2 de April de 2014 00:03

La luz llegó a Chiriboga a través del panel solar

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Desde que era niña quiso tener luz en su casa. A sus 73 años, María Teresa Obando cuenta por primera vez con energía eléctrica. Este servicio le llega a través de tres paneles solares instalados por la Empresa Eléctrica Quito (EEQ) hace dos meses en su casa ubicada en Chiriboga, en la antigua vía a Santo Domingo de los Tsáchilas.

Es un pequeño poblado de la parroquia de Lloa, ubicado a 37,5 kilómetros de la ciudad. Los habitantes deben caminar por alrededor de dos horas para llegar desde los sectores de La Paz, Guajalito, Palmeras, Zapadores, Saloya y La Victoria al centro de Chiriboga, ubicado en plena carretera.

Milton Balseca, director de Proyectos de Energía Renovable y Eficiencia Energética de la EEQ, explica que esta iniciativa tiene el objetivo de dotar de energía a las poblaciones que nunca han tenido este servicio.

Lo hacen por medio de paneles solares situados en cada casa. "En Chiriboga era muy difícil colocar energía eléctrica por medio de cables ya que las viviendas son muy distantes y se encuentran en lugares de difícil acceso", dice Balseca.

Al inicio solo 20 personas optaron por este sistema, pero hasta marzo, la Eléctrica Quito entregó 200 sistemas fotovoltaicos a las familias de los alrededores de Chiriboga.

El programa Cero Viviendas sin Luz brindará el servicio en 2 000 viviendas de Puerto Quito, Cayambe, El Chaco, Mejía, Pedro Vicente Maldonado, Quijos, Rumiñahui, San Miguel de los Bancos y Quito.

Los usuarios pueden hacer un abono diario, mensual o anual, bajo la modalidad de prepago. Balseca dice que el valor que los usuarios pagarán, servirá para cubrir costos de equipos que se desgasten, como baterías. El costo (USD 8 por mes) es tentativo, ya que debe ser aprobado por el Consejo Nacional de Electricidad.

Mientras tanto, los técnicos recargaron el servicio por 90 días de forma gratuita. Después, los usuarios podrán pagar por el servicio en el infocentro de Chiriboga.

José Ricardo Velásquez caminó 5 kilómetros desde su casa, en Guajalito, hasta el infocentro para hacer su primera recarga. Este proceso se realiza por medio de una llave fotovoltaica, similar a una memoria portátil. Cada llave tiene los datos de los dueños de la casa, como su dirección exacta, ubicado a través de GPS.

El dispositivo tiene un código específico que funciona con un solo panel. Por eso no puede ser usado en otras casas. Así, "los técnicos pueden saber el uso que las personas le dan a los equipos y paneles. Incluso se puede detectar si hubo una manipulación del sistema o si quisieron conectar cargas eléctricas no permitidas, como una bomba de agua u ordeñadora eléctrica", indica Eduardo Betancourt, de la Eléctrica Quito.

Antes contar con los paneles solares, la gente del sector usaba a diario mecheros con diésel y velas, para alumbrar sus casas. Mirian Collaguazo y su familia viven desde hace 10 años en La Paz. Los niños deben caminar cerca de dos horas desde La Paz hacia su escuela, por lo que deben salir a las 05:00.

Mirian comenta que a esta hora era difícil preparar la comida, sin luz. Sus hijos volvían de clases a las 16:00 y les era muy difícil hacer los deberes. Debían aprovechar la luz de la tarde para cumplir con sus tareas o sino utilizaban velas durante la noche.

Ella cuenta que gastaban mucho en compra de velas y gasolina, porque solo una persona vendía estos productos en el sector. Cada caneca de diésel (cinco galones) les cuesta entre USD 10 y 15 mientras que cada vela tiene un precio de USD 1. Es decir, que al mes los habitantes de Chiriboga pagaban cerca de USD 30 por estos insumos.

Aníbal Quemag, morador de Guarumal, recuerda que el diésel era escaso en el poblado. Por ello, él y sus vecinos debían salir a Quito o Santo Domingo para comprar los galones de combustible y las velas, a menor costo. "El problema para salir a la ciudad es que no disponemos de transporte público constante. Por eso debemos esperar que alguna camioneta nos lleve", dice Quemag.

Mirian es la encargada de contactar a las personas que se inscriben en el proyecto Cero Viviendas sin Luz. Explica que en el contrato que firman los usuarios se establecen cláusulas en las que se indica cómo debe ser el uso de los paneles y cuáles son los artefactos que pueden conectar.

En contexto

200 sistemas fotovoltaicos fueron instalados en el poblado Chiriboga, de la parroquia rural de Lloa, en Quito, hasta marzo. Las familias de la zona cuentan por primera vez con servicio de energía eléctrica. El objetivo del proyecto es llegar a 2 000 casas en nueve lugares.

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