9 de August de 2010 00:00

‘El cambio no solo depende del entusiasmo’

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Es paradójico llegar a Salinas en busca de una población próspera y encontrarse con un paisaje de pobreza, desolación y retraso.Un ejemplo: Salinas, famosa por la producción y exportación de sus quesos mediante un sistema cooperativo que une a 10 000 habitantes de 30 comunidades, no tiene alcantarillado. Muchas de sus calles son de adoquín, piedra o tierra. Las casas se construyen sin ningún eje de planificación urbana y el desorden estético daña la imagen de la parroquia.Sin embargo, el proyecto comunitario ha logrado decenas de reconocimientos, entre ellos, en el 2004, el de la prestigiosa organización británica Worldaware Business Awards.La idea nació en 1970 de manos de los misioneros salesianos llegados de Italia.En la primera etapa se inició la comercialización del queso El Salinerito, elaborado por las comunidades integradas al Programa de Queserías Rurales. En 1990 se consolidaron otras microempresas: embutidos, textiles, artesanías, mermeladas, balones y chocolates que hoy forman Grupo El Salinerito.El Centro de Exportaciones envía mermeladas, hongos, pasta de cacao y otros productos a Europa y Asia.Los negocios se realizan en una cadena de comercio justo, que permite a los países en vías de desarrollo comercializar sus productos. Las últimas cifras del movimiento económico y turístico indican que en el 2008 las 50 microempresas de El Salinerito facturaron USD 3,7 millones. El negocio de las queseras facturó USD 724 823 y el Hotel El Refugio, desde donde se puede observar el paisaje de Salinas y tomar un chocolate caliente con queso, facturó USD 66 000. ¿No es una contradicción hablar de esas cifras millonarias y caminar por las calles de Salinas mirando las evidencias de la pobreza y el atraso? El padre Antonio Polo es el párraco de Salinas y uno de los gestores del proyecto económico.Nacido en Venecia hace 71 años, admite que el proceso todavía no se consolida porque falta mucho por hacer en lo social, cultural y humano.“Esto debe mejorar -reflexiona Polo-. Es una lucha constante que implica no solo poner entusiasmo, sino diseñar estrategias que vayan desde la gente común hasta las autoridades locales”.¿Hay una atención excesiva al proyecto económico y una postergación del tema social?No, dice el sacerdote. Pero es bueno que recordemos que no solo somos productores, sino seres humanos que merecemos una vida más digna. RDB

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