25 de agosto del 2016 00:00

21 337 personas con discapacidad aún están desempleadas en el país

Franklin Quishpe tiene discapacidad y no logra conseguir empleo. Foto: Diego Bravo / EL COMERCIO

Franklin Quishpe tiene discapacidad y no logra conseguir empleo. Foto: Diego Bravo / EL COMERCIO

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Desde hace cinco años, Franklin Quishpe vive con discapacidad: sus brazos son rígidos y camina con dificultad. El ingeniero en Administración de Procesos fue víctima de un asalto en San Roque, Centro Histórico de Quito. Al tratar de impedir que le robaran una máquina soldadora se cayó y se golpeó la cabeza. Tras aquel incidente, los médicos le hicieron una intervención en el cráneo y sufre parálisis.

Ahora, pese a que estudió una maestría en gerencia empresarial, no puede conseguir empleo y ha dejado su hoja de vida en decenas de compañías sin recibir respuestas.

Este ecuatoriano sobrevive de las ventas del libro que escribió ‘Desarrollo Organizacional por procesos’, de sus consultorías particulares y de desarrollar tesis de grado para estudiantes. “Espero conseguir un trabajo. Me toca recoger de centavo en centavo para costear los servicios básicos”.

Hasta julio de este año se registraron 259 506 personas con discapacidad que se encuentran en edad de trabajar, es decir que tienen de 18 a 65 años, en el país. De ellos, 80 070 están en la base de datos del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) como afiliados activos (ver cuadro). Son personas bajo dependencia laboral, según el Consejo Nacional para la Igualdad de Discapacidades (Conadis).

Son 87 030 ciudadanos, si se suma a los afiliados voluntarios y a los trabajadores por cuenta propia. La cifra representa el 33% de quienes pudieran ser empleados.

Pero Xavier Torres, presidente del Conadis, señala que no todo el universo en edad de trabajar está en capacidad de hacerlo. Y menciona que, por ejemplo, han registrado a 21 360 personas que requieren de un cuidador, por su estado de salud, ya que no pueden ser autónomos. Ellos reciben el bono Joaquín Gallegos Lara, de USD 240 al mes.

Otras 126 533 cobran una pensión por discapacidad de USD 50 porque se encuentran en situación de vulnerabilidad extrema. En ambos subsidios, el Estado invierte al año USD 137 436 600. Además, pide revisar el incremento de personas discapacidad empleadas en seis años. En el 2011 había 9 911 empleadas.

Torres señala que un estudio realizado por el Conadis les mostró que existe una brecha por cubrir de 21 337 personas que debieran emplearse.

Trabajo discapacidades video

El artículo 42 del Código del Trabajo establece que la empresa pública o privada que cuente con un número mínimo de 25 trabajadores debe contratar, al menos, a 4% de personas “con discapacidad en labores permanentes que se consideren apropiadas en relación con sus conocimientos, condiciones físicas y aptitudes individuales (…)”.

No todas las empresas cumplen con la norma. Según el Conadis, el 20% en el país no contrata personas con discapacidad y por eso debe pagar las multas de 10 a 15 salarios mínimos vitales. Añade que el 80% restante sí respeta la ley.

Sobre si la crisis ha afectado a la población con discapacidad, Patricio Alarcón, presidente de la Cámara de Comercio de Quito, tiene su propia evaluación. La agremiación reúne a 10 000 firmas.

Por eso su titular señala que las compañías no están contratando en este momento, a personas con y sin discapacidad porque sufren un decrecimiento económico. “Los ingresos han bajado, así como la liquidez”.

Y, ¿qué pasa en las empresas? En Telefónica-Movistar se indicó que al momento cuentan con poco más del 4% de colaboradores con algún tipo de discapacidad. “Cumplimos la normativa en este tema”.

En el Banco del Pichincha hay 221 trabajadores con discapacidad, que representan el 4,23% del total de colaboradores. Ellos se desempeñan en Recursos Humanos, Servicios, Negocios, Finanzas y Riesgo.

Uno de ellos es Álex Gándara, de 29 años, quien trabaja allí desde el 2010 y tiene discapacidad auditiva. Actualmente, él pertenece al Departamento de Administración de Bienes (de esa entidad financiera), en donde se encarga de cobrar cheques, archivar carpetas y otros trámites.

Su jefa, Adriana Cortez, se comunica con él mediante señas y le habla pausadamente, ya que el joven aprendió a leer los labios, también escribe frases cortas cuando es necesario.

Gándara cuenta que pasó dos años sin conseguir trabajo hasta que ingresó al banco. Recuerda que, antes, luego de las entrevistas, en recursos humanos solo le decían que le iban a llamar tras dejar su hoja de vida y nunca tenía respuestas. Asegura que consiguió empleo luego de la implementación de leyes a favor de las personas con discapacidad.

Otra es la historia de Quishpe, quien vive desesperado por falta de empleo, luego de que le operaran la cabeza. Con el tratamiento que siguió en la Fundación Hermano Miguel volvió a caminar y mueve sus brazos con dificultad. Para conseguir dinero y mantener a su esposa e hija se propuso escribir y terminar su libro.

“Tomaba un lápiz con mi boca y con este aplastaba las teclas de la computadora para digitar las letras”.

María Eugenia Paredes, directora de ese centro, aseguró que hay varios casos como el de Quishpe. Cree que hay que preparar a las personas con discapacidad de acuerdo a las necesidades de las empresas.

“No hay sitios donde ubicarlos porque no están capacitados para insertarse en lo que demandan las instituciones. Están saturados los puestos de recepcionista, archivadores y cosas de esa naturaleza. Piden perfiles que no se llenan porque no hay formación”.

Con ese criterio coincide Cecilia Dousdebés, profesora que tiene parálisis cerebral leve y trabaja como docente desde hace más de 30 años. Recomienda a la gente que tiene discapacidad que se prepare académicamente para tener mejores opciones laborales.

Pero eso no se cumple en todos los casos. Eduardo Moreno, de 35 años, es psicólogo organizacional y no consigue trabajo desde el 2013, luego de que perdiera la visión en su ojo derecho en un accidente de tránsito. “Siempre llego al final de los procesos de selección de personal. Cuando les cuento que tengo discapacidad, quienes me entrevistan cambian de actitud y siempre me dicen lo mismo: le llamaremos”.

En los últimos años, él subsistió de una empresa consultora de Recursos Humanos y capacitación que montó junto con un amigo, pero por la crisis tuvo que cerrarla pues le cancelaron contratos. Busca empleo, pero cree que se le han cerrado las puertas debido a su condición física. Está a la expectativa de montar un nuevo emprendimiento.

En contexto

En el país se reconoce la discapacidad física, intelectual, sensorial (auditiva, visual y de lenguaje) y psicosocial (antes llamada mental). Las compañías no están contratando en este momento a personas con y sin discapacidad porque sufren un decrecimiento económico.

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