da fuerza a la gente para trabajar en la chacra.

Mi bisabuelo, por ejemplo, vivió 114 años y fue famoso en San Gregorio porque era el más viejo. Murió porque se cayó de un techo. La gente dice que pudo vivir 10 años más.

Estoy convencido de que hay que trabajar en la agricultura. En mi pueblo hay pocos chicos, pero los que quedamos enseñamos a la gente a no usar químicos.

Eso sí, los agricultores jóvenes tenemos nuestro propio estilo de cosechar. Yo recojo las mazorcas al ritmo del reggaetón.

El año pasado cosechamos 7 000 quintales. En la Federación de Organizaciones Negra-Mestiza del Suroccidente de Esmeraldas somos 500 familias que nos unimos en el 2007. Tenemos 2 000 hectáreas. Vendemos nuestro cacao al francés Nicola Eberth. Él vende el chocolate a los restaurantes gourmet de París.

Reny Corella

‘El cacao sí puede sacar a la gente de la miseria’

Nosotros no cultivamos cacao por tradición sino por necesidad. Hace seis años, un estudio del Gobierno decía que Joya de los Sachas, que está cerca de la frontera norte, era una de las poblaciones más pobres del país. Cada familia tenía ingresos anuales de menos de USD 46.

Había el peligro de que por la pobreza mucha gente tuviera que dedicarse a sembrar cultivos ilícitos. Por eso la Usaid (un programa de EE.UU.) y otras organizaciones internacionales dieron dinero para formar nuestra Asociación de Productores de San Carlos.

Nos va bien. Somos 1 000 socios y tenemos 1 600 hectáreas, certificadas por las empresas BCS y Rainforest. Los compañeros reciben USD 100 por quintal.

El cacao se exporta a la empresa Kraft, de Alemania. Además, se entrega el producto a la Corporación de Chocolate Fino Nacional.

En Joya de los Sachas conocemos al cacao como el ‘Gran Árbol’.

Soy agricultor y enseño a los compañeros a mezclar aguardiente con jengibre para rociar el sembradío y protegerlo de las plagas. El ají también es muy bueno. En Joya de los Sachas falta que más agricultores se unan al grupo. Creemos que el cacao sí puede sacar de la miseria a las familias. Con lo que se gana en la cosecha, se pueden pagar los estudios de los hijos y cancelar las deudas.

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