14 de agosto de 2014 00:05

Dos colonias de piqueros patas azules atraen a los turistas hacia Manta y Jaramijó

Colonia de piqueros patas azules que vive en el rompeolas del muelle artesanal de Jaramijó. Foto: Patricio Ramos/ EL COMERCIO.

Colonia de piqueros patas azules que vive en el rompeolas del muelle artesanal de Jaramijó. Foto: Patricio Ramos/ EL COMERCIO.

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Redacción Manta

En la zona continental de Manta y Jaramijó, en la provincia de Manabí, costa de Ecuador, habitan los piqueros patas azules. Estas aves marinas, que antes eran exclusividades de la fauna de las islas Galápagos, se han establecido en las rocas de los rompeolas del puerto de Manta y del muelle artesanal de Jaramijó.

Para avistarlos en Manta se puede alquilar una lancha al filo del malecón. También hay cinco embarcaciones disponibles en las cuales se hacen recorridos desde la playa Murciélago de lunes a domingos hacia el rompeolas. El costo de los tours es de USD 3 por persona e incluye un paseo para observar las instalaciones portuarias desde el mar.

En playa Murciélago están los enganchadores. Hay cinco y uno de ellos es Manuel Rodríguez. El 10 de agosto del 2014 hubo buena afluencia de turistas, el sol acompañaba y el oleaje era moderado. Rodríguez logró captar la atención de 10 personas, cuatro de una misma familia y salió con dirección al rompeolas.

Después de 10 minutos de navegación la embarcación se ubicada frente al espigón del muelle. Ahí estaban los piqueros. Pareciera que están acostumbrados al sonido del motor de la lancha y a la presencia de gente. Yolanda Quiña, una turistas quiteña, dijo que nunca pensó conocer a las aves de patas azules en su viaje a Manabí.

PIQUERO

Cuatro de los turistas aprovecharon y captaron las imágenes de los piqueros con sus cámaras pequeñas. Entre 10 y 15 minutos dura la observación y hay que alejarse para no perturbarlos. Los que buscan estar más cerca de los piqueros y no les gusta navegar, la alternativa para mirarlos es Jaramijó.

Hace tres años cuando empezó la construcción del muelle artesanal se estableció una colonia que empezó con 50 aves y ahora superan las 250, cuenta José Delgado, un pescador del lugar. Para acceder al muelle, desde Manta, la ruta por tierra dura entre 15 y 20 minutos.

Una vez en el poblado se camina con dirección a la punta más saliente del rompeolas. Con mucho cuidado se sube por las rocas que están ubicadas de manera ordenada. Los bloques de granito guardan simetría uno entre otro, mientras van formando el espigón que protege el muelle donde yacen las embarcaciones artesanales. Cuando los turistas le preguntan cómo llegar al rompeolas Delgado los orienta.

Una vez sobre el rompeolas se puede observar a los piqueros. Están juntos y unos parecen ajenos a lo que sucede a su alrededor. Los visitantes deben permanecer al menos a 100 metros de distancia, caso contrario las aves se asustan y todas emprenden vuelo hacia el mar. Mientras dura la estancia se puede mirar como algunos piqueros sobrevuelan la zona y se lanzan en picada para atrapar pececillos chumumo y chueco que viven al filo de la franja costera.

PIQUERO

El biólogo manabita Luciano Ponce asegura que la presencia de los piqueros en colonias en ambos sectores es porque las aves han encontrado cerca una fuente de alimentación. Salen por las mañanas en busca de sardinas y retornan por las tardes, aseguró el experto.

Los piqueros también viven en colonias en las islas de Salango y de La Plata en el Parque Nacional Machalilla (PNM). Hasta la fecha se han registrado en esos macizos 2 800 individuos, según monitoreos que realizan biólogos del Ministerio de Ambiente de Manabí.

También la ONG Equilibrio Azul realiza en el PNM estudios desde el 2008 sobre el movimiento de los piqueros patas azules.​

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