15 de January de 2013 15:32

La demanda de libros usados está en auge en la capital azuaya

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Una mesa de madera grande y un mantel blanco hacen las veces de un estante en la vereda de la Universidad de Cuenca. Allí se exhiben decenas de libros de segunda mano.

Gustavo Fabara vende libros usados desde hace 22 años. Mientras los acomoda para que estén ordenados y de acuerdo con cada temática, cuenta que llegó a Cuenca para participar en una feria de artesanías, y trajo libros.

Hubo demanda, y “todo lo que traje lo vendí”. Eso le motivó a radicarse en la capital azuaya.

Con orgullo, este guayaquileño dice que su progenitor, Luis Fabara, fue quien lo involucró en este negocio. De lunes a viernes, desde la 08:00, acomoda su mesa de madera y los libros usados. Ofrece obras de historia, literatura, enciclopedias, diccionarios y más. Hay algunos que no parecen usados.

Fabara, quien no para de saludar con profesores y estudiantes, asegura que sus textos están en buen estado porque se los compra a familias que se cambian de casa y no tienen espacio para guardarlos.

También adquiere obras a profesores universitarios que se jubilan, y viaja a Loja y a Guayaquil donde igualmente tiene proveedores.

Los más demandados son los de matemáticas, antropología, historia, mecánica y sistemas. En una semana recauda unos USD 200.

Juan Bravo, de 22 años, se mostró atraído por el título del libro ‘Errores del Marketing’, porque en su carrera de administración de empresas tiene esa materia. Indica que en otras ocasiones ya ha comprado estos libros por su costo.

A pocas cuadras de la Universidad están las escalinatas de la calle Hermano Miguel. Allí hay varios artesanos y un vendedor de libros.

Luis Nieves ha dedicado 20 de sus 66 años a comercializar libros usados y objetos como lupas, juego de ajedrez y sucres antiguos en monedas. Este cuencano no sale todos los días a ofertar sus obras. Todo depende de si no tiene que ir a su otro trabajo, el de albañil.

En sus manos tiene el libro ‘Pan de la Palabra’, en el que viene el evangelio, lecturas, salmos y  recopilación de la La Luz del Domingo. También ofrece obras de la historia de los pueblos, como San Miguel de Porotos, Quingeo y Pucará.

Nieves no especifica cuánto gana por vender sus libros, revistas y folletos usados, pero considera que no es mucho. “No  dejo de ubicarme en estas escalinatas porque estoy convencido que a través de los libros se cuenta la historia de los pueblos, y contribuyo para que la gente conozca el patrimonio”.

A una cuadra de las escalinatas sobresale el letrero de la librería ‘Used Book’ (libros usados, en inglés). Al entrar se observa una serie de estantes abarrotados de obras literarias. Con unos papeles se identifica el idioma. Son libros escritos en español, inglés, francés y holandés.

Gina Tapia, quien labora tras un escritorio de madera, es la administradora de esta librería de obras usadas. Este negocio fue abierto en el 2002. Inicialmente se vendían discos de música y películas. Sin embargo, a los seis meses empezaron a ofrecerse textos.

Ella señala que fue una coincidencia “porque pudimos comprar a un extranjero su librería de obras usadas”. Tapia se sabe de memoria cada libro que existe, y cuáles son los más interesantes y demandados por sus clientes extranjeros y cuencanos.

Ella recomienda libros como ‘El Perfume’, ‘El beso de la mujer araña’, ‘Perla’, ‘La ciudad y los perros’, entre otros.  

Para Tapia, la presencia de extranjeros en la capital azuaya  ha permitido que la venta de libros usados crezca. “Ellos también intercambian sus obras, o venden”.

A tener en cuenta

Los libros usados se comercializan entre USD 3 y 30. El costo depende del tipo de obra, su estado y autor. El precio sube cuando se trata de colecciones.

Según un estudio del Instituto Nacional de Estadística y Censos desarrollado el año pasado, el 68% de los cuencanos lee libros y más publicaciones.

Gustavo Fabara, de la Universidad de Cuenca, dice que la Internet y los celulares redujeron el tiempo de lectura de libros.

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