5 de May de 2010 00:00

Los cantones Portoviejo, Rocafuerte y Sucre sufren la arremetida de dos ríos

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Redacción Manta

Los cultivos de ciclo corto ubicados en la zona baja del valle del río Portoviejo están destruidos. Ayer, por segunda ocasión en este mes, las crecientes de los ríos Chico y Portoviejo anegaron las zonas agrícolas de los cantones Rocafuerte y Sucre. Roque Rodríguez, junto con su primo Manuel y cinco amigos, luchaban contra la corriente del río Chico. “Alcancé a cosechar 300 cocos y los dejé en una zona alta de mi finca, en Tierras Amarillas. A las 07:00 de ayer, el río subió y arrastró los árboles”. En la zona de El Junco, 15 minutos al norte de Tierras Amarillas, maquinaria del Consejo Provincial de Manabí retiraba la palizada que taponó el paso del río por una alcantarilla. En El Junco, la creciente llegó a las zonas de balnearios de río y cubrió la infraestructura de caña guadúa. “Si no baja el nivel del agua hasta el viernes, nos quedamos sin trabajo. Eso, porque los sábados y domingos llega mucha gente de Manta y Portoviejo a comer los caldos y secos de gallina criolla”, comentó Nancy Napa, propietaria de un paradero.En el recinto Sosote, ubicado en medio del valle del río Portoviejo, personal de la Secretaría de Gestión de Riesgo del cantón Rocafuerte evacuó a una familia hacia la zona urbana. En esa comuna, la casa de Fabián Vélez se inundó y un grupo de adolescentes se bañaba en una improvisada piscina.En Correa Agua, zona rural del cantón Sucre, los arrozales de Milton Saldarriaga y otros 80 vecinos están destruidos. “No se pudo hacer nada, esto se repite todos los inviernos. La inundación llega sin aviso y arrasa todo lo que está a su paso”, señaló este agricultor de 76 años.En Portoviejo también hay pérdidas por la creciente del río, que llegó a la zona céntrica de la urbe. En la calle Chile, cerca al colegio Gonzalo Abad Grijalva, el agua ingresó por una parte del alcantarillado pluvial y sanitario. Así lo confirmó Fabiola Cedeño, vecina de ese sector de la ciudad. La creciente también formó pequeños lagos en el sector de la plazoleta 24 de Mayo. Allí, un grupo de jóvenes aprovechó el agua para lavar los vehículos, que estaban salpicados de lodo.Según Ricardo Cabrera, director de la Sala Situacional de la Gobernación, aún se buscan soluciones para el problema de los afectados por el invierno. Mientras tanto, en la parroquia Ayacucho, del cantón Santa Ana, la limpieza de las calles de la zona urbana se realizaron en la mañana de ayer. El mayor problema está en el cauce del río. Allí, la acumulación de lechuguines es una de las principales preocupaciones para los agricultores.Para Manuel Cevallos, los lechuguines que bajan desde la presa Poza Honda forman una suerte de muros que el agua no puede empujar. “Por eso, el líquido se desvía hacia las zona urbana”. Él y 20 compañeros tratan de evacuar los lechuguines.Lo hacen con la ayuda de cabos y varillas de 10 milímetros. Atan las cuerdas a las masas de lechuguines y luego las halan con dirección a la mitad del río. Rosendo Flores aseguró que esa actividad es necesaria, muy necesaria.

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