29 de octubre de 2015 11:13

Correa negó que el Ecuador esté en crisis; Dahik, González y Pozo mostraron su preocupación

Mauricio Pozo (izq.), Ramiro González (centro) y Alberto Dahik, durante el debate Prisma Económico. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Mauricio Pozo (izq.), Ramiro González (centro) y Alberto Dahik, durante el debate Prisma Económico realizado en Quito y transmitido por televisión. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

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Carlos Rojas

Al periodista Rodolfo Muñoz se le hizo muy complejo conducir el debate sobre la situación económica del país en el que la noche del miércoles 28 de octubre participaron el presidente Rafael Correa, el exvicepresidente Alberto Dahik, el exdirector del IESS, Ramiro González, y el exministro de Finanzas (2003-2004), Mauricio Pozo.

A Correa le acompañaron sus ministros de Coordinación Económica, Patricio Rivera, y de Finanzas, Fausto Herrera.

El complejo formato del programa, transmitido por la prensa estatal, en el que el Presidente debía responder y replicar cada una de las intervenciones de los tres panelistas invitados, dio paso a reclamos y al desorden en el set en varias ocasiones.
En los momentos más tensionantes del programa, los invitados se interrumpieron mutuamente, sin que Muñoz, como moderador, pudiera calmarlos.

Hubo reclamos de parte de Dahik, González y Pozo en el sentido de que no tenían las mismas oportunidades para hablar, replicar e interrumpir durante el diálogo. El presidente Correa tuvo tiempo hasta para repartir su tesis de grado a los panelistas.
Solo para apuntar otro hecho anecdótico, Correa, su equipo económico y el moderador fueron al debate sin corbata. En cambio, Dahik, Pozo y González lucieron más formales. Además, solo cuando intervenían Correa y sus dos ministros, en las pantallas de televisión, la edición del programa resaltaba sus frases. Aquello no ocurrió con los otros panelistas.

El presidente de la República Rafael Correa durante el debate económico en las instalaciones de GamaTV junto a los economistas Alberto Dahik, Mauricio Pozo y Ramiro González. Foto:  Galo Paguay/ EL COMERCIO

El presidente de la República Rafael Correa durante el debate económico en las instalaciones de GamaTV junto a los economistas Alberto Dahik, Mauricio Pozo y Ramiro González. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO

Si bien en el set de GamaTV en Quito, donde se realizó el debate, estuvieron decenas de estudiantes de economía para hacer preguntas, Muñoz solo dio paso dos de ellas. Las del resto -dijo- serán canalizadas al equipo económico del Gobierno.
Por fuera de este este complejo mecanismo de debate, los cuatro protagonista del programa expusieron desde su visión los problemas que tiene el país.

Dahik, por ejemplo, cuestionó que el Gobierno no esté comprendiendo las reglas macroeconómicas que demanda un esquema rígido de dolarización como el del Ecuador. La principal alerta, a su juicio, es la caída de depósitos en la banca.

En ese sentido, cuestionó que no se atrajera mayor inversión extranjera y que no se proveyera a la economía nacional de seguros fiscales que hagan frente a algo que se suponía era más que previsible: la caída de precio del petróleo. Dahik advirtió que la recesión en países sin moneda propia como como Puerto Rico y Grecia resultan fatales y que frente a ese espejo debe mirarse Ecuador.

González, quizás, protagonizó los momentos más polémicos de la discusión. No solo porque llevó el debate con Correa al plano político, sino porque en medio de las interrupciones, Muñoz dijo sentirse decepcionado por su proceder. González le respondió de la misma forma.

Sin la prolijidad de las cifras, el exdirectivo del IESS y exministro de Correa, aseguró que la crisis del país se palpa por la contracción de los sectores productivos, la falta de confianza y la pérdida de dinamismo del sector económico. También argumentó que su salida del Gobierno fue como respuesta a la reforma legal que eliminó la obligatoriedad del Estado para financiar el 40% del fondo de pensiones jubilares.

También pidió a Correa que, en aras de garantizar la confianza de las inversiones, pida a sus ministros tener políticas y discursos coherentes y retirar el paquete de enmiendas constitucionales para cerrar la puerta a la reelección indefinida. Hubo un momento de cruce de palabras en que González señaló que los Isaías financiaron la campaña de Correa. Pese a lo polémico, este detalle no trascendió en el debate.

Pozo fue quien tuvo unas de las participaciones mejor estructuradas durante el debate, pese a que el moderador Muñoz no le permitió participar en el tercer y último segmento: el tiempo se le fue de las manos.

Pese a ello, Pozo cuestionó que el Gobierno haya minimizado la importancia de los fondos de ahorro que en otros países dependientes de la exportación de materias primas han resultado claves para contener los desequilibrios de un shock externo. También cuestionó a Correa porque ante la falta de esos ahorros, ahora tiene que buscar endeudamientos muy onerosos “en donde sea”.

La exposición de Correa, apoyada también por la de sus ministros -y por algunas preguntas y comentarios de Muñoz- tuvo tres propósitos: detallar las causas y las medidas que se han tomando para hacer frente a la situación actual, cuestionar el modelo neoliberal y recordar lo que se hizo y se dejó de hacer en el pasado.

Bajo esas premisas, Correa negó categóricamente que el país haya entrado en crisis o recesión. Es más, calificó como un hecho muy injusto que se utilice el desempeño económico del 2015, caracterizado por el bajón del petróleo, el encarecimiento del dólar, y la amenazas de fenómenos naturales como el Cotopaxi y El Niño, para asegurar que su modelo económico no funciona.

Dijo que su política bancaria ha sido muy prudente para evitar su debilitamiento, así esto haya disminuido el crédito.

Como respuesta a quienes le increparon por el excesivo gasto público, señaló que su política de inversión pública ha sido la prioridad para mejorar las condiciones de desarrollo nacional. De esta manera explicó que la rentabilidad que a futuro tendrán las obras en las que trabaja será mucho más alta que poner los ahorros o “fonditos” a ganar interés.

Dahik le advirtió que una inversión excesiva puede ser muy peligrosa si la economía no cuenta con una debida capacidad de absorción. Es decir, había que invertir en función de las posibilidades de la economía.

Pero Correa negó la existencia de una escalada de endeudamiento público (no más allá del 33%) como para llegar a los niveles de Grecia. También reclamó a Pozo y a Dahik por haberse sometido en su momento a las duras condiciones del FMI y los demás multilaterales. Por ello advirtió que de acercarse al Fondo lo haría sin tener que aceptar recetas como las del pasado.

El equipo económico de Correa (Rivera y Herrera) fue una vez más muy escéptico a la hora de cifrar todas sus esperanzas en las inversión extranjera. Para ambos ministros, los niveles de retorno y rentabilidad que esta tiene en países como Chile así lo demuestran.

Finalmente, en materia de subsidios, Correa negó que su reforma al IESS vaya a descapitalizarlo. “El Estado garantizará esas pensiones cuando el sistema lo necesite, por ahora es solvente”. Correa acusó a González de construir su partido sobre la base social del IESS.

También dijo que revisará esos subsidios y los focalizará sin perjudicar a los más pobres.

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