3 de December de 2013 00:02

Las parteras aún auxilian en el campo

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Alicia Bastidas no sabe cuántos niños ha ayudado a nacer en los 39 años que labora como partera en la ciudad de Tulcán, en Carchi.

Bastidas tiene 66 años, y empezó a trabajar desde que tenía 17 como ayudante en clínicas y hospitales. Ahí observó cómo los galenos atendían los partos.
Luego, ante la falta de médicos, comenta, se dedicó a revisar a las mujeres embarazadas y también a traer a los pequeños al mundo.

En la provincia fronteriza las mujeres acostumbraban dar a luz en sus casas, con la ayuda de parteras, rememora Patricia Rosero, vecina de Tulcán. La ama de casa, de 67 años de edad, asegura que sus cinco hijos nacieron con la ayuda de Bastidas. “Las comadronas guardaban los conocimientos transmitidos de generación en generación”.

Entre otras cosas, Bastidas explica que primero les revisa la presión arterial. También la posición del feto en el vientre de la madre.
Según el resultado, dice a las pacientes si pueden tener un parto natural. En ciertos casos les recomienda ir a donde un médico especialista, para que les ayude.

En Carchi, la Dirección de Salud realiza un censo para conocer cuántas parteras hay en la provincia. Según Rosa Mayte, coordinadora de Salud Intercultural de esa dependencia, hasta el momento se han contabilizado 70 personas que se dedican a esta actividad en Mira, Espejo, Bolívar y Montúfar.

El levantamiento de datos continuará en este mes en los cantones de Tulcán y Huaca. “La Constitución respalda a los ciudadanos que aún practican medicina ancestral”.

La Dirección de Salud busca visibilizar a estos portadores de los saberes sanitarios tradicionales, que aún son agentes primarios de salud, básicamente en la zona rural.

A Alicia Bastidas su oficio de partera le permitió conocer todos los rincones de la provincia. Recuerda que viajaba a caballo, en la noche o en el día, con lluvia o con sol, para atender a sus pacientes. Al inicio, por un parto cobraba unos 30 sucres y ahora USD 100.

En Imbabura también sobrevive esta práctica en el campo. José Farinango, encargado de la dirección del Jambi Huasi (Casa de Salud, en quichua), adscrito a la Federación de Indígenas y Campesinos de Imbabura, afirma que esta institución se abrió en 1984, para atender a los indígenas, por la discriminación que sufría en los hospitales públicos.

Recuerda que en el 2008 en el hospital San Luis de Otavalo, incluso se ofrecía el servicio de parto vertical. Eso les permitió ganar un premio de salud.
Farinango asegura que el Jambi Huasi capacita, al momento, a 40 parteras. “Les enseñamos sobre el cuidado y la alimentación de las parturientas, entre otros temas”.
En localidades como la parroquia Ilumán, en Otavalo, por ejemplo, colaboran con el subcentro de salud 14 parteras. Paola Lara, directora del dispensario, comenta que les capacitaron para que atiendan a las embarazadas en las comunidades y les direccionen a ese dispensario.

Esta iniciativa es parte del proyecto Ayúdanos a Encontrarlas, implementado en el 2009. Esta estrategia, dice, ha ayudado a incrementar el número de pacientes. “Mientras en el 2008 se atendía 40 consultas prenatales al mes, ahora son 140”.

Lara también señala que las personas que se dedican a la medicina ancestral sirven de puente entre los pacientes indígenas y las instituciones de salud pública.

Otra de las parteras conocidas es María Masmuta, de 68 años de edad, quien tiene alta demanda en las comunidades rurales del cantón Huaca, en Carchi. Ella heredó los conocimientos de su tía. Calcula que ha atendido más de 70 partos en casas particulares.

Para Emérita Fueltala, ayer fue un día agitado. Tiene 62 años y atiende los partos desde que tenía 18. A las 05:00 salió de su casa para asistir a una mujer en el sector Los Pastos, en las afueras de la ciudad de Tulcán.

Alicia Bastidas espera que el censo sirva para que se capacite a las parteras y no se pierda la práctica ancestral en el norte del país.

Punto de vista

Ramiro Almeida. Sociólogo

‘Las parteras son un legado’

Las parteras integran la identidad andina que se niega a morir en Carchi e Imbabura. Décadas atrás, eran las únicas que atendían a las poblaciones rurales. Pero con el paso del tiempo y el avance de la Medicina perdieron espacio. A estos personajes se les conocía como comadronas.  La mayoría de personas que se dedicaban a esta actividad conocían sobre los alumbramientos, porque sus madres les enseñaron y esto se replicaba. El Gobierno debe fortalecer la medicina ancestral, que es un legado. Así no se perdería esta tradición milenaria.

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