23 de July de 2010 00:00

Seis ‘huecas’ con la sazón guayaquileña

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Juan C. Mestanza. Red. Guayaquil

‘Los guayaquileños somos buena cuchara’, dice una frase popular que se escucha en las calles del Puerto Principal. De allí la diversidad de sitios de comida típica para todos los gustos y de todo precio.

Es generalizado en toda la ciudad de Guayaquil que cada cuadra, en todos los barrios, haya al menos un restaurante. En las ciudadelas tanto del norte como el sur, es donde más predominan los negocios de comida, incluso uno al lado del otro.

Pero son determinadas ‘huecas’ que, por su sabor, sazón y preparación, hacen de la venta de comidas típicas sitios referentes, a distintas horas.

No solo es durante el día. Hoy es común el éxito de muchos locales que atienden desde la noche hasta la madrugada con una actividad muy fuerte.

Ángel Aguirre es taxista. Su rutina de trabajo (hasta las 01:00) la combina con descanso en la Pancita Feliz. Este local del sur hizo popular el encebollado nocturno en Guayaquil. Allí, tiene opción a otros platos como los secos de pollo, chancho y chivo; guatita y el arroz con menestra.

Al otro extremo de la ciudad, en La Alborada, Álex y Leticia, una pareja de novios, se deleitan con una bandeja de costillas en salsa BBQ acompañada de choclo cocinado.

El pescado es un ingrediente infaltable en la gastronomía porteña. De allí que la picantería Olguita, por el ex Mercado del Sur, mantiene la misma fama que adquirió hace 44 años por su pescado frito que se hizo popular primero entre los bohemios.

Y en el centro, en plena Zona Rosa, es un pecado no detenerse a deleitarse con un sánduche de ‘chancho light’ de El Primo.

A ellos se suman la Salchicha de Doña Patty y el arroz con menestra, puré y pollo frito de Clarita, en el sur. “Por toda la ciudad hay buena comida, pero esta salchicha es la mejor”, dice Luis Intriago. La gama que ofrece la gastronomía porteña es amplia. Les contamos las historias de seis ‘huecas’ populares.

Los encebollados nocturnos

Si bien la picantería Pancita Feliz abre sus puertas las 24 horas, es en la noche cuando comienza su mayor actividad.

Desde hace una década, el sitio, en las calles Los Ríos y 4 de Noviembre, sur de Guayaquil, tiene una particularidad. Ofrece los típicos encebollados en horario nocturno. Y fue el referente para que otros tres sitios hicieran una oferta similar.

Gladis Macías, su propietaria, recuerda que un cliente le preguntó un día: ¿por qué no vende encebollado en la noche?

“Decidí probar y fue una locura. Desde ahí ofrezco el plato que se consume mucho en la madrugada.

Aunque menos noctámbulos vienen ahora por la restricción de la venta de licor”, dice Gladis, mientras sirve un humeante plato.

El puré con menestra de Clarita

Los noctámbulos de Guayaquil desde mediados de los años setenta tenían una hueca fija, en esas noches de bohemia, cuando se trataba de picar comida y hacer un alto a la farra.

En el Mercado de José Mascote, en la calle del mismo nombre y Alcedo, Clara Ruiz hizo famoso un plato: el arroz con menestra, puré y pollo frito. Este plato de la gastronomía guayaquileña nació en uno de esos antojos de algún cliente que pidió que le pusieran, adicionalmente, un poco de puré a la menestra.

Hace 12 años la regeneración del mercado hizo que Clarita moviera su local a dos calles, en Los Ríos. Hasta allá la acompañaron su fama y sus clientes. David Romero, dependiente, dice que muchos turistas llegan a probar el famoso plato.

El ‘chancho light’ de El Primo

“Venga, coma con confianza. Es chancho light. Trota cuatro horas al día, lo metemos al sauna, lo masajeamos y lo alimentamos con yogur y pan de yuca”.

Con frases como esta, Álex Alvario Llorente recibe a sus clientes en la esquina de Mendiburo y Rocafuerte, centro de Guayaquil. Allí, desde hace 14 años, tiene los sánduches El Primo.

“Un día puse una pierna de chancho, varios panes y vendí todo. Desde entonces tengo este negocio. Han venido políticos, artistas, gente de la farándula, deportistas. (Rafael) Correa y (Jaime) Nebot mandan a comprar aquí”. Este guayaquileño, de 40 años y criado en Ventanas, vende 10 piernas al día en 9 horas. Son 800 sánduches. “Es el mejor de Guayaquil. Vengo desde Urdesa”, dice Efrén Castro.

La salchicha de doña Patty

Hace 12 años, durante su primer embarazo, Lourdes Bravo tuvo un antojo. Le apeteció comer un caldo de salchicha, plato que nunca había comido en su vida. Su esposo corrió al local de La Salchicha de Patty, entonces en Los Ríos y General Gómez.

Luego vinieron dos partos más con similar antojo y hoy la salchicha es su plato preferido. “Aquí es muy rica”, dice.

Patricia Segura, su propietaria, recuerda que puso el negocio hace 14 años. La preparación del caldo aprendió de su suegra, Gloria Cando.

Hace tres años se cambió a un local a la vuelta y la clientela sigue aumentando. Atiende los 365 días del año. “El mejor condimento es el cariño. Aquí vienen en moto desde la Perimetral a comprar en ollas”.

Las costillitas de La Alborada

Antes de la regeneración urbana de la avenida Rodolfo Baquerizo, en La Alborada, quienes por allí transitaban se veían atraídos por la presencia de una carreta de madera. Al acercarse se encontraban con una variedad de opciones de comidas.

Entre ellas estaba una bandeja de costillas en salsa con BBQ y choclo cocinado. “Es el plato que más nos piden hasta ahora”, dice Luis Román, propietario de Tacos Luiggi.

El negocio lo mantiene por dos décadas. Incluso lo ha llevado a Salinas durante la temporada. Por las ordenanzas, la carreta pasó a ser ahora un local en el Albocentro 1. Tiene una sucursal en el Garzocentro. Los tacos, choclos asados, chuzos y hamburguesas son parte del menú. La atención es nocturna.

El pescado frito de doña Olguita

Frente al antiguo Mercado del Sur, en Capitán Nájera y Eloy Alfaro, a una cuadra de la orilla del río Guayas, el pescado frito de doña Olguita Castillo (ya fallecida) alcanzó rápida fama entre los bohemios del Puerto.

44 años después y a una cuadra más adelante (Chile) esta picantería, aunque más amplia en sus espacios, sigue ofreciendo con el mismo sabor guayaquileño el pescado con salsa de cebolla y tomate, y con verde frito picado en cuadritos.

Desde hace siete años, Rosario Vaca, hija de Olguita, mantiene vigente el nombre y la sazón de su madre. Atienden de 18:00 a 05:00. “Vienen pobres, ricos, familias e incluso artistas y gente de la televisión”, dice.

Este lugar es parada obligada de muchos farreros de la urbe.

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