12 de May de 2010 00:00

Tres dispensarios de la frontera se renovaron

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Redacción Ecuador

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Suspendió la cosecha de la naranjilla. Cambió sus botas de caucho por zapatos negros de suela y caminó por una hora. Manuel Benavides, de la comuna Untal, en Carchi, quería conocer a quienes arreglaron el centro médico donde se hace atender.

“Yo ayudé a levantar el dispensario. Trabajamos en mingas hace más de 20 años, por eso el edificio ya estaba deteriorado”, decía mientras esperaba en el ingreso al centro médico de El Chical.El Chical es una parroquia que está en la zona tropical, a cuatro horas en automóvil desde Tulcán, en la frontera con Colombia. Hasta este centro llegan las 800 personas que viven ahí y otras 4 500 que habitan en 16 comunas cercanas. Una de ellas es Untal.

Los vecinos conocen la importancia del centro médico. Para salir del lugar hay que esperar el único bus que llega una vez por día, sorteando el camino de tierra y lleno de baches. “Cuando no había médico, las personas se morían yendo a Tulcán”, contó María Chamba.

Por eso, los chicaleños organizaron el recibimiento de quienes les ayudaron. Eran las 10:00. A esa hora arribaron tres carros todoterreno. Ahí estaba el responsable de la obra. Era el teniente coronel Paúl Lemke, del Ejército de Estados Unidos.

“Buenos días con todos”, dijo. Eso le sorprendió a Benavides. “Habla español”, susurró.

En este centro se hacen atender 250 personas semanalmente. De ellas, el 30% es colombiano, señaló la enfermera María Cumbal.

“Vienen acá porque por Colombia no hay carretera. El Chical es el pueblo más cercano para ellos. Además, acá la atención es gratuita”, explicó Cumbal.

La gente de la zona, tanto de Colombia como de Ecuador, vive de la venta de la naranjilla. El saco está a USD 35, un buen precio.

Pero el trabajo es fuerte. Muchas veces laboran bajo la lluvia y, por eso, las enfermedades más recurrentes son los resfríos, además de las infecciones estomacales.

En el centro también se mejoraron las redes de agua potable, de alcantarillado, se remodeló el tumbado y se mejoró la iluminación, se pintó y se construyó una bodega. Benavides se enteró también que ayudaron al destacamento militar.

Esto animó a Benavides a pedir ayuda a Lemke, a quien le dijo: “Soy el presidente de Untal, queda a 4 km de aquí, pero como no hay camino nos demoramos una hora. “¿Nos podrá ayudar a abrir la vía?”. Lemke sonrío, anotó sus datos y dijo que tramitaría el pedido.

El militar dejó El Chical recordando el pedido del campesino.

Con ese pedido, Lemke llegó al centro de Tufiño, otra parroquia fronteriza, a 30 minutos. Junto a un parque y frente a una cascada está el renovado dispensario. El edificio lucía un nuevo piso, cielo raso y tenía serpentinas de colores. Así lo decoraron las mujeres para la entrega.

“Les agradecemos de todo corazón”, repetía Silvia Quishpe, presidenta de Tufiño. Allí se atiende a 100 personas por semana.

Siguiendo el deteriorado camino está El Carmelo. Ahí, el centro médico también fue remodelado. “Hicieron una casa para el médico, así ya podemos pedir residentes”, dijo Silvio Rayo, vicepresidente de la zona.

De esa manera, dicen, no tendrán que viajar dos horas para buscar atención.

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