9 de mayo de 2017 00:00

USD 800 000 para destapar los sumideros de la capital durante el 2017

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Evelyn Jácome

Cuando alguien arroja a la calle el palo de un helado, la funda de un caramelo, una servilleta, una cáscara de plátano o simplemente pepas de mandarina, de algún modo también está metiéndose la mano al bolsillo y lanzando un par de monedas a las vías.

Limpiar la basura que recorre las calles de la ciudad y que es arrastrada por la lluvia hasta taponar las alcantarillas ­tiene un costo elevado. Barrer las calles le cuesta a la ciudad, a la gente, cerca de USD 400 000 mensuales. Emaseo cuenta con 329 personas que con escoba en mano se dedican a limpiar las vías para tratar de evitar taponamientos y, por
lo tanto, inundaciones durante los días de tormenta.

Ellos logran recolectar 60 toneladas diarias de desechos. Además, con vehículos de barrido mecánico se recolectan al día 20 toneladas más. Pero esas 80 toneladas son solo una pequeña parte de todo lo que es arrojado al espacio público.

El resto, cuando la lluvia golpea con fuerza a Quito, como ha ocurrido los últimos meses, es arrastrado por la corriente y va a parar a las rejillas y colectores de la ciudad. Se taponan y no pueden cumplir su misión de evacuar el líquido, por lo que este se acumula, desborda las veredas y las imágenes de calles convertidas en ‘ríos’ inundan las redes sociales.

Según Fabricio Zambrano, subgerente de Saneamiento de la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable (Epmaps),  la entidad asignó USD 800 000 para limpiar las alcantarillas durante el 2016.

Con overoles, cascos, orejeras, guantes y botas con punta de acero, 40 personas se encargan de destapar los más de 117 000 sumideros que hay en Quito. Para Marcelo Arias, quien se dedica a esta labor hace 10 años, este es un oficio difícil. Al llegar al sumidero lo primero que hacen los obreros es levantar la rejilla, que puede pesar más de 40 libras.

Luego entran en acción los equipos con un motor especial y una manguera para limpiar el sumidero con agua a presión, lo que permite aflojar la basura acumulada. El ruido de la máquina es ensordecedor mientras la manguera aspira los desechos. La Epmaps cuenta con 11 hidrosuccionadores.

Cada mes se limpian, en promedio, 13 500 sumideros. El cronograma de trabajo permite llegar a todos. Algunos, incluso dos veces, Explica Zambrano. Limpiar cada uno de ellos puede tardar de 20 minutos hasta una hora, todo depende del material que contenga.

Hay empresas hormigoneras que cuando terminan de entregar la mezcla de cemento en alguna construcción limpian con agua y los residuos son arrojados al sumidero, donde se transforma en hormigón y tapona el ducto.

Si se tiene suerte y el hormigón solo quedó en la superficie, se tarda hasta una hora y media en limpiarlo. Si el material llegó a la tubería se debe hacer una zanja y cambiar los conductos, lo cual puede costar entre USD 400 o 500, dependiendo del caso.

El trabajo más frecuente se realiza en los desagües ubicados en los alrededores de los mercados, espacios públicos, planteles educativos y pasos deprimidos. Dos de los puntos más conflictivos están ubicados en San Roque y La Y.

Al destapar los ductos, los operarios suelen encontrar ropa y, a veces, animales muertos. Al sistema de alcantarillado también llega basura proveniente de las montañas.

Por eso, en las quebradas, al inicio del sistema de alcantarillado, existen grandes rejas que, cuando llueve, atrapan los residuos que el agua arrastra desde las montañas.

Allí se han encontrado llantas, electrodomésticos, basura, troncos... En la capital hay 113 estructuras de captación, pero las que más desperdicios reciben son las quebradas Calicanto y Caupichu, en el sur, según Zambrano. Si la basura logra pasar la rejilla puede obstaculizar el interior de los ductos, lo cual ocasiona un problema mayor. En los colectores se han encontrado, por ejemplo, pelotas o llantas que taponan el alcantarillado.

Para verificar que eso no ocurra, Zambrano explica que se hacen controles diarios con recorridos a pie en los colectores grandes como el Caicedo o Jatunguaico. En los pequeños, se utilizan equipos de inspección televisiva.

La Epmaps hizo una inversión de más de un millón de dólares para adquirir esos equipos y detectar grietas, fisuras u obstáculos. En Quito hay 6 800 kilómetros de ductos. De ellos , 6 000 km son redes (tuberías menores de 60 cm de diámetro), y 800 km de colectores (tuberías más grandes).

Pero los desperdicios pueden ocasionar más daños. Alberto Ríos, ingeniero geólogo, explica que los materiales pétreos generan mayor deterioro de las tuberías. Las piedras y arena que van al alcantarillado desgastan la tubería.

Además, la Epmaps ha registrado cinco puntos donde los colectores no abastecen la capacidad hidráulica en emergencias. Ellos son: Mirador, en la Brasil y América, sector Teleamazonas; El Colegio, en El Condado; Galo Plaza; 6 de Diciembre; y Tumbaco, en la vía Interoceánica. Para ampliar la capacidad de estos colectores se tiene previsto invertir USD 73 millones hasta el 2025.

En contexto

Si bien la basura en las calles ­produce taponamientos, otro problema que tiene la ciudad es el robo de alcantarillas. Hasta el año pasado se registraron unas 5 000 rejillas faltantes, lo cual implica destinar cerca de un millón de dólares para reponerlas.

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