13 de July de 2010 00:00

El desbordamiento de un canal dejó 7 casas afectadas en Atocha

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Redacción Sierra Centro

Con pala en mano, María Chahuaco retira el lodo y la tierra acumulados dentro de su vivienda.

El material fue arrastrado por el desbordamiento de un canal de riego, que atraviesa por la zona alta de la parroquia Atocha, ubicada en el norte de Ambato.La casa, de bloque con techo de zinc, es una de las siete edificaciones afectadas. La fuerza del agua ocasionó un hundimiento y se rompió la acequia Darquea.

El hecho ocurrió a las 18:30 del domingo. Esa noche, Chahuaco escuchó un estruendo en lo alto.

Ella vive en la curva empinada de la calle Nogales, en donde una empresa contratista del Gobierno Provincial de Tungurahua terminaba la instalación del alcantarillado. “Todos salimos a ver qué pasaba. Desde arriba nos llamaron a decir que bajaba la creciente”.

Tras el anuncio, colocaron obstáculos para que el lodo no afectara a las casas situadas en la parte baja de la curva. No pudieron hacer mucho. “La correntada partía la calle en dos”, señala la mujer.

Los cinco integrantes de la familia Chahuaco, mojados y manchados de lodo, se colocaron al otro lado de la calle y vieron cómo los árboles, las piedras y tubos caían sobre las viviendas.

La creciente avanzó por la calle Guaytambos, en el sector de Ficoa, en la zona de la Quinta-Museo de Juan León Mera.

Las siete viviendas afectadas están en la pendiente. Las tres primeras, cercanas a la de Chahuaco, quedaron destrozadas. El lodo cubrió los electrodomésticos, camas y demás objetos.

En una de las viviendas vivía la familia Gavilánez. Ellos fueron trasladados al Hospital Municipal de Ambato. Su casa también es de bloque con techo de zinc. Ahí no se salvó nada. La cocina quedó bajo el lodo.

La fuerza del agua arrastró la refrigeradora y la máquina de coser junto con la puerta.

Solo el retrato de una Virgen quedó a salvo en la pared de la sala. Los muebles se amontonaron en una esquina que no se destruyó. Los cuyes de los Gavilánez también se fueron con el lodo.

Cleia Galarza y su hija Tatiana Quinapanta fueron arrasadas por el alud. Ellas resultaron heridas. Los vecinos las llevaron al hospital, de donde salieron la mañana de ayer. Ellas viven en la parte más baja de la calle Nogales, junto a las seis casas afectadas.

Rodrigo Chango, tío de las heridas, cuenta que salieron muy tarde de su casa. “Corrieron por miedo a quedarse atrapadas y fue ahí cuando les alcanzó el lodo”.

Ayer, Galarza fue llevada de vuelta al hospital porque empeoró su estado de salud.

En la zona alta, en donde está la acequia Darquea, se formó un socavón o hueco que mide en algunas partes hasta 8 metros de diámetro.

El vecino Luis Bonilla no sabe cómo pasó. Cuenta que oyó que abrieron las válvulas del canal y la estructura de cemento no resistió. En la parte donde el canal atraviesa la calle Nogales se rompió la pared y toda el agua salió, colapsó la nueva tubería y se produjo un deslave. Hay casas que se quedaron al borde del hundimiento.

Luis Aldás, cuidador de la acequia, dice que teme lo que podría pasar si lloviera. Además, señala que cientos de regantes se quedaron sin agua para sus sembríos.

Por el canal Darquea pasa un promedio de 600 litros de agua por segundo.

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