30 de January de 2014 00:02

En el campo, la moto sustituye a burros y caballos

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El uso de motos con tracción en las zonas rurales facilita el transporte de personas y de carga en caminos estrechos o lodosos. Su utilidad aumenta en invierno.

La construcción y ampliación de vías, la necesidad de ahorrar tiempo y la falta de transporte público convirtieron a las motos en un medio de transporte cada vez más utilizado en zonas rurales de Manabí, Tungurahua, Santo Domingo de los Tsáchilas y otras provincias del Ecuador.

Los pequeños agricultores de Santo Domingo usan muy poco camionetas o animales de carga para llevar sus productos a la urbe. Prefieren motos con cajones que instalan para la carga.

En la parroquia Valle Hermoso, en el kilómetro 23 de la vía a Quinindé, desde hace 10 años se intensificó el uso de este vehículo. Aureliano Macías, de 60 años, asegura que ocurrió por la construcción de vías en ese sector. "Cuando no había carreteras, los animalitos nos ayudaban a abrir camino. Pero el trabajo demoraba más. Ahora los utilizamos en las fincas y para salir, vamos en moto".

Hasta octubre del 2013, en la Agencia de Tránsito de Santo Domingo se registraron unas 8 000 motos. Desde ese mes, la Empresa Municipal de Transporte asumió la competencia y matrícula de 20 a 30 por día.

Según Estela Ibarra, moradora de la parroquia Valle Hermoso, las motos también transportan pasajeros. En el kilómetro 21 de la vía Santo Domingo-Quinindé, seis conductores ofrecen el servicio hasta el recinto La Asunción. Allí no hay transporte público.

Los moradores salían en caballo hasta la vía y dejaban a los animales amarrados por ahí. "Empezaron a robárselos. Era peligroso salir en caballo. Por eso optamos por las motos".

El viaje por los 6 kilómetros entre la vía y el recinto cuesta USD 1. David Aguilar tiene una Suzuki 150 negra. Desde hace seis años lleva a campesinos, estudiantes y profesores. Los viernes y los domingos hace hasta 40 carreras. "Son vehículos rápidos. Además, en la semana gasto solo USD 2,50 en gasolina y una moto se compra por menos de USD 1 000".

Segundo Morales utiliza moto desde hace 8 años para vender pescado en unos 10 recintos cercanos a La Concordia. Carga USD 1,50 de gasolina extra por día. "En la camioneta debo poner USD 10 y si se daña, el arreglo es más caro".

Para salir de Huambaló...
El ruido de las motos rompe el silencio matutino en Huambaló, del cantón Pelileo (Tungurahua). Los pequeños vehículos cruzan a cada instante con una o dos personas rumbo a sus sitios de trabajo agrícola, ganadero y a los 150 talleres artesanales de fabricación de muebles.

Luis Toainga, de 50 años, compró su moto hace 10 años en USD 300. La usa para ir a su terreno en El Cascajal. "La moto reemplaza a mi burrito. Antes demoraba 45 minutos, pero con esta ahorro tiempo y puedo llevar las herramientas". No usa casco. Solo un sombrero de paño raído. "No necesito de hierba, solo un galón de combustible semanal".

Desde el 2012, la Policía intensificó el control. Según la Jefatura Política, allí hay 2 500 motos. "Había 5 000, pero con la exigencia de licencia, matrícula y facturas, la mitad salió de circulación", cuenta Marcelo Ojeda, de la Tenencia Política.

El apogeo de este tipo de transporte se inició en el 2000 en este poblado de 13 000 personas. Cada familia llegó a contar con una a dos motos para reemplazar a caballos y burros.

Eso ocurre -explica Ojeda- porque movilizarse en ella es más económico y fácil. La moto también se convirtió en una alternativa cuando la ceniza del volcán Tungurahua, tras su reactivación en 1999, empezó a dañar los pastizales que alimentaban a los cuadrúpedos.

Robinson Rodríguez, de 19 años, conduce moto hace dos. Es su herramienta de trabajo como cuidador del ganado. Madruga a las 05:00 a alimentar a los animales. Baja a las 07:00 a su casa en Segovia y luego va a trabajar al taller de carpintería. "Se ahorra dinero y tiempo".

Chone está lleno de motos
Afuera del mercado San Cayetano de Chone (Manabí) hay un parqueadero para motos. Manuel Zambrano lo usa de martes a sábado. Él vende queso y mantequilla de su finca del sitio Mosquito a comerciantes de Portoviejo y Manta. "La moto es como mi brazo derecho. Cuando las lluvias convierten los caminos en masas de fango, solo las motos nos ayudan a salir de nuestros recintos".

Hasta se han convertido en remolques de caña guadúa y madera, según Jorge Mendoza, vecino de Coñaque. "Pueden llegar hasta donde antes no podíamos con los caballos. Pero debemos aprender mecánica de motos, porque a veces se nos apagan a medio camino".

El ir y venir de motos es constante por la vía principal de El Tigre, en la parroquia Chirijo, en Portoviejo. La carretera es buena, pero lo complicado es llegar a las tabladas (poblados) de los montes. Sebastián Rojas dice que el viaje a caballo es mortífero, pero en moto, los problemas bajan si el motor está en buenas condiciones.

El promotor cultural Carlos Quito visita la zona tres veces al año. "Desde hace 5 años me doy cuenta que en donde antes se amarraban caballos, ahora hay motos. 'Las bestias', como llaman los campesinos a los caballos, fueron reemplazadas por las yeguas de acero".

Juan Castro es mecánico. Vive en Manta, pero va de martes a jueves a la zona rural de Chone. "Soy como un médico que va al campo. Yo no atiendo a personas, mis pacientes son las motos. Llevo conmigo los repuestos. A veces la gente no tiene dinero y me paga con gallinas, plátanos o frutas, que vendo cuando vuelvo a Manta".

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