31 de December de 2010 00:00

La manipulación de petardos deja secuelas en la salud

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Redacción Guayaquil

El uso de un chispeador (lluvia de estrellas) hasta un tumbacasas puede dejar secuelas permanentes para quienes los usen en estas fiestas. Quemaduras, problemas de audición, respiratorios, intoxicación y hasta mutilaciones son algunas de las consecuencias.

Jaime Romero, miembro de la Fundación contra el Ruido, Ambiente-contaminantes y Tabaquismo (Funcorat), explica que las quemaduras son las más frecuentes y graves. Él trabaja en el hospital de niños Francisco de Ycaza Bustamente. A diario, y durante estas fechas, ingresan entre cuatro y cinco niños con lesiones por el uso de petardos.

“Los padres deben tomar precauciones. Un niño que tiene en su cuerpo de entre un 30% y 40% de quemaduras debe pasar por constantes cirugías de injertos de piel. Además, las cicatrices generan traumas psicológicos”.

Romero asegura que el tamaño del artefacto no minimiza su grado de destrucción. Un simple chispeador puede causar una quemadura de tercer grado y las camaretas son causantes de mutilaciones.

Armando Salcedo, presidente del Colegio de Médicos del Guayas, explica que hay otros riesgos para la salud. La contaminación por la emanación de gases tanto por los explosivos como por la quema de años viejos afecta al aparato respiratorio.

El médico sostiene que cientos de miles de toneladas de sustancias tóxicas se concentran en el ambiente. “Son altas cantidades de benceno, tolueno, óxidos de azufre, monóxido de carbono, plomo y otras sustancias cancerígenas que permanecen hasta un mes en el ambiente”.

La detonación de petardos puede ocasionar daños auditivos. Hay explosivos (como tumbacasas y camaretas) que llegan a producir hasta 160 decibeles. Lo normal para el oído es 60.

El doctor Francisco Plaza, presidente de Funcorat, agrega que el ruido ensordecedor puede ocasionar otros daños: ataques cardíacos, trastornos digestivos, efectos psicológicos, trastornos del sueño y de la conducta.

La fundación solicita a las autoridades de Policía y Cuerpo de Bomberos, que regulen el expendio de explosivos.

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