28 de July de 2009 00:00

Drama por los aguajes en Muisne

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Redacción Esmeraldas

El olor a comida casera escapa de un aula de la Academia Cornelio Castillo, de la parroquia San Francisco del Cabo, en el cantón Muisne, en Esmeraldas. 

Esa infraestructura de 40 m², que sirve para la capacitación artesanal, es, desde el miércoles último, uno de los albergues improvisados para 30 familias.

Las prioridades
Los damnificados necesitan alimentos enlatados, arroz, azúcar granos secos y agua dulce. Para los niños, se requieren lácteos e hidratantes. También hacen falta pañales para cerca de 40 bebés y un niño discapacitado, quienes permanecen en los albergues. Los pozos de donde se obtiene el agua para la alimentación están salados. El agua se trae de otro poblado, ubicado a 1,5 km.
Los delegados de la Secretaría de Gestión de Riesgos indicaron ayer, en una reunión urgente con los afectados, que la ayuda llegará desde hoy. Se dará prioridad a la provisión de alimentos y de agua dulce.

Sus casas quedaron afectadas por los aguajes que azotaron al sur de la provincia de Esmeraldas. Los damnificados suman 80 familias en total. Otros se alojan en la Tenencia Política, en la escuela Eugenio Espejo y en el colegio Alfredo Pérez Guerrero.

“Todos a comer”, grita Ecdémica Ríos, alegrando a los niños. En ese momento, ellos juegan ajenos a la tragedia, sobre ocho colchones en buen estado, colocados en el piso de la Academia.

“Estamos almorzando gracias a la solidaridad de nuestros vecinos, porque las autoridades solo vinieron con ofertas”, comenta la damnificada Maritza Pinela, de 32 años. Su molestia es evidente. Se refiere a los alimentos que les entregó Richard Olarte, director de la escuela local.

También se hicieron presentes José Ponde, vendedor de verduras, y otros vecinos de la parroquia. “Ya se nos acabaron las provisiones”, advierte Carmen Fuentes, otras de las cuatro madres de familia encargadas de preparar los alimentos.

Diana Spencer, técnica en gestión de riesgos de la Sala Situacional del Ministerio del Litoral, señaló, el viernes, que las canastas básicas con alimentos podrían llegar el lunes. Dijo que la Secretaría de Estado tramitaba en la Aduana la entrega de 80 sacos de arroz confiscados. El propósito era abastecer, inicialmente, de ese producto a los damnificados por los aguajes.

Maritza, madre de ocho niños, recuerda que tuvo que escapar de su casa junto con  sus hijos, en la madrugada del miércoles. Ese paso del agua amenazaba con llevarse su vivienda de madera.

Ayer volvió a su rancho, ubicado a 30 metros de la línea costanera. Le acompañaron otros vecinos y un grupo de funcionarios del Ministerio de la Vivienda.

Estos recorrieron casa por casa, verificando las afectaciones. En San Francisco, las casas destruidas son dos, y las averiadas 36. “Lo que queremos es la reubicación a una zona más segura, pues el mar está subiendo cada vez más”, advertía la afectada.

Los damnificados dijeron que solicitarán al nuevo alcalde del cantón Muisne, Ramón Bernal, la reubicación del pueblo en lugar alejado del peligro.

Entre tanto, en la parroquia San Francisco del Cabo, habitada por 3 000 personas, que viven de la pesca y la agricultura, se siente el temor. Segundo Chila, de 88 años, comenta que nadie quiere dormir en las casas ubicadas cerca de la playa.

Recuerda que varias veces el mar ha cambiado la geografía de la playa. Asegura que ahora  los aguajes son más fuertes.

Los afectados se organizaron como pudieron. Un vecino les facilitó una cocina industrial, otros pusieron las ollas. Las mujeres cocinan por turnos. Ayer, el menú fue sopa de fréjol con papas y fideo, y arroz sin acompañado.

Mientras eso sucedía en San Francisco, hasta la Gobernación de Esmeraldas llegaron delegaciones de esta localidad, de Las Manchas y de Daule, perteneciente al cantón Muisne, para exigir ayuda urgente. 

Kelo Castillo Sosa, miembro de la Junta Parroquial de San Francisco del Cabo, y Ferrari Zambrano, vicepresidente de la Junta Parroquia de Daule, acompañados de 20 pusieron en conocimiento de las autoridades la realidad de los damnificados. Luego de la reunión recibieron más ofrecimientos. 

Testimonio. Alexandra Ayora/ Afectada

‘La ayuda es muy escasa’

Fue una noche terrible. El agua parecía que  quería tragarse nuestro rancho. Es por eso que mi marido tuvo que sacar a cinco hijos en una panga (canoa), para evitar que se ahoguen.

El mayor de mis hijos tiene 14 años y el menor tiene 4 meses. No nos importó que la ropa y los enseres se vayan en el mar.

Lo más importante para nosotros era la vida de nuestros niños. Ahora, estamos asilados en la Academia Cornelio Castillo.

Al día siguiente del terrible aguaje recuperamos la refrigeradora, la televisión y la cocina. Pero están dañados. Ahora estamos junto con otros vecinos afectados. Estos momentos nos han servido para apreciar la vida y la solidaridad entre quienes vivimos cerca. Les agradezco a todos por la ayuda, la verdad es que la necesitamos.

Espero que en los próximos días podamos tener más alimentos y agua, para que nuestros niños no se enfermen. Nuestra situación es muy crítica.

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