23 de septiembre de 2014 21:24

Las cinco quejas al servicio de transporte

Los usuarios del transporte urbano de Guayaquil cuestionan el maltrato en los buses. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO.

Los usuarios del transporte urbano de Guayaquil cuestionan el maltrato en los buses. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO.

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Redacciones Cuenca, Sierra Centro, Guayaquil y Ecuador

La calidad del servicio del transporte público es uno de los temas pendientes, además de la revisión de las tarifas de bus.
Mientras los transportistas argumentan no contar con fondos para mejorar su servicio, los pasajeros -principalmente estudiantes- rechazan el posible incremento de pasajes.

Los usuarios se quejan del exceso de pasajeros en los buses, la falta de unidades, el maltrato, el largo viaje y la vetustez de los buses. Mario Villagómez, director del Observatorio de Movilidad de Quito, el servicio debe ser cómodo, seguro, accesible, cumplir con las rutas y frecuencias y acortar el tiempo de viaje entre destino y origen. “Mientras más tiempo paso en una unidad, menos productivo soy. En un bus no puedo estudiar, trabajar ni hacer comercio”.

Roberto Custode, consultor en transporte, dice que un bus de transporte interprovincial o urbano debe tener características mínimas de seguridad, como un sistema de tres tipos de freno, que funcione de forma independiente o simultánea, según la necesidad. Además, que el motor esté en la parte posterior de la unidad, para que no obstaculice la circulación de los usuarios ni afecte al conductor, por el ruido y calor.

Las normas de calidad y seguridad de buses son dictadas por Instituto Ecuatoriano de Normalización. Bajo esas reglas funcionan 46 empresas de carrocerías, entre grandes, medianas y pequeñas, según el presidente de la Cámara Nacional de Fabricantes de Carrocerías, Luis Jácome.

En Tungurahua están alrededor de 32 empresas, que fabrican 800 buses anuales para el país. Las demás están repartidas entre Quito, Guayaquil, Cuenca, Manta y Riobamba.

Carrocerías Varma, de Ambato, es un fabricante calificado por la Agencia Nacional de Tránsito (ANT). Edwin Morejón, jefe de producción, dice que aplican la Norma 043, para buses interprovinciales, y la 2-205, para urbanos. En ellas constan características técnicas de estructura, puertas, ventanas, etc.
Otro aspecto en la calidad del servicio es la cobertura en distintos puntos del país. En ese sentido, la ANT aplica un plan de ampliación.

En Ambato, 172 000 personas viajan por día en 459 buses de cuatro cooperativas y una compañía. Según la Unidad de Transporte Municipal, es la cantidad necesaria para la urbe. Las unidades tienen menos de siete años en servicio.

Washington Escobar, director de la Unidad de Tránsito, dice que trabaja en la automatización del servicio urbano. “Contaremos con una base de datos, las rutas y el tiempo de recorrido”. Uno de los objetivos es verificar si hay buses que tienen el mismo recorrido, para que den servicio a sitios donde el transporte es escaso. Así se pretende evitar los correteos para conseguir más pasajeros.

Eso ocurre, por ejemplo, en la avenida 12 de Noviembre, donde por minuto pasan 15 buses. La larga fila que forman al mediodía caotiza el tránsito. 

A esa hora, la aglomeración de usuarios impide subir a Carlos Cruz, quien vive en Izamba. Dice que “los conductores paran donde quieren y se demoran. Cuando uno les reclama le dicen: coja taxi si está apurado”.

En Cuenca, la calidad del transporte ha mejorado en los últimos 13 años. Hay 475 buses urbanos, desde el 2001. Antes había 685 de siete cooperativas. El Municipio, mediante un estudio técnico, determinó elnúmero de unidades necesarias.

Los usuarios del transporte urbano de Guayaquil cuestionan el maltrato en los buses. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO.

Los usuarios del transporte urbano de Guayaquil cuestionan el maltrato en los buses. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO.

Luego hubo otros cambios como renovación de unidades, unificación de empresas, Sistema Integrado de Recaudación y caja común. Por la ordenanza municipal vigente, los buses tienen 12 años de vida útil frente al resto del país: promedio de 20 años. Por eso, los buses no evidencian mayor daño.

Desde el 2010, el pasaje se paga con tarjetas electrónicas o monedas en máquinas validadoras y se eliminaron a los ayudantes. Con esta modalidad y la caja común se suprimió la guerra por el centavo, dice Iván Quizhpe, expresidente de la Cámara de Transporte.

Esta práctica es usual en otras ciudades y Mario Villagómez la considera perversa. “El dueño de la unidad le dice al chofer: en un día te das 10 vueltas, me dejas a mí USD 110, por decir, y la diferencia es tuya. Su incentivo es tratar de frenar, aguantar, correr... por ganarse un cliente, pero no le importa la calidad porque no depende de eso.

Sin embargo, los usuarios se quejan por cambios en los recorridos debido a la construcción del tranvía. Para Quizhpe, eso depende de los planes de contingencia del Municipio. En horas pico los buses viajan con exceso de pasajeros. El máximo permitido es de 40 sentados y 50 parados, pero viajan más.
En otras ciudades como Guayaquil, la queja generalizada de los usuarios es que no reciben un buen servicio.

Guillermo Leone, presidente de la Confederación Unitaria de Barrios, cuestiona que los dueños de los buses pidan un alza de tarifas cuando lo que menos les preocupa es brindar un buen servicio. “A más del maltrato de los choferes está el estado de los buses. Hay unidades viejas, con los asientos dañados, sucios. El usuario no se merece ese servicio”.

Carrocerías Varma es una fabricante de buses calificada por la Agencia de Tránsito. Foto: Modesto Moreta / EL COMERCIO.

Carrocerías Varma es una fabricante de buses calificada por la Agencia de Tránsito. Foto: Modesto Moreta / EL COMERCIO.

En Guayaquil circulan unas 3 800 unidades, incluidas las de la Metrovía. En este sistema, la inconformidad es mayor en horas pico. Los usuarios dicen que los buses van tan llenos que dejan pasar hasta tres unidades. Al final se resignan a la incomodidad, para ir más rápido.

Una queja similar tiene Álex Villegas, quien baja de un articulado, con capacidad para 190 personas, secándose el sudor. “Debería haber más buses para no ir tan hacinados”.

Para mejorar el servicio, entre agosto e inicios de septiembre, unos 250 buses urbanos fueron suspendidos por circular en mal estado, tras intensificarse el control de la Comisión de Tránsito del Ecuador.

Carrocerías en mal estado, asientos dañados, llantas lisas, parabrisas trizados, luces dañadas son los problemas más comunes que presentan las unidades sancionadas.

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