16 de June de 2013 16:04

El estrés y los prejuicios se liberan con el ‘pole dance’ en Santo Domingo

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¿Dónde  van a colocar las jabas de cerveza si no hay mesas?  ¡Y las sillas! ¿Desde dónde vamos a ver el ‘show’ de las chicas ?  

Los curiosos no dejaron de preguntar al darse cuenta que se instalaban, en el pequeño local, luces de colores, espejos del tamaño de las paredes y sobre todo tubos de baile entre el techo y el piso.

Tanlly Vera y Belén García, las administradoras del lugar, contestaron a todos los hombres mirándoles a los ojos; sin prisa, sonriendo, que “no es un ‘night club’. Esto es una escuela de ‘pole dance’ (la primera en Santo Domingo)”.  

Todavía no se compara con las de Quito o Guayaquil, que son las de mayor trayectoria. La tsáchila lleva apenas cuatro meses, pero ya tiene 45 seguidoras.

Cada clase dura 60 minutos  y comienza con un calentamiento que pone a prueba la resistencia de brazos y piernas. Karol Benalcázar, de 14 años, lo sabe. “Luego de la primera clase, no pude ni caminar. Me dolía hasta el último músculo al día siguiente. Es un ejercicio muy exigente y duro”.

Pero poco a poco ha ganado flexibilidad y el dolor se ha ido. Se enteró de las clases, igual que la mayoría de estudiantes, a través de un ‘pin’ (mensaje) en su teléfono celular.

En Internet vio los videos de los torneos mundiales que se hacen y los concursos de ‘pole’. También los ‘reality’ de baile, especialmente argentinos. “Me dije: tengo que inscribirme de inmediato”.

En un principio la idea no convenció a sus padres. Ellos no estaban seguros de lo que aprenderían y más aún,  para qué le serviría el baile a la adolescente.

Por eso incluso la acompañaron en las primeras clases. Pero ahí, cuenta Vera, entendieron que el baile no tenía nada que ver con lo pecaminoso. Tampoco que se trataba de una coreografía atrevida acompañada de reggaetón o baladas en inglés de 1990.

En realidad es una disciplina artístico-deportiva, que fusiona la danza, la acrobacia y lo ‘fitness’. Por eso incluso la madre de Karol también se inscribió luego de las primeras clases.

“No hay edad ni condición física para esta disciplina. Todas pueden practicarla”. La maestra Angélica Rivera, de 20 años, lo garantiza. Ella llega cada día de El Carmen  (Manabí) para dictar clase. “Lo que se necesita es ganas y predisposición. Yo no hacía nada de ejercicio antes de aprender y ahora disfruto mucho lo que hago”.

Su figura, pincelada a las medidas justas, habla por sí sola de los beneficios de la disciplina. Rivera asegura que “el ‘pole’ hace que las mujeres se vean más femeninas, porque  tonifican cada centímetro del cuerpo y se remarcan las líneas”.

Para lograr un giro en el tubo  se necesita de fuerza en talones, pies, brazos, abdomen, piernas.  En cada sesión -sostiene la maestra- se puede quemar hasta 600 calorías y es ideal para recuperar la figura luego de un embarazo.

Ella se acerca al tubo para mostrar uno de los giros más comunes.  Se para en puntas como si se tratara de una bailarina de ballet, extiende la pierna y se lanza sin miedo utilizando su brazo como eje. Rodea  el tubo con rapidez.

En medio del giro cruza las piernas, como si estuviera sentada en el aire. Sonríe. “Este giro se llama secretaria”, dice mientras toca suavemente el piso con sus talones.

También están los trucos diamante, el ángel y el  bombero, que apenas está dominando Jessica Chicaiza, de 19 años. Lo más difícil -confiesa- no es saber las técnicas sino vencer los prejuicios y estereotipos que aún hay entre amigos y familiares en torno al ‘pole dance’.

Cuando le contó a su primo que tomaría las clases, su respuesta sorprendió por desatinada. ¿Para qué te va a servir eso?, le dijo. “Yo pensé que eras otro tipo de persona”.

Ella consideró que influyó el desconocimiento y que necesitaba tiempo para entender. Por eso tampoco se arriesgó a contarles a sus padres. “Mi familia es conservadora. Las clases las tomo a escondidas por las tardes. No saben... ¡Mejor dicho no sabían hasta hoy!”.


Contactos

La escuela de ‘pole’ está ubicada en el sector La Mutualista, frente a Autolandia. Hay clases en horario vespertino y matutino.

El costo mensual de las clases  es de USD 45 por persona. Aunque hay ofertas para quienes se inscriben en parejas.

Para ser alumna se necesita cumplir reglas como puntualidad, disciplina, no hacer trucos sin supervisión, usar colchoneta...

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