28 de mayo de 2014 20:12

Dudas por la efectividad del transporte exclusivo en Quito

Transporte exclusivo
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Mariela Rosero Ch. Redactora

Ellas dicen sentirse incómodas mientras viajan en transporte público. También, invadidas cuando algunos hombres aprovechan la aglomeración de las horas pico, para acercarse demasiado, meterse en su espacio, rozarlas e incluso mostrarles sus partes íntimas.

Ante esa situación, la salida que escogió el anterior Concejo Metropolitano, en su última sesión, genera debate.

Bajo la conducción de Augusto Barrera, el 8 de mayo, se aprobó la Resolución 337 sobre Servicio de Transporte Público Seguro para Mujeres.

En el texto de la normativa se indica que se crearán unidades de uso exclusivo, opcional y voluntario para mujeres en los corredores del Sistema Integrado de Transporte Público, administrados por el Municipio. Estas circularían en las horas pico y en las noches.

Desde la aprobación de la resolución,la Empresa Pública Metropolitana de Transporte de Pasajeros de Quito (EPQ) tiene 120 días para trabajar en mecanismos para aplicarla.

Su gerente encargado, Galo Muñoz, asegura que ellos fueron los autores de la iniciativa. Pero apunta que necesitan estudiarla. Además cuadrar cada cuánto tiempo estaría disponible el servicio, según la flota existente.

Otra dificultad es que en las paradas hay tres puertas y habría que acostumbrar al usuario a no colocarse en la de mujeres.

Medidas como estas no son nuevas. En países como México funcionan desde hace unos 10 años. Pero también existen en Japón, Brasil, Filipinas, la India y Malasia.

¿Por qué llegar a una fórmula tan dura que separa a hombres de mujeres?
“La idea no es segregar”, responde Ana Almeida, del colectivo Marcha de las Putas, que la promovió.
Admite, que no es la iniciativa más justa pero insiste que es necesaria.

El objetivo es posicionar el tema para discutir sobre los niveles de violencia que las mujeres viven en el transporte público. Y trabajar en campañas educativas. Por lo que indica que debiera ser reversible, luego de un tiempo.

Ella menciona el caso de una chica que denunció el acoso de un guardia del trole que tocó sus partes íntimas. La justicia lo multó con USD 4.

Estos abusos suelen ser imperceptibles para la mayoría de usuarios de transporte público.

Los acosadores aprovechan la aglomeración. Y las colegiales identifican los momentos en que pueden ser tocadas: cuando suben nuevos pasajeros y se abren paso en la unidad o si el chofer frena de golpe.

Talía L., de 17 años, cursa el segundo de bachillerato en el Colegio 24 de Mayo, en el norte de Quito.
A diario, se desplaza hasta su establecimiento desde El Tejar, en el centro. Ella ha aprendido a tomar precauciones.

Prefiere exponerse a un robo que dejar que la toquen. Por eso cuando la unidad está demasiado llena se coloca la mochila en la espalda, para poner una barrera a los hombres abusivos.
“Es feo ir en trole, Ecovía y los integrados, cuando están a full. Ahí nos ‘mandan mano’”, coinciden otras cuatro estudiantes de este plantel, que llegan desde Tumbaco, Chillogallo y El Inca.

La concejala de Alianza País, Luisa Maldonado, admite que hay dificultades para movilizarse de forma cómoda y holgada. Por eso, dice, impulsan la construcción del metro.

Pero no apoya la idea de instaurar un servicio exclusivo para mujeres, resolución aprobada por exconcejales oficialistas como Sara Nolasco, María Sol Corral, Pablo Ponce y Manuel Badillo. Además, por los ediles de Concertación, PSP y Prian.

Maldonado aclara que ha defendido los derechos de este género. No obstante, opina que el Municipio debe buscar que la ciudad sea incluyente, no discriminatoria.
“Buscamos que los colegios sean mixtos porque los valores se construyen en la convivencia. No en la separación de géneros”.

La solución a largo plazo es educar, señala. Lo mismo piensa el exconcejal Norman Wray, quien presidió la Comisión de Género del Concejo. Promovió la campaña ‘Quiero andar tranquila, calles sin acoso’. Repite que se debe acompañar ese tipo de salidas con un proceso de formación ciudadana.

La medida debe evaluarse cada seis meses, para que pueda revertirse algún día. Contempla campañas a cargo de la Secretaría de Inclusión, según Jéssica Jaramillo, abogada de colectivos a favor de la opción. Ella recuerda que las mujeres podrán viajar con sus hijos.

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