17 de August de 2010 00:00

El sismo no altera la vida en Puyo

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Redacción Sierra Centro

Álex Cajeca todavía recuerda los sismos del pasado jueves y del fin de semana. Se frota las manos cuando habla del tema.

Dice que el temblor lo sintió a las 06:55 cuando salía de su pequeña casa en el barrio marginal El Dorado, al occidente del centro urbano de Puyo, en Pastaza.

“Mi madre acababa de darme la bendición. Nos abrazamos. Algunos vecinos salieron corriendo pero todo se volvió a calmar. Nos miramos en silencio. Luego me marché con esa sensación. Me subí en la buseta y dudo que alguien más percibiera algo”.

Según el Instituto Geofísico el sismo de las 06: 55 del jueves tuvo una magnitud de 7,2 en la escala de Richter a 238 kilómetros de profundidad en el cantón Arajuno. Los daños fueron mínimos.

En Puyo, los 35 000 habitantes de la urbe sienten los movimientos de la tierra, provocados por el paso de los camiones y busetas. “El suelo de Puyo es pantanoso. Cuando pasa un carro de gran tonelaje hace temblar el suelo y las construcciones. Por esta razón y los sismos hay más control a las construcciones en el último lustro”, dice Patricio García, director de Planificación del Municipio.

Puyo ha crecido en la última década. García dice que en 1960 esta ciudad se levantaba en 18 hectáreas. En el 2001 eran 1 193 hectáreas y hoy son 2 634.

“La tasa de crecimiento poblacional anual es de 4,7%. Pastaza es la provincia más grande y el 80% es selva. Este crecimiento se explica por el asfaltado de la vía Baños-Puyo de 60 kilómetros. Atrajo a cientos de migrantes. Los sismos nos preocupan mucho, no solo por la gente, también por la infraestructura”, señala García.

En la esquina de las céntricas calles 9 de Octubre y Atahualpa, Leonor Castro, una comerciante ambateña, observa los edificios de cinco y seis pisos que se erigieron en el último lustro. “Si ocurriera un sismo de la misma magnitud (7,2) pero de menos profundidad estaríamos perdidos. Aquí no hay zonas seguras para refugiarse. Los últimos temblores los sentí en un cuarto piso. Todavía sigo con miedo”.

A lo largo de las calles adoquinadas 9 de Octubre, Amazonas, 10 de Agosto, Jacinto Dávila, Atahualpa y otras, la edificaciones de hormigón armado se levantan a ambos costados.

Según Lorena Rojas, coordinadora provincial de la Dirección Nacional de Gestión de Riesgos, se pondrá en marcha un cronograma de capacitación. “Trabajaremos con instituciones públicas, privadas, centros educativos, comunidades y barrios. Estamos conscientes de que la profundidad de los sismos nos salvó de un desastre, pero no podemos correr siempre con la misma suerte”.

Álex Cajeca trabaja en el restaurante, de un hostal del cantón. A cinco días del sismo, el joven de 19 años se siente confiado. “Este cantón tiene 111 años. Espero que Dios nos permita más años de vida, ahora que tenemos buenas vías y la gente nos considera un buen destino turístico”, dice, mientras lleva cuatro jugos de babaco fresco a un a de las mesas.

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