11 de abril de 2016 09:17

Dilma Rousseff y Lula da Silva, a todo o nada en el Parlamento y en las calles

Vista de la sesión de la comisión parlamentaria que decidirá si prosigue o se archiva el trámite para un juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff, en Brasilia.  Foto: EFE

Vista de la sesión de la comisión parlamentaria que decidirá si prosigue o se archiva el trámite para un juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff, en Brasilia. Foto: EFE

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Agencia AFP

Un Brasil en tensión creciente y con pasiones exacerbadas seguirá este lunes los debates de una comisión parlamentaria que decidirá si la presidenta de izquierda Dilma Rousseff puede ser destituida por presunta manipulación de las cuentas públicas.

La mandataria cuenta ante todo con la capacidad movilizadora de su predecesor Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010), que a la misma hora participará en un acto “en defensa de la democracia” en Rio de Janeiro, junto al cantante y compositor Chico Buarque, al teólogo Leonardo Boff y a figuras del mundo cultural y artístico brasileño.

Los recuentos previos en Brasilia indican que la comisión especial de 65 diputados, dominada por la oposición, se pronunciará, a partir de las 17:00 locales (20:00 GMT) , ampliamente a favor de un proceso de impeachment.

En cualquier caso, su decisión deberá ser ratificada por dos tercios de la Cámara (342 de 513 diputados), en debates que se abrirán el viernes y pueden durar hasta el domingo, antes de pasar al Senado.

En Brasilia, la policía tendió vallas a lo largo de la explanada de los ministerios, para separar a los manifestantes de los dos bandos. Se calcula que las concentraciones del fin de semana llevarán a unas 300 000 personas a la capital.

Lula, Rousseff y los legisladores del Partido de los Trabajadores (PT) denuncian el impeachment como una tentativa de “golpe de Estado” y esperan motivar a sus desmovilizadas bases para evitar ser expulsados del poder después de trece años al frente de la principal economía de América Latina.

La crisis, potenciada por una recesión económica que se adentra en su segundo año, crea incertidumbres sobre si será Rousseff o su vicepresidente Michel Temer quien inaugure los Juegos Olímpicos de Rio, el próximo 5 de agosto.

Pues si la Cámara se pronuncia a favor del impeachment y el Senado ratifica en mayo la decisión, Rousseff será apartada de su cargo por un plazo máximo de seis meses, en espera de que la cámara alta dé su fallo definitivo.

La batalla de la Cámara 

El gobierno espera que su previsible derrota en la comisión especial no cree una ola de pánico entre aliados que podrían verse tentados por la opción Temer.

La negociación se lleva a cabo en torno a puestos que el PMDB, el partido centrista del vicepresidente, dejó o dejará vacantes en el gabinete y en la alta administración después de su ruptura, el mes pasado de su alianza con el PT.

El objetivo es preparar la batalla de la Cámara, para impedir que la oposición recoja los 342 votos que viabilizarían el impeachment.

Según el recuento realizado cotidianamente por el diario O Estado de S.Paulo, había el domingo 290 diputados decididos a votar por el impeachment, tres más que el sábado, pero aún 42 por debajo de la barra fatídica que lanzaría a la joven democracia de este país de 204 millones de habitantes por senderos desconocidos.

Había asimismo 115 firmemente en contra de la destitución de la mandataria, así como 61 indecisos y 47 que se negaron a responder al sondeo.

Esas dos últimas franjas son objeto de una fuerte presión, ya que sus retratos y nombres son expuestos en la explanada de los ministerios por los adversarios de Rousseff, una jefa de Estado con una popularidad por los suelos.

Según un sondeo del instituto Datafolha publicado el domingo, 61% de los brasileños se declara favorable a la destitución de Rousseff y un 60% considera que debería dimitir. Un 60% se declara también favorable a una renuncia del vicepresidente centrista Michel Temer.

Aecio Neves: el día D 

La campaña de la fórmula Rousseff-Temer en 2014 está siendo investigada por la justicia electoral, por sospechas de que recibió dinero de la red de corrupción de Petrobras, un escándalo que desde hace dos años hace temblar los cimientos de la política y los negocios en Brasil.

Una anulación de la elección provocaría la convocatoria a comicios anticipados en un plazo de 90 días, pero el Tribunal Superior Electoral (TSE) maneja tiempos largos.

El opositor Aecio Neves, que fue derrotado por escaso margen en 2014, se pronunció el lunes claramente por el impeachment, que dejaría el poder en manos de Temer.

“Llegó la hora”, escribió Neves en una columna publicada por Folha de S.Paulo.

“Este lunes quedará marcado en la historia de Brasil como el día de la gran opción (...). Están en juicio no solo un estilo de gestión o la creencia en una ideología, sino un gobierno que incumplió sistemáticamente con las leyes y atropelló la Constitución, sirviéndose de un esquema de corrupción institucionalizada para financiar su proyecto de poder”, acusa el dirigente del PSDB, el partido del expresidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002).

Lula en sus laberintos

Lula, que echa el resto de su prestigio para salvar a Rousseff, es objeto a su vez de una investigación como supuesto beneficiario de algunos de la red corrupta de Petrobras.

Rousseff lo nombró a mediados de marzo jefe de gabinete, pero su asunción fue bloqueada por un magistrado que la consideró como una mera artimaña para protegerle de la justicia ordinaria.

La corte suprema debe pronunciarse al respecto el próximo 20 de abril.

La posición del exmandatario es paradójica: según la encuesta Datafolha, llegaría a la cabeza de una primera vuelta electoral, con 21% de los votos, pero es al mismo tiempo el político con los mayores índices de rechazo, superior al 50%.

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