17 de marzo de 2016 00:00

Doloroso adiós a los 22 militares caídos

Militares cargaron los féretros cubiertos con la bandera tricolor. Foto: Alfredo Lagla / EL COMERCIO

Militares cargaron los féretros cubiertos con la bandera tricolor. Foto: Alfredo Lagla / EL COMERCIO

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Javier Ortega

Los gritos de los hijos de los soldados caídos en Pastaza retumbaron ayer (16 de marzo) en la capilla que se improvisó en la Escuela Militar Eloy Alfaro (Esmil) de Quito. Los pequeños se abalanzaron hacia los féretros y acariciaron las banderas que se colocaron encima. Así, intentaron ver por última vez a sus padres.

El llanto de los niños estremeció a los militares y civiles que asistieron a la ceremonia religiosa. “Esta es la tragedia más grande que ha golpeado a las Fuerzas Armadas después de la guerra”, lamentó el sacerdote que ofició la misa.

Con esa dura sentencia inició la liturgia. El padre pidió no olvidar a los soldados y mencionó los nombres de las 22 víctimas. Eso levantó otra vez los sollozos de los familiares.

En la mañana, decenas de uniformados, cadetes y estudiantes de academias militares se situaron en las veredas de las principales avenidas del norte de Quito y formaron pasillos de honor para la caravana que salió desde Tababela con 17 de los 22 cuerpos.

Las otras cinco víctimas fueron trasladadas directamente desde Puyo hacia Napo, Tungurahua, Chimborazo y Bolívar, vía terrestre.

En el transcurso del día trascendieron más detalles del accidente del Arava 206 en Fátima, una parroquia de Pastaza. Según datos oficiales, la aeronave, de fabricación israelí, fue comprada en 1991 y operó en el país desde 1992.

16 años antes, en 1975, Ecuador ya había adquirido otros aviones del mismo modelo, pero actualmente solo volaba el 206.

El Arava tenía 6 000 horas de vuelo, pero su vida útil era de 30 000 horas. “Había cumplido apenas una quinta parte de vida útil”, comentó el ministro de Seguridad, César Navas.

En las últimas horas se conoció que ya hay una Junta Investigadora de Accidentes analizando qué fue lo que ocurrió la tarde del martes en Fátima. Se rastreará el último contacto que mantuvieron los pilotos con la torre de control, las condiciones climáticas o si se cumplieron todos los protocolos para volar.

Ayer, civiles que viven en el norte de Quito exhibieron banderas de Ecuador durante el paso de la caravana fúnebre. Los comentarios eran similares: los uniformados se exponen a tareas de riesgo. Hacen un buen trabajo por el país, hay que apoyarlos en estos momentos...

Los complejos y academias militares amanecieron con las banderas a media asta. Es parte de los tributos que se desarrollarán por el luto nacional decretado por el Presidente el 16 y 17 de marzo.

Los primeros homenajes se dieron en la base de las FF.AA. situada en Shell, a donde fueron llevados los cuerpos una vez que los rescataron de Fátima. En ese destacamento, los uniformados despidieron a sus compañeros con la oración del Comando del Ejército.

“Soy comando de Ecuador, mi Patria me entrega, su gloria e invicto, pendón...”, entonaron los militares, arrodillados, frente al grupo de soldados que cargaba los féretros.

En la Esmil, los uniformados trataban de explicar qué pudo haber ocurrido la tarde del martes en Fátima. Quienes conocían a las víctimas decían que eran gente experimentada.

De hecho, los 19 paracaidistas que viajaban en el Arava 206 se preparaban en dos tipos de cursos: el de maestros de salto y el de jefes de salto.

Estos entrenamientos están destinados para aquellos paracaidistas que ya tienen años de práctica. Quienes superan los ejercicios se convierten en instructores de los futuros paracaidistas. “El maestro de salto es considerado lo máximo dentro del paracaidismo militar”, asegura un oficial que habló con El COMERCIO.

El curso para lograr la maestría en salto dura tres semanas. El uniformado que supera este entrenamiento está capacitado para planificar operaciones en el aire. Los jefes de salto, en cambio, son capaces de liderar todo el proceso que se realiza antes, durante y después del vuelo. El ejercicio dura un mes.

“Los entrenamientos no solo se hacen en Fátima, Pastaza, sino en cualquier lugar del país. En este caso los medios logísticos fueron proporcionados en ese sector”, explica el oficial.

De lo que se conoce, además de los 19 soldados accidentados, había otro grupo de 35 uniformados. Ellos debían hacer las prácticas una vez que el avión regresara con los primeros 19 paracaidistas.

El lunes 14 de marzo, los dos grupos hicieron un primer ejercicio de salto, sin que se reportara ninguna novedad.

En la tarde de ayer, luego de la ceremonia religiosa, los familiares trasladaron los cuerpos a salas de velación particulares de Quito. Para hoy (jueves) está previsto dar el último adiós a las víctimas y enterrarlas en cementerios de la capital y de otras ciudades. Entre los militares caídos hay 11 oficiales y 11 agentes de tropa. Todos de unidades especiales.

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