14 de junio de 2015 19:41

Dura recuperación de niños accidentados en vías del Ecuador

En Quito, Tahís, víctima de un accidente vial, se recupera con su padre y su madre de crianza. Foto: Jenny Navarro / EL COMERCIO

En Quito, Tahís, víctima de un accidente vial, se recupera con su padre y su madre de crianza. Foto: Jenny Navarro / EL COMERCIO

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Carlos Espinosa
Reds. Seguridad y Guayaquil (I) 
seguridadec@elcomercio.com

Esa mañana llovía en Quito. Los padres se enteraron del accidente por noticias y llamadas de amigos. Les comentaron que el bus con los 15 niños perdió pista, dio dos vueltas de campana y quedó sobre el parterre central de la avenida Simón Bolívar.

Tahís fue una de las víctimas. Su padre, Alexis, estaba en el trabajo cuando recibió la alerta. La directora del centro terapéutico le llamó a las 09:51, dos horas después del accidente. “¿Cómo está mi niña?, voy este rato para allá”, respondió aquel 25 de marzo. Llegó con su pareja y encontró a los chicos, todos con discapacidad intelectual, recostados en colchonetas, en una de las salas de terapia del centro.

Tahís tenía hematomas leves en su mano izquierda, en las rodillas y en su cabeza.

Las historias de niños víctimas de accidentes viales son frecuentes en el país. Solo en Guayas, entre enero y mayo, 337 menores hasta los 12 años sufrieron lesiones por atropellos, volcamientos, estrellamientos... En ese mismo período 23 chicos fallecieron en esa provincia, según la Comisión de Tránsito del Ecuador.

Fernando, por ejemplo, sufrió secuelas más graves en un siniestro registrado hace dos meses en Guayaquil. Un taxi lo atropelló mientras jugaba.

Permaneció cinco semanas hospitalizado. Desde hace 15 días asiste a clases en sillas de ruedas. Al Hospital de Niños Francisco de Icaza Bustamante, uno de los más grandes del país, llegan hasta tres víctimas diarias por sufrir lesiones y traumas en percances viales.

En Guayaquil, Jhon, de 11 años, asiste al hospital Francisco de Icaza Bustamante. Foto: Joffre Flores / EL COMERCIO

En Guayaquil, Jhon, de 11 años, asiste al hospital Francisco de Icaza Bustamante. Foto: Joffre Flores / EL COMERCIO


Uno de ellos fue Jhon, un niño de 11 años, quien la semana pasada acudió a terapia física luego de que su pierna fuese impactada por un vehículo.

Ese hecho ocurrió mientras se bajaba de un bus urbano.
Las causas son diversas: padres que conducen motocicletas con sus hijos sin casco, choferes que dejan pasajeros en vías intermedias o exceso de velocidad son las más frecuentes. El médico traumatólogo, Bleuler Solís, comenta que tras un accidente se inicia una larga evaluación a los pequeños. Pasan por áreas de laboratorio, rayos X, tomografía, neurología…En esas unidades se descartan lesiones graves internas.

Sofía de 11 años, en cambio, permaneció más de una semana hospitalizada. Los médicos le amputaron dos dedos de su mano derecha. El accidente ocurrió hace un año en Guayaquil. El auto en el que viajaba se estrelló con otro que salía de una calle transversal. Tres meses después, la menor inició un tratamiento fisioterapéutico en su muñeca. En el centro médico se ejercita con impulsos eléctricos. Esas descargas activan los nervios y aumentan la destreza de la mano.

Pero casos como los de Sofía requieren atenciones más especializadas. Según la psicóloga infantil, Consuelo Meza, los efectos físicos que deja un accidente influyen en la estabilidad emocional de las víctimas.

Los menores con miembros amputados, con parálisis en sus piernas o traumas cerebrales son derivados a áreas de salud mental. Muchas veces los chicos desconocen de su discapacidad mientras están hospitalizados. “Se conversa con ellos para que sepan, por ejemplo, que cuando salgan ya no van a poder caminar”, dice Meza.

En otros hechos, los niños padecen trastornos postraumáticos. Los expertos reconocen que muchas víctimas temen que el accidente vuelva a suceder. Pueden sufrir cambios en su estado emocional como ataques de pánico, episodios de ansiedad, estrés, entre otros.

Infografía accidentes de tránsito

En el caso de Tahís, ese 25 de marzo fue evaluada por especialistas en neurología del Hospital Militar de Quito. Tras el análisis, la enviaron a casa.

Su padre recuerda dos episodios tras el accidente en la Simón Bolívar. El primero, mientras su hija dormía. En la madrugada la pequeña tuvo pesadillas y despertó llorando. Su madre de crianza durmió a su lado para tranquilizarla. Sus compañeros tuvieron cuadros similares, vomitaron. El segundo episodio ocurrió días después del volcamiento. La familia pasaba por la avenida en donde fue el accidente y Tahís se llevó las manos al rostro.

En agosto pasado, cuatro pequeños también vieron cómo un auto atropellaba a su hermano de 12 años. Eso ocurrió en el centro de Guayaquil y desde allí sufren “un temor grande a los carros y a las calles transitadas”, recuerda Isabel, su madre.

Cada vez que sale con ellos se ponen nerviosos e incluso lloran cuando ven carros o escuchan el ruido de los motores. “Me dicen que tienen miedo de un vehículo los mate”.

Pese a que el autor del atropello fue sentenciado a cinco años, los recuerdos de esos hechos no desaparecen y aún afectan a la familia. Sobre todo a los cuatro menores que presenciaron el accidente.

Según estadísticas oficiales, el tipo de accidente que genera la mayor cantidad de menores lesionados o fallecidos es el atropellamiento. La Agencia Nacional de Tránsito (ANT) establece 24 causas probables de siniestros en vías y carreteras a escala nacional.

Un bus con los 15 niños perdió pista, dio dos vueltas de campana y quedó sobre el parterre central de la avenida Simón Bolívar el 25 de marzo del 2015.
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