5 de mayo de 2015 20:42

Indígenas de Loja pierden su identidad ancestral

Los pobladores de Paquishapa tienen un atuendo diferente al de los Saraguro. Foto: Xavier Caivinagua /  EL COMERCIO

Los pobladores de Paquishapa tienen un atuendo diferente al de los Saraguro. Foto: Xavier Caivinagua / EL COMERCIO

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Lineida Castillo

El Ecuador es multiétnico y pluricultural donde coexisten 14 nacionalidades y 18 grupos étnicos. Pero en los cantones Loja y Saraguro, en la Sierra sur, existen grupos de procedencia indígenas, los cuales no están identificados como tal.

Las parroquias rurales de Chuquiribamba, Chantaco, Gualel, El Cisne y Taquil (cantón Loja) se caracterizan por tener poblados con habitantes de descendencia indígena.

Las mujeres, por lo general, visten dos polleras: una tejida en lana que va por debajo y la otra de paño que va por encima.

Tienen colores como tomate, azul, negro, rojo, entre otros.
Se asemeja a la pollera de la chola cuencana, sin embargo no tiene bordados ni pedrerías. La blusa tiene encajes y usan un suéter de lana y un chal elaborado de paño.

El hombre, en cambio, lleva una camisa y poncho de lana gruesa para soportar el frío. Para el diario, ambos cubren sus cabezas con sombreros de paja toquilla.

María Teresa Morocho, de 85 años, es de las pocas mujeres de Chuquiribamba que se considera indígena. Casi todas dicen ser campesinas, aunque no niegan que sus abuelos fueron indígenas lojanos.

A Chuquiribamba se llega por una vía de tierra en mal estado y rodeada de abundante vegetación. Hay casas de barro y ladrillo y huertos de hortalizas y frutas.

A Morocho, sus abuelos le contaron que los primeros habitantes de la zona fueron los paltas, quienes defendieron su territorio de los incas y españoles. “Somos producto de esa cultura indígena, pero no tenemos un nombre”.

Para el sociólogo Félix Alvear, la provincia de Loja carece de estudios etnográficos que permitan levantar un verdadero mapa de las culturas. Tampoco existe, dice, un estudio profundo sobre el chazo lojano, que era un término acuñado al campesino blanco-mestizo.

“Las instituciones públicas no han respondido aún a estos temas que fortalecen la historia y las culturas de los pueblos”. Él considera que toda esa información debería estar dentro de los textos escolares.

En la parroquia de Taquil, conocida por las artesanías elaboradas en arcilla y con técnicas ancestrales, vive Etelvina Arévalo, de 67 años. Según ella, sus antepasados eran indígenas.

“Mi abuela usaba pollera gruesa y un pantalón de lana por debajo. También, utilizaba aretes en plata fina y vinchas que sostenían las trenzas”.

Los pobladores de Paquishapa, en el cantón lojano de Saraguro, tampoco están catalogados en una etnia para preservar sus costumbres. A diferencia de los indígenas saraguros, ellos tienen la piel blanca, son altos de estatura y tienen ojos verdes o azules.

Según el padre Félix Montalván, esta parroquia fue poblada por españoles y por ello el mestizaje. La mujer viste una falda plisada sobre la rodilla de colores lacre, verde o azul y una chalina sobre la blusa. Su cabello siempre está recogido con dos trenzas y varias vinchas.

En cambio, los hombres llevan un poncho grueso de rayas y un sombrero de paño. Para Hugo Espinosa, presidente de la Junta Parroquial de Urdaneta, ellos son reservados y muy apegados a la familia y, por lo general, los domingos salen de compras a Saraguro.

En contexto

En comunidades lojanas como Taquil, Paquishapa, Chantaco, Gualel, El Cisne y Taquil existen indígenas que no están identificados como parte de un grupo étnico. Sus costumbres y vestimentas se están perdiendo por la falta de identidad. No hay estudios etnográficos.

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