Ecuador, zona de tránsito para los haitianos

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Sara Ortiz. Redactora

Por las calles polvorientas de San Enrique de Velasco transitan decenas de haitianos. Es un barrio asentado en una montaña del noroccidente de Quito.

Entre las 4 000 personas que allí residen, al menos 110 son del país caribeño. Desde el 2010, ese es un punto de llegada para los ciudadanos más pobres del continente. Pero solo es un lugar de paso para ellos: Brasil es el sueño americano.

Tres de cada 10 haitianos que en el 2013 buscaron asistencia en el Servicio Jesuita para Refugiados y Migrantes (SJRM) se quedaron en el país. El resto permaneció de uno a tres meses. En Ecuador, estos migrantes caribeños trabajan como peones en la construcción, guardias de seguridad, meseros o cuidando carros. Gastan lo menos posible hasta alcanzar su meta: el suelo brasileño.

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En San Enrique de Velasco, el alquiler de un cuarto con baño va desde USD 50 hasta USD 100 al mes por un departamento (cuatro, cocina y baño). En ese barrio, donde no hay centro de salud ni Policía Comunitaria, los extranjeros viven en grupos o familias. Emmanuel Pierre reside junto con su esposa Eline, sus dos hijos y un amigo que está haciendo los papeles para recorrer durante cinco días en bus los 7 505 kilómetros hasta Río de Janeiro.

En mayo del 2013, el Gobierno brasileño de Dilma Rousseff autorizó una visa especial permanente para haitianos. A partir de allí se inició un éxodo masivo desde Haití hasta esa nación, explica Jorge Peraza, oficial regional de desarrollo de proyectos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) para Sudamérica a través de un correo electrónico desde Perú. "Estamos viendo nuevos destinos, como Brasil, pero también Argentina y Chile. Algunos migrantes deciden instalarse, aunque temporalmente, en los países de tránsito, como Ecuador".


Es viernes 09:30. Las calles asfaltadas de San Enrique de Velasco parecen derretirse por el calor. Las de tierra dejan una estela de polvo tras el paso de los vehículos. En el patio de una casa, una mujer haitiana aprovecha el agua que entibió con el sol para bañar a sus hijos de 3 y 5 años. Todos hablan creolle, una mezcla de francés con dialectos africanos. A pesar de que Pierre se ofrece como traductor, la mujer no tiene interés de entablar una conversación. Dice algo que solo Pierre entiende. Mueve la cabeza. Mira al fotógrafo; significa un no. Minutos después, desde el departamento de Pierre se escucha que un niño llora cuando le cae el primer cubetazo.

En el baño de Pierre no hay lavamanos. En su lugar tiene dos tinas con agua tibia. Tampoco dispone de una ducha eléctrica. El extranjero, de 28 años, vive en el país desde el 2010, pero aún no se acostumbra al frío de la capital. Cada mañana calienta agua para bañarse.

El presupuesto de Lafortune, otro extranjero de 25 años, no incluye baños con agua caliente. Los USD 600 que tiene son para sobrevivir un mes en Ecuador, llamar a sus familiares, pagar una hora de Internet a la semana y viajar a Brasil.

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Sus palabras casi no se entienden. Pierre hace de traductor. Llegó hace un mes con una maleta, dos pares de zapatos de tela y camisetas. Estará en Quito hasta conseguir visa.

Datos del SJRM señalan que en Quito, el 70% de los haitianos son hombres entre 20 y 30 años, y tienen al menos un pariente que depende de ellos en su país. Aun sin empleo, envían entre USD 50 y 70 a su familia.

En el 2012, Acnur, la Agencia de la ONU para los refugiados, contabilizó 27 haitianos con estatus de refugiado en Ecuador. Ese mismo año ingresaron 3 029 ciudadanos del país caribeño. De ellos, 2 092 no registraron su salida, según el INEC.

El último estudio de la OIM, presentado en septiembre pasado, confirma la existencia de redes de tráfico de migrantes que reciben a los haitianos que llegan a Quito. "Estas (las mafias) se ocupan de proporcionarles alimentos básicos, refugio, documentos de viaje falsos y servicios de transporte".


Un isleño asegura que más de la mitad de sus compatriotas paga hasta USD 4 500 a los traficantes. La OIM señala que "son los haitianos más pobres los que emplean esta ruta".

El sueño de Lafortune es estudiar en la universidad, quiere ser contador. Su plan cuando llegue a Río de Janeiro es trabajar como albañil o en restaurantes, ahorrar y sacar a sus dos hermanos de la isla caribeña.

Hace cuatro años, tras el terremoto que devastó el 70% de Haití, empezaron a llegar los primeros migrantes a San Enrique de Velasco.

Segundo Molina, dirigente barrial, recuerda que entonces la iglesia Jesuita les daba clases de español. Los jóvenes formaron un equipo de fútbol y participaron en la liga barrial. De la gente de ese entonces no hay nadie. "Están unos meses, luego se van y vienen otros".

Pierre no quiere irse de Quito. Sus hijos son ecuatorianos por ellos logró conseguir una visa de amparo.

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Tras su arribo se empleó como supervisor de seguridad privada, pero luego de dos años fue despedido porque no tenía papeles. Con el dinero de la liquidación alquiló un local diagonal a la iglesia de la Basílica, en el Centro Histórico de Quito. Hoy inaugura su propio restaurante.

¿Sus compatriotas han puesto negocios en la capital? "No, creo que soy el primero", dice Pierre mientras limpia el polvo de las mesas metálicas de su local. Cuando el negocio rinda los primeros ingresos, él piensa conocer las playas ecuatorianas con sus hijos.


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