13 de August de 2013 00:02

Informales no abandonan el centro

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El comercio informal volvió a apoderarse del centro urbano de Ambato hace cuatro años. Esto, tras una década de relativo control a cargo del Municipio local.

El Departamento de Servicios Públicos Municipales le seguía la pista. Hace un mes se encendió la primera alerta y se aseguró que más de 1 000 comerciantes, que provienen de Latacunga, Salcedo, Riobamba y diversos cantones de Tungurahua, deambulaban por los alrededores de las plazas Primero de Mayo y Urbina y de los mercados Central y Modelo.

Además, que se ubicaban en las calles Tomas Sevilla, Primera Imprenta, Darquea, Rocafuerte, Colón, Cuenca, Araujo, Juan Benigno Vela, 12 de Noviembre y otras. Esta situación, según las autoridades, llegó a niveles intolerables, por causa del caos vehicular, la insalubridad y el riesgo de accidentes para los transeúntes.

Según un estudio del Municipio, más de 40 000 vehículos por día circulan por esa zona de conflicto y la actividad informal obliga a los peatones a caminar por mitad de las calles. Por eso, la semana pasada, Vicente Pérez, director de Servicios Públicos, informó que ayer se pondría en marcha un plan de control que pretende a largo plazo reubicar a los comerciantes y despejar esa zona céntrica que se caracteriza por sus construcciones antiguas con más de 80 años.

Para los analistas, el comercio informal regresó porque esta ciudad es muy comercial y la gente compra los productos de calles con la idea de que son más baratos (ver punto de vista).

Los informales fueron notificados hace 15 días. Esto motivó reuniones y marchas hacia el Municipio. Ellos solicitaron que se les permitiera laborar en una feria libre. Sin embargo, el alcalde Fernando Callejas anunció que se analizará la reubicación de todos en una de las 10 plazas y mercados con los que cuenta Ambato.

Pérez, incluso, informó que contaba con 450 puestos en Cashapamba, el mercado América y la plaza Colón que fue derrocada y allí se construye un nuevo mercado de cuatro pisos.

Ayer, la acción de control empezó a las 07:30, en los alrededores de la plaza Primero de Mayo. 25 policías municipales en ocho camionetas intentaron desalojar a más de 1 200 informales.

No lo lograron. Las ventas de productos agrícolas, granos, carnes y más continuaron en presencia de los uniformados. Hubo forcejeos y el ambiente fue tenso hasta las 10:00. Los vendedores gritaban sus consignas: ¡Déjennos trabajar en una feria libre!, ¡no somos delincuentes para que nos traten así¡, ¡con la comercialización damos de comer a nuestros hijos! Las mujeres, con niños en las espaldas, lanzaban tomates de árbol, cáscaras de habas y hierbas a los uniformados.

María Belén Yugcha, presidenta de la Preasociación de Comerciantes Informales, se puso al frente. Con un megáfono pidió a las socias que no se retiraran. "Demostremos nuestra cultura, evitemos las agresiones".

Sobre el mismo tema, la dirigente María Bautista pidió al Cabildo que les permitiera organizar una feria libre en ese mismo lugar solo los lunes. "Como muchos, yo tengo hijos y dependemos de estas ventas para sobrevivir".

A las 08:15, arribaron los miembros del Grupo de Operaciones Especiales y la patrulla motorizada. Sin embargo, nada pudieron hacer. Solo veían lo que acontecía. Tania Martínez, teniente de Policía, explicó que tenían órdenes de velar por la seguridad y el orden.

Otras 300 personas, entre funcionarios y uniformados, continuaron ayer con el operativo de control. No obstante, reconocieron que este trabajo tomará tiempo.

"No permitiremos que los productos se comercialicen en forma insalubre. Están cerca de los basureros y no hay el control sanitario, especialmente de la carne y las legumbres que se venden sin refrigeración. La Constitución garantiza el trabajo, pero siempre que se respete la ciudad ", aseguró Pérez.

Para el comisario de la vía pública, Carlos Guamán, se necesitarán por lo menos dos meses más de seguimiento y de control para dejar la zona libre del comercio informal.

Entre tanto, los vecinos del sector como Rubén Pazmiño, residente del barrio La Medalla Milagrosa, opinó que los informales deben ser reubicados "porque los informales convirtieron los alrededores en una zona insalubre, pues no hay baños higiénicos. Este problema se mantiene intermitente por más de 50 años".

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El comercio informal

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), de los 504 583 habitantes de Tungurahua, 244 893 son parte de la población económicamente activa. Y de ellos, el 32,4% se dedica a las actividades informales.

En la plaza Primero de Mayo laboran 386 comerciantes. Están catastrados en el Municipio de Ambato. Isabel Mena, presidente de los mercaderes, explicó que el comercio informal les afecta porque las calles quedan sucias y con mal olor. Eso impide vender los alimentos preparados.

Punto de vista

John Tello. Analista

'Reubicación de informales debe hacerse'

El comercio informal tiene sus pros y sus contras. La mayoría de los ambulantes son personas que al no encontrar otro medio de sustento económico se ven obligadas a vender productos agrícolas utilizando las calles centrales de Ambato. Pese a que no está permitido, ellos generan una dinámica económica para el cantón.

Sin embargo, hay aspectos negativos, porque ensucian las calles al no disponer de los servicios básicos. Eso provoca insalubridad y congestión vehicular, afectando la imagen de la urbe. Asimismo, no pagan impuestos y se deja a los transeúntes indefensos, puesto que deben utilizar las calzadas.

Los consumidores tenemos algo de culpa por comprar las legumbres y hortalizas en las calles cuando hay plazas y mercados dispuestos para este objetivo. El Municipio debe buscar la forma de reubicarlos en sitios que cuenten con baterías higiénicas, agua potable, telefonía y donde funcionen oficinas de la Empresa Eléctrica, Emapa, rentas y más para atraer a los compradores.

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