26 de agosto de 2014 00:13

La ropa indígena con nuevos estilos se impone en Chimborazo

Lucía Guillín ofrece vestimenta indígena a la moda a Myriam Vaquilema en el centro comercial La Condamine, en Riobamba. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO.

Lucía Guillín ofrece vestimenta indígena a la moda a Myriam Vaquilema en el centro comercial La Condamine, en Riobamba. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO.

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Cristina Márquez. Redactora

Las flores y figuras andinas bordadas con hilos multicolores resaltan en las blusas escotadas y asimétricas. Esta es la nueva moda entre las jóvenes indígenas de Chimborazo.

Myriam Vaquilema, de 17 años, se considera una ‘fashionista’ de la moda indígena. La semana pasada recorría los pasillos del Centro Comercial La Condamine, en Riobamba, en búsqueda de una faja hecha a mano que combinara con su nuevo reboso celeste y su blusa de encajes. “Las transparencias y los bordados no faltan en mi clóset, me gusta vestir elegante”, cuenta la joven, oriunda del cantón Guamote.

Decenas de jóvenes y adolescentes indígenas buscan adaptaciones de la ropa originaria que las haga lucir modernas y esbeltas. Esta nueva tendencia se impuso en la provincia cuando se popularizaron los reinados indígenas.

Jissela Gualán fue la primera candidata indígena en participar en la elección de la Reina de Riobamba. Ella vistió trajes llenos de colores, brillos y lentejuelas que la convirtieron en un ícono para las jóvenes que habían reemplazado el anaco por el pantalón.

“Las chicas indígenas empezaron a utilizar ropa de mestizas porque querían verse más modernas. La ropa tradicional nuestra es abultada y muy tapada, por eso les presentamos una opción diferente para no perder la identidad, pero tampoco el estilo”, explica Lucía Guillin, propietaria de la boutique Churandi.

VESTIMENTA

Las boutiques que ofrecen este tipo de ropa exhiben atuendos que se pueden utilizar a diario y otros para eventos de gala. Los más sencillos se componen de anacos de telas llanas que combinan bien con las blusas decoradas con flores bordadas alrededor del cuello; también se usa una faja de tonos similares y para complementar el ‘look’ una washca de coral (collar) y cintas de colores para sujetar el cabello.

Para los eventos de gala y trajes de noche, el uso de adornos y apliques lujosos no tiene límites. Las telas de los anacos son brillosas y más amplias, así como los bordados de la blusa son más grandes y están cubiertos con lentejuelas y piedras.

VESTIMENTA

Además, las blusas se ciñen con un corsé que permite apreciar la figura delgada de las jóvenes. Los escotes son el detalle principal y se hacen de varios estilos; los más solicitados son los que tienen forma de corazón, los que cubren un solo hombro, los que no tienen mangas, entre otros.

Para la diseñadora Sisa Morocho, oriunda de la parroquia Punín, lo que las mujeres necesitaban para vestir el atuendo puruhá con orgullo era motivación y diseños nuevos. “La idea es mostrar la belleza de las mujeres indígenas, hacerlas lucir lindas con ropa que refleje su personalidad y su cultura”, opina Sisa.

VESTIMENTA

Ella creó su marca de ropa y la denominó Sumak Churay, que significa el buen vestir. Las prendas se caracterizan por los colores vivos como fucsias, rojos, verdes, rosados, azules y morados en los bordados, apliques y fajas. Estos tonos siempre se utilizaron en las bayetas y guangos (cintas para el cabello) de la vestimenta tradicional indígena.

En la tienda de Isaura Cabay, en el centro de Riobamba, los atuendos indígenas que se exhiben en la vitrina tienen la misma tendencia de diseño. Allí el complemento son las sandalias de tiras forradas con cintas de colores tejidas a mano, que cuestan USD 18.

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