10 de noviembre de 2016 00:00

Donald Trump movilizó un número récord de blancos a las urnas

Simpatizantes del republicano Donald Trump celebraron el triunfo del magnate inmobiliario en el Hilton Hotel de Nueva York, la madrugada del miércoles 9 de noviembre. Foto: AFP

Simpatizantes del republicano Donald Trump celebraron el triunfo del magnate inmobiliario en el Hilton Hotel de Nueva York, la madrugada del miércoles 9 de noviembre. Foto: AFP

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Agencia DPA
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Raciales, urbanas o de edad: la victoria presidencial de Donald Trump en EE.UU. ha revelado las múltiples placas tectónicas de un país profundamente dividido y que ha rechazado la política tradicional.

Cada una de las mitades del electorado (59 millones que votaron por Hillary Clinton y 59 millones que lo hicieron por Trump) están definidas por líneas muy claras que dibujan un país con dos realidades y dos visiones contrapuestas.

Trump destrozó las previsiones movilizando un número récord de blancos a las urnas; desactivó el cortafuegos hispano de los demócratas al conquistar casi un tercio del voto latino para hacerse con Florida e ilusionó como nunca a Pensilvania, Ohio y Wisconsin, para romper el ‘muro azul’ del Medio Oeste que hacía confiar al equipo de Clinton en la victoria.

Los demócratas salen con su peor resultado electoral desde 1988, cabizbajos y preguntándose cómo un hombre sin experiencia en cargo político alguno -y con una campaña que al comienzo era un caos- consiguió imponerse sin seguir las reglas tradicionales del manual de marketing político.

Trump superó los 270 votos electorales necesarios para ganar los comicios en la madrugada del miércoles 9 de noviembre y acumula, por el momento, 289 de los 538 compromisarios del Colegio Electoral, a la espera de que se oficialice el recuento en los estados de Michigan y Nuevo Hampshire, ya irrelevantes.

Clinton (con 228 votos electorales) solo puede presumir de haber vencido en Nevada y Colorado, porque casi pierde Virginia y no cumplió las expectativas que la ponían por delante en Carolina del Norte, Pensilvania y Michigan.

En casi lo único en que acertaron los analistas políticos, los medios, los demógrafos y las encuestas fue que el voto más fiel de Trump sería el del hombre blanco de media o baja formación y de zonas rurales y clase trabajadora.

Los observadores -y, una vez más, los sondeos- se equivocaron al predecir un giro hacia los demócratas de los blancos de raza blanca con formación superior y de mujeres blancas, que fue menor al esperado.

Erraron también en la incidencia del voto latino, que creció pero no alteró el resultado.

Subestimaron también el hecho de que muchos de los que votaron en el 2008 por el presidente Barack Obama en los suburbios de Scranton (Pensilvania) o Youngstown (Ohio) ya no conectan con el mensaje de la esperanza de los demócratas y han dado su apoyo a Trump.

Tampoco acertaron al asegurar que el voto rural no podría compensar el peso de los centros urbanos, que se inclinaron por la opción más moderada que representaba Clinton frente al populismo del magnate neoyorquino.

Obama y Clinton hablan

El presidente saliente Barack Obama dijo el miércoles 9 de noviembre sentirse alentado por el tono conciliador del discurso de Donald Trump tras su victoria, luego de la agria campaña que protagonizó el republicano, y afirmó que el país desea su éxito como Jefe de Estado.

En la misma línea, Hillary Clinton reconoció su derrota electoral y pidió dar al Presidente electo una “oportunidad de liderar” el país.

“Donald Trump va a ser nuestro presidente. Le debemos una mente abierta y una oportunidad de liderar”, dijo Clinton en su primera aparición tras los comicios.

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