3 de April de 2010 00:00

Con la droga en las narices

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Dimitri Barreto P. Editor de JudicialDesde la cárcel la obligaron  a dejar la escuela. Abandonada, con la responsabilidad de velar por sus hermanas de 7 y 8 años, se dejó guiar por un vendedor de droga del centro de Quito, quien abolió su tiempo de juego y la explotó. Después de  cinco meses, la pequeña recibió 4 000 dólares, lo  necesario para  la fianza de su madre. La chiquilla de 10 años  fue forzada por una mafia a  vender  cocaína en la calle. El Código de la Niñez protege a los menores. En teoría, responsabiliza al Estado de velar por el goce de derechos de los pequeños, como el derecho a la educación o a crecer en un ambiente sin violencia. Pero la droga lleva a decenas de niños por la senda contraria. ¿Qué hace el Estado en la práctica? Captura toneladas  de narcóticos que iban a EE.UU., pero, al revelar esas operaciones, sus autoridades no escatiman en echar la culpa al norte y en puntualizar que este no es un tema de oferta (producción), sino de demanda (consumo). Los legisladores  están  ocupados en estructurar leyes que buscan  control (legítimo o ilegítimo). ¿Y   la Ley contra el financiamiento del terrorismo y  las reformas a la Ley de drogas? Mientras la droga es vista como  asunto ajeno, sus tentáculos  laceran el corazón de la sociedad:  a la niñez. La edad de  consumo de droga en el país se  redujo a  los 12 años. Lo dice el Estado (Consep), no la prensa corrupta.  La pequeña de 10 años  aún es explotada en las calles de Quito; las mafias, su familia y los consumidores (ciudadanos todos) la explotan. Niños consumidores, niños explotados por mafias de la droga. Que el Estado no tenga que encontrarse con niños sicarios, como en la casa de al lado, para  que la droga deje de ser   asunto de segundo orden.

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