23 de noviembre de 2014 19:54

Ecuador conserva seis bases que fueron importantes en la Guerra del 95

En el destacamento Cóndor Mirador hay cinco soldados del Ejército que hacen vigilancia y resguardan la soberanía nacional. Desde allí se observa el valle del Cenepa en la Amazonía. Foto: EL COMERCIO

En el destacamento Cóndor Mirador hay cinco soldados del Ejército que hacen vigilancia y resguardan la soberanía nacional. Desde allí se observa el valle del Cenepa en la Amazonía. Foto: EL COMERCIO

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Diego Bravo

Las trincheras del destacamento militar Teniente Hugo Ortiz, que en la guerra del Cenepa albergaron ametralladoras, morteros y municiones, lucen hasta hoy intactas pese a que han transcurrido casi 20 años del conflicto entre Ecuador y Perú.

Miden 1,50 metros y se las usa para los entrenamientos de los soldados que viven allí y vigilan el territorio nacional.Esta una de las 12 bases (Etza, Cóndor Mirador, Cueva de los Tayos, Base Sur, Base Norte, Coangos, Soldado Monge, La Y, Remolinos, Tiwintza y Banderas) que fueron consideradas simbólicas por las Fuerzas Armadas durante la guerra, la cual se desarrolló en un área que en 1995 no estaba delimitada en el valle del Cenepa.

En esos puntos, entre el 26 de enero y el 28 de febrero de ese año, más de 70 soldados de los dos países murieron y cinco helicópteros peruanos fueron derribados por Ecuador. De aquellos puestos, únicamente Coangos, Cóndor Mirador, Teniente Hugo Ortiz, Soldado Monge, Remolinos y Banderas siguen en territorio nacional.

La vida allí ha cambiado, pues se redujo el número de personal militar y hoy cuentan con seis hombres, quienes hacen los patrullajes fronterizos. En la guerra había más de 100.

El suboficial Segundo Marián es el comandante del destacamento Teniente Hugo Ortiz, a donde se llega tras cinco horas de caminata desde Santiago o en 15 minutos si el traslado se hace en helicóptero. Él peleó en la zona de Tiwintza y se emociona al recordar lo que fueron los combates. “A veces disparábamos en tinieblas por la espesa neblina. La situación mejoró y tenemos buena relación con los vecinos del sur...”.

En los alrededores no hay poblados civiles, pero a 10 minutos de allí se encuentra el destacamento peruano de Chiqueiza que cuenta con ocho hombres. La mayoría de minas del sector han sido retiradas de la zona y el peligro ha disminuido. Hasta septiembre de este año, los ejércitos de Ecuador y Perú desminaron

8 000 metros cuadrados en donde se enterraron explosivos y destruyeron 4 000.

El cabo segundo de la Marina, Héctor Guanoluisa, de 32 años, es el segundo comandante en Teniente Hugo Ortiz. Cuenta que hasta se reúnen con los peruanos para jugar fútbol. También intercambian alimentos.

Hacía calor (28°) la mañana del 19 de noviembre pasado cuando ellos recibieron la visita de este Diario que viajó en helicóptero hasta ese lugar. El recorrido incluyó las bases de Coangos y Cóndor Mirador.

La alimentación no varía en esos sitios y se consumen alimentos enlatados. En las afueras de los destacamentos se percibe el olor de la sardina que la preparan como sopa o ensalada. Lo mismo hacen con el atún u otras conservas en grano. Como bebidas toman jugos en polvo (fresco solo).

La espesa vegetación de la zona ya no cubre las viejas casas de madera en donde viven los soldados y que siguen de pie aunque han transcurrido 20 años. Estas son de color verde, negro y marrón como los trajes de camuflaje y el techo es de zinc. En la guerra, los soldados del Ecuador se comunicaban por radio, pero ahora cuentan con teléfonos satelitales y antenas de televisión por cable.

Todos los días, los comandantes de cada destacamento se reportan con las bases principales. Los de Teniente Hugo Ortiz y Soldado Monje dan parte al Batallón de Selva 61 Santiago, mientras que los de Cóndor Mirador, Remolinos y Banderas lo hacen con el Batallón de Selva 63 Gualaquiza.

Los recuerdos de la guerra

Paneles solares abastecen de energía a los destacamentos militares ecuatorianos. A 10 kilómetros de Teniente Hugo Ortiz se encuentra la base de Soldado Monge que también cuenta con seis uniformados.

Ellos cuidan el paso fronterizo y registran a los comerciantes peruanos que visitan Ecuador para la feria binacional que funciona en Puerto Minas. También dan seguridad a los mercaderes de la zona cuando el comercio allí se agiliza.
La gente de allí los identifica y sienten que su presencia les da seguridad. El peruano Hernán Pizango tenía 30 años cuando las dos naciones se enfrentaron. Le entristece recordar que no pudo ver a sus familiares ecuatorianos durante ese tiempo y cuando ya se firmó la paz viajó hasta Macas para visitarlos. Mira a los soldados como amigos cuando ellos patrullan en las orillas del río Santiago.

En las paredes de los destacamentos están escritos los nombres de los soldados y hay otros recuerdos de la guerra: en Teniente Hugo Ortiz se instaló una placa en honor al soldado Héctor Pilco, quien murió allí. En Cóndor Mirador se conserva hasta hoy el fuselaje de un helicóptero peruano caído.

La camaradería es constante entre los uniformados de los dos países. Los peruanos del destacamento de Cahuide, ubicado frente al de soldado Monge, saludan a lo lejos con sus similares ecuatorianos cuando se encuentran en La Y de los ríos Yaupi y Santiago, en plena frontera binacional.

Los patrullajes son continuos y a veces se trasladan en canoas de un punto a otro. Cada mañana, los uniformados izan las banderas de sus países y juran vigilar con honor los pasos fronterizos y su territorio...

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