6 de June de 2010 00:00

Los devotos dejan ofrendas a la Virgen

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Redacción Sierra Centro

El 8 de diciembre de 1988, la familia Alpala Tarapués colgó una placa conmemorativa en el santuario de la Virgen del Rosario de Agua Santa en Baños. “Por habernos sacado de la pobreza. Gracias madre”. La placa es de mármol con filos y letras plateadas. Está en una de las paredes del Museo Fray Enrique Mideras de la Basílica de Baños.Al pie de la ofrenda reza que la familia llegó desde Nariño, del vecino país de Colombia, como señal de gratitud por los favores recibidos. Su placa está junto a otras cientos que reposan en el segundo piso y bodegas del santuario.Existen agradecimientos por enfermedades, accidentes de tránsito, graduaciones, etc. Por ejemplo, hay una de un policía que terminó el curso en el Grupo de Intervención y Rescate, la de un niño que se sobrevivió a un accidente, e incluso parejas que acuden para que bendigan a su matrimonio. Los fieles llegan desde Quito, Guaranda, Riobamba, Babahoyo, Mulalillo, Pelileo, Bahía de Caráquez, Guayaquil, Milagro, entre otras ciudades del país.Al ingresar a la primera sala invade un aroma humedecido de madera. Ahí se exhiben los ornamentos de los frailes Dominicanos que custodian el museo. Están en grandes vitrinas de cristal. Junto a ellas hay esculturas de San José, la Virgen, el Niño Jesús y de otros santos, que miden un poco más de un metro. En los pasillos hay vitrales con artesanías de Cotopaxi, Chimborazo, Galápagos, Esmeraldas, Tungurahua y Manabí.La siguiente sala tiene en sus paredes cabezas de animales disecados. Hay un toro, un venado, dos osos y varias pieles de serpientes de la Amazonía.También, se muestra una colección de cerámicas que datan de la época Preincaica. Los vestigios pertenecen a las culturas Valdivia, Guangala y Bahía de Caráquez.En otra sala están decenas de vestidos que ha usado Nuestra Señora del Rosario de Agua Santa; y una capa, cartera, zapatos, coronas y rosarios decorados con joyas. En la siguiente habitación se hallan ajuares de novias. “Estos vestidos son entregados en señal de buena suerte”, dice Darío Gamboa. Tiene 22 años y trabaja desde hace dos años en el museo. Rosa Guato llegó con su hija Mery Guano. Ellas pidieron prestado un vestido para que Mery haga la confirmación. “No tenemos para comprar uno nuevo. Aquí me pueden prestar uno con la bendición de la Virgen de Baños”, comenta sonriente Guano.Así como ella, Gamboa dice que cientos de chicas acuden entre semana a pedir los vestidos.En la sala también hay carros a escala con leyendas de agradecimiento a la virgen. Lo entregan después de que sus automotores son bendecidos.

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