20 de January de 2014 00:02

La migración no mejoró la vida de los habitantes de Potrerillos

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La vegetación es abundante en Potrerillos, una zona indígena de Cañar. Por una angosta vía de tierra se accede al pueblo de viviendas dispersas y lleno de caminos fangosos.

Tiene 390 habitantes. Hace cinco años eran más de 600, dice el dirigente Moisés Guamán. "Todos emigraron a Estados Unidos". En esa lista están los hermanos Rafael, de 26 años, y Rita, de 23 (nombres protegidos). A ella se la acusa de supuestamente estrangular a su segundo hijo cuando nació, el pasado 12 de noviembre.

El recién nacido fue hallado en un contenedor de basura a pocos metros del departamento que ella rentaba en Spring Valley, en Nueva York. La Policía investigó el caso y mediante pruebas de ADN confirmó que Rita era su madre.

La noticia conmocionó a esa comunidad estadounidense y a los más de 2 600 cañarenses que viven en ese condado. La autopsia reveló que el niño nació vivo y que fue víctima de homicidio. Ella fue detenida el 10 de diciembre.

Según medios de prensa de EE.UU. como El Diario, Journal News y CBS Nueva York, la Policía de Spring Valley dijo que la cañarense confesó el asesinato.

La mujer emigró en el 2009 y luego como madre soltera tuvo una niña, que ahora tiene dos años y medio. Nadie de su familia sabía del segundo embarazo, hasta cuando la Policía investigó el hallazgo.

La madre de la acusada, María, cree que se pudo evitar la tragedia. Ella recuerda que cuando supo del primer embarazo le aconsejó: "No harás nada, cuídala. Esa criatura luego verá por vos...".

Rita proviene de una familia extremadamente pobre. Su hogar en Potrerillos tiene dos cuartos de adobe y una cubierta de paja. El poblado está a más de una hora del cantón Cañar y se ingresa por una carretera del vecino cantón Suscal.

Los habitantes casi solo hablan quichua y entienden con dificultad el español. Consumen agua entubada, el alumbrado es deficiente y hay una escuela. Quienes deciden seguir el colegio viajan a Suscal.

Antes de emigrar, Rita ayudaba en la siembra para el autoconsumo. Es la tercera de nueve hermanos, de los que seis sobrevivieron a la pobreza y los otros murieron por neumonía o desnutrición.

Por ello, Rita se empeñó en emigrar. A finales del 2008 fue detenida por la Policía de Migración de Estados Unidos y fue deportada. Cinco meses después repitió el viaje y llegó. Pagó USD 10 000 que consiguió en varios préstamos.

Con su hermano Rafael compartía el departamento junto a unos conocidos. "Eso es normal entre los compatriotas migrantes", señala José Cela, vecino de Potrerillos, quien regresó hace tres años de EE.UU.

Según él, en Sprint Valley, Massachusetts, Brockton y Milford están las colonias más grandes de cañarenses. "Al vivir cerca nos sentimos como en familia, como estar en nuestros pueblos, hablando nuestra lengua y apoyándonos", dice Cela.

Por lo general, las mujeres trabajan en la limpieza y los hombres en la construcción y envían dinero para sus familiares. Entre el 2001 y el 2010 salieron del país 13 453 cañarenses, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos.

Pero esos esfuerzos no se ven reflejados, porque la pobreza persiste en Potrerillos. Su padre cuenta que sus hijos enviaban dinero cada mes para la comida y el pago de las deudas del viaje. Rita aún debe USD 4 000.

Hace dos años, los hermanos enviaron dinero para levantar un cuarto de ladrillo donde funciona la cocina. Ese espacio está lleno de trastes viejos, una cocineta y una mesa.

De un improvisado cordel cuelgan pedazos de carne de un borrego que sacrificaron hace varios meses. También tienen papas, trigo, cebada y fideos. Son los únicos alimentos.

"Acá no hay trabajo y se siembra para comer", dice el vecino José Cela. En EE.UU. ganaba USD 170 al día y en Cañar, con algo de suerte consigue trabajo.

Según el padre, el 9 de diciembre fue la última vez que habló con Rita y la escuchó triste. Al día siguiente, Rafael les contó que fue arrestada.

Su padre recuerda que cuando ella tenía 12 años, un caballo le pateó el rostro, quedó inconsciente cuatro días y perdió su ojo derecho. La historia clínica que estaba en el hospital Vicente Corral (Cuenca) fue enviada para adjuntar al proceso para que se analice su salud. "Es lo único que podemos hacer". Le preocupan su nieta, quien está en manos del Gobierno de EE.UU., y cómo pagarán la deuda de su hija.

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  • Punto de Vista

'Estudiamos el uso de remesas'
Ramiro Carangui Cárdenas Analista y docente de Cañar

Las noticias de las tragedias de nuestros migrantes sirven para revelar cómo se vive en algunos pueblos del país. Con la Universidad Católica de Cuenca realizamos un estudio sobre la eficiencia del manejo de las remesas, porque no hay mejoras para las familias en las zonas rurales. La mayoría de emigrantes no llegó al colegio y menos a la universidad para que sepan cómo superarse. No hay inversión, solo consumo. La cercanía con Cuenca nos absorbió en todo sentido y los cañarenses se desplazan a esa ciudad para comprar muchas cosas. Decayó el crecimiento urbanístico en la provincia y muchos migrantes que invirtieron en propiedades ya están vendiendo y regresando el dinero a EE.UU. para comprar departamentos. El estudio medirá cuánto mismo ingresa y cuánto se invierte productivamente.

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