10 de septiembre de 2014 21:33

El acoso psicológico de la pareja es lo que más denuncia la mujer

En las casas de acogida de Cuenca, las afectadas reciben terapias psicológicas. Foto: Xavier Caivinagua / EL COMERCIO.

En las casas de acogida de Cuenca, las afectadas reciben terapias psicológicas. Foto: Xavier Caivinagua / EL COMERCIO.

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Lineida Castillo. Redactora

Se conocieron cuando ambos tenían 14 años y se enamoraron. Tras un año, Sonia se unió porque estaba embarazada, pero dice que le pegaba desde cuando eran novios.

Ella creyó que al estar juntos cambiaría, pero la violencia aumentó incluso cuando estuvo embarazada y luego en presencia de sus cuatro hijos. Vivió la violencia más extrema hace dos meses cuando su exesposo intentó dinamitar su casa, con ella y sus tres hijos adentro. Borracho, encolerizado y con burlas encendía los palillos de fósforos. Ese día abandonó la casa con sus cuatro hijos.

Mientras relata estos episodios llora y no consigue esconder sus miedos. Para la psicóloga Margarita Patiño, de la Corporación Mujer a Mujer, casos como estos pueden tardar más de 10 años en superarlo completamente. Pero todo dependerá del estado emocional de la persona, su conducta, la historia personal, capacidad de superación…

Una encuesta realizada hace dos años por el INEC, a 18 000 viviendas de las 24 provincias del país reveló que en el Ecuador seis de cada 10 mujeres han vivido algún tipo de violencia de género. Morona ocupa el primer lugar y Azuay el quinto. Esta última está por debajo de Pichincha.

La encuesta también reveló que el maltrato psicológico se inicia en el noviazgo. Patiño precisó que esta es una violencia encubierta. Se manifiesta desde que el joven le impide a su pareja que vaya a la fiesta porque tiene celos, que no tenga amigos… explicó la exconcejala de Cuenca y coordinadora del MIES Austro, Juanita Bersosa.

Ese amor idílico –dice Bersosa- con el tiempo se puede transformar en extrema violencia, odio, venganza, sentido de propiedad del hombre sobre la mujer… y desencadenar en un feminicidio. Sonia cree que eso vivió con su pareja desde que se enamoró.

Por eso, Esteban Flores, presidente del Consejo de la Judicatura de Azuay, recomienda que la persona agredida presente la denuncia en el primer maltrato.

Él recordó que el nuevo Código Penal protege a todas las personas que sufren desde la violencia psicológica hasta la física. Esta normativa ubica a este tipo de agresiones (sin lesión física) como contravención y establece prisión de siete a 30 días para el agresor e indemnización económica para la víctima. Cuando se trata de mujeres embarazadas y adultos mayores, la pena sube a 40 días de cárcel.

En cambio, el feminicidio es el crimen contra una mujer por el hecho de serlo o por su género; y es penalizado con prisión de entre 22 a 26 años. En el Código Penal anterior, este delito no se incluía como tal, pero constaba el de asesinato y establecía penas de 12 a 16 años.

Entre julio del 2013 y julio pasado, la Unidad Especializada contra la Violencia a la Mujer y la Familia de Azuay registró 3 574 denuncias en Cuenca. En el primer lugar se ubica la violencia psicológica. Las denunciantes son mujeres y los agresores sus parejas. Según Flores, esa cifra se ha triplicado con relación a años anteriores.

Pero aclaró que no es que los hombres se han vuelto más violentos, sino que la mujer ha despertado de los maltratos y sabe que puede denunciar al agresor.

Pero admitió que aún hay mucho temor en las mujeres agredidas. Por ejemplo, Sonia jamás denunció a su exesposo y no tiene la intención de hacerlo. Tampoco Gloria (48 años), pese a que su pareja intentó matarla con una motosierra. Ni Carmen (31), quien escapó de un encierro donde fue golpeada y violada.
Ellas apenas tuvieron valor para dejar sus hogares. Para Marlene Villavicencio, coordinadora de la Fundación María Amor, toda mujer que abandona su casa siente que su vida está en peligro. Hace dos años su Fundación acogió a una joven de 24 años, con su hijo de un año, víctimas de maltrato extremo del esposo. A los tres días, la madre dejó el albergue para vivir con un familiar.

Nunca más regresó ni a las terapias. Al año, la joven fue asesinada (con arma blanca) por su pareja en Paute. Sucedió dos días después de dar a luz.

Las mujeres admiten que salieron de sus hogares, para salvar su vida y la de sus hijos; y empezar una nueva vida. Ahora otras viven temporalmente en un albergue.

Sonia y sus hijos reciben terapia psicológica, alimentación, orientación… La sicóloga Margarita Patiño alerta que el trabajo es largo porque llegan en la fase de explosión de la violencia; con ansiedad, baja autoestima, depresión…

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