31 de diciembre de 2016 00:00

Donald Trump tiene en zozobra al planeta

Consultado, Donald Trump, por la periodista Lesley Stahl de la cadeba CBS sobre la construcción del muro en la frontera con México, confirmó que continuará con su proyecto y aclaró: "Aceptaría una reja en algunas partes. En otras, el muro es más apropiado

Donald Trump durante la campaña por la presidencia de Estados Unidos. Foto: AFP

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Redacción Mundo. Con DPA (I)

Cero dudas. Cuando en las 12 temporadas de su ‘reality show’ The Apprentice (El Aprendiz) el magnate inmobiliario Donald Trump no estaba conforme con alguno de los jóvenes empresarios participantes que buscaban trabajar para su emporio, era claro y directo para decir “You’re fired” (“Estás despedido). Y los sorpresivos resultados de las elecciones presidenciales mostraron que fue igual de efectivo su mensaje de campaña “Let’s make America great again” (“Hagamos a EE.UU. grande otra vez”).

Cuando en los últimos meses del 2015 esta popular figura del mundo del espectáculo y las revistas del corazón anunció sus aspiraciones a la Casa Blanca, más de uno pensó en una precandidatura independiente -y fallida- como las del exalcalde de Nueva York Michael Bloomberg. Pero su capacidad de ir eliminando rivales en las primarias republicanas y adquirir cada vez más simpatizantes en la agitada campaña frente a la demócrata Hillary Clinton lo convirtió en un fenómeno que tumbó encuestas y consiguió los votos del Colegio Electoral necesarios para ser el Presidente.

El triunfo de Donald Trump dejó al descubierto un Estados Unidos que había estado oculto hasta entonces, ese en el que reina el malestar hacia la clase la política, el que clama contra Washington D.C. por que allí ve el origen de sus males económicos y también sociales.

El multimillonario puso voz a la ira y los miedos de una parte de los estadounidenses, que votaron por él para dinamitar el sistema y así situaron a la primera potencia mundial y al resto del globo ante la incertidumbre. Pero será a partir del 20 de enero próximo cuando comiencen a despejarse las incógnitas que su victoria ha puesto sobre la mesa.

Trump estará al frente de un gabinete sobre el que es difícil avanzar cómo será la convivencia entre militares, políticos conservadores y representantes empresariales y de Wall Street. Rex Tillerson, CEO de Exxon-Mobil, será su secretario de Estado; Steven Mnuchin, quien trabajó para Goldman Sachs, su secretario del Tesoro; James Mattis, general que comandó las invasiones a Afganistán e Iraq, su secretario de Defensa.

Trump gobernará un país profundamente dividido entre quienes esperan su llegada con ardor y quienes lo rechazan visceralmente. “Es difícil medir la magnitud de su irrupción”, escribió la editora jefe de la reconocida revista Time, Nancy Gibs.

Imprevisible e irascible, Trump coquetea con el racismo, exhibe su admiración por el ruso Vladimir Putin, amenaza con no cumplir los compromisos con la OTAN, quiere expulsar a 11 millones de indocumentados, construir y hacer pagar a México un muro, amenaza con dar marcha atrás en la apertura a Cuba, y, en ello, ya arremete contra periódicos y televisoras desde Twitter.
Para construir el muro necesita la aprobación del Congreso, y no todos los republicanos están de acuerdo. Para fijar las prioridades de deportación no necesita a nadie.

Su discurso económico es proteccionista. Sacará a EE.UU. del Nafta si México y Canadá, los dos socios en ese tratado de libre comercio, no se avienen a renegociar. Ha anunciado que nada más llegar a la Casa Blanca retirará al país del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), el tratado comercial entre Estados Unidos y 11 socios. Promete que bajará impuestos e invertirá millones en infraestructuras.

En algunas de las promesas electorales ya se ha retractado, entre ellas la persecución y el encarcelamiento con los que amenazó a Clinton, contra quien llegó a sugerir a sus seguidores el uso de violencia.SDLqEl próximo presidente de Estados Unidos y yo no podíamos ser más diferentes”, ha dicho Barack Obama, quien, no obstante, decidió salir a pedir calma.

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