28 de December de 2010 00:00

Los emigrantes aprovechan su retorno para visitar las iglesias

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Redacción Cuenca

Las llaves que vierten agua bendita en la capilla de San Francisco, al este de Azogues, siempre suelen estar abiertas. Para los familiares y los emigrantes es un ritual persignarse con el líquido antes de iniciar sus oraciones a la Virgen de la Nube.

En diciembre, ellos llenan este templo para agradecer y pedir favores a la Virgen. Eulalia Amendaño llegó hace una semana de Nueva Yersey con su esposo Anthony González y su hijo John.

Se arrodillaron frente al altar. Mientras, pasaban velas por sus cuerpos y agradecían por estar juntos y por su salud. Ella cerraba sus ojos y decía: “la Virgen es milagrosa”. Hace un año su padre José le regaló un manto blanco que costó USD 3 700. Fue en agradecimiento porque tiene trabajo en Estados Unidos.

En Nueva York, Amendaño participa en la procesión y celebración eucarística en honor a la Virgen de la Nube. Este año se efectuó el 19 de este mes.

La azogueña Martha Luzuriaga elabora los vestidos y mantos de la imagen desde hace más de 40 años. “Me (los emigrantes) llaman por teléfono y me piden que confeccione los vestidos”.

Ella filma el proceso de confección y bordado de las iniciales del devoto en el vestido como constancia de su trabajo y les envía. Cada prenda cuesta de USD 3 000 a 4 000. Hace un vestido en mayo y otro en diciembre.

Los familiares de los emigrantes también acuden a ese templo. Laura Macancela vive en Bayas, al oriente de Azogues. Llega de forma periódica para pedir por sus hermanos Manuel, Julio y Ana, quienes viven desde hace 6 años en Estados Unidos.

El viernes pasado llegó por otro motivo. Ella agradecía porque su hijo Jorge Ll., de 16 años, llegó a Chicago. Él fue detenido en México y luego de encomendarse a la Virgen llegó a Estados Unidos.

Esta cañarense lleva sus manos a los bolsillos de su pollera roja para sacar una estampa de la Virgen y persignarse. Pide por la salud de familia. Sus hermanos enviarán USD 300 para la limosna.

Desde la década de los 80 los emigrantes se encomiendan a la Virgen para llegar a Estados Unidos. Según el sacerdote franciscano, Fausto Suárez, con el paso de los años la devoción aumentó.

Por ello, los emigrantes ayudan a conservar el templo, financiaron parte la construcción de la escultura de la Virgen en el cerro Abuga y realizan obras sociales.

Por la devoción a la Virgen de la Nube desde hace 15 años se realiza una misa campal el primer sábado de cada mes por las personas ausentes. El azuayo Luis Eduardo Castillo participa en esta celebración y pide por el bienestar de sus primos en EE.UU.

En esas celebraciones se agradece por quienes legalizan su permanencia en el exterior. Gabriel Cárdenas emigró hace 20 años a EE.UU. y desde hace 5 años legalizó su situación.

Él en agradecimiento realizó hace una semana un pase del Niño en Azogues y ofreció una comida a los pobres. El viernes pasado, en Cuenca, Germán Collaguazo vestía una túnica café que representaba a un pastor.

Hace 15 días llegó desde EE.UU. para participar por tercer año consecutivo en el pase del Niño Viajero. Decoró un carro alegórico en el que invirtió USD 1 600. Collaguazo es oriundo de Biblián (Cañar) y participa en la celebración en agradecimiento porque legalizó su situación en Estados Unidos.

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