24 de septiembre de 2015 11:07

La dramática historia de José Villalba, una víctima de los incendios forestales

Desde La Floresta se divisó el dantesco incendio que se produjo en Guápulo, La Vicentina y el cerro Auqui. El humo cubrió el centro oriente de Quito. Foto: Eduardo Terán Urresta / EL COMERCIO.

Desde La Floresta se divisó el dantesco incendio que se produjo en Guápulo, La Vicentina y el cerro Auqui. El humo cubrió el centro oriente de Quito. Foto: Eduardo Terán Urresta / EL COMERCIO.

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Érika Guarachi

Al bajar a Guápulo por el sector de La Floresta, en el oriente de la ciudad, es casi imposible no observar la magnitud de lo que fue uno de los incendios forestales más grandes, en este verano.

Hace apenas una semana, las áreas verdes del cerro Auqui, La Floresta y Guápulo fueron consumidas vorazmente por las llamas. Ese día, las columnas de humo eran de tal tamaño que pudieron ser observadas desde distintos puntos de la ciudad. Inicialmente, algunas personas confundieron esta escena con alguna actividad del volcán Cotopaxi. Sin embargo, el viento despejaba el humo que cubría al cerro y dejaba ver lo que en verdad sucedía, uno de los incendios forestales más grandes que enfrentó la ciudad.

Ahora, el pasto y los troncos de los árboles ennegrecidos dejan ver a unas cuántas viviendas que apenas por unos pocos metros pudieron ser alcanzadas por el fuego.

Una de esas casas fue la de José Villalba, de 80 años. Él vive junto a su esposa y a su hijo.

Recuerda que se hallaba solo ya que su esposa había salido temprano hacia Cutuglagua, en el sur.

Contó que al principio no se preocupó por las llamas pues estaban en La Floresta, al otro lado de su casa. No temía que la situación pudiera agravarse, por lo que se sentó a mirar lo que sucedía.

No pasó mucho tiempo, cuando se dio cuenta que el fuego por acción del viento, rápidamente consumió las áreas verdes de ese sector pero también las llamas cruzaron el río Machángara y empezó a subir por el cerro en donde se asienta su casa.

Temía por sus vacas que pastaban cerca de donde avanzaba el incendio. No pensó dos veces y con ayuda de un bastón fue a tratar de llevarlas a un lugar seguro. Lo logró pero por poco las llamas lo envuelven, sus botas se quemaron, su perro, quien lo acompañó en este trajín sufrió quemaduras en sus patas.

A ese lugar, un bombero lo llevó cargado en su espalda para salir pronto pues las llamas les seguían el paso.

Su hijo y su esposa llegaron y los bomberos les pidieron que salieran hacia la iglesia.

Villalba vive hace 50 años en este sector y ningún otro incendio que el recuerde tuvo esta magnitud y tampoco alguno se acercó tanto que pudo perderlo todo.

Datos adicionales

A metros de distancia, de la casa de Villalba, hoy por la tarde nuevamente salió humo del pasto. El Cuerpo de Bomberos lo reportó como un conato de incendio en el cerro Auqui, al que acudieron dos camionetas con personal para extinguir el fuego. La misma entidad reportó que a las 19:30 fue controlado al 100%.

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