20 de December de 2014 20:25

‘La corrupción siempre ha sido un problema en Brasil’

Entrevista Dilma Rousseff, Presidenta de Brasil. Foto: O Globo de Brasil/ GDA.

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Dilma Rousseff tomará posesión el 1 de enero de su segundo mandato al frente de la Presidencia de Brasil con desafíos mayores que cuando asumió por primera vez hace cuatro años.

En aquella época, afianzada por el popular presidente Luiz Inácio Lula da Silva, ella tenía como función ser la continuidad de su gobierno. Ahora quiere dejar una marca propia de su administración, para no pasar a la historia solo como la primera mujer en llegar a la Presidencia.

En el próximo mandato, ella tendrá grandes desafíos: contener la inflación, que amenaza cerrar el año por encima del techo del 6,5%, retomar la credibilidad del país ante los mercados financieros, atraer inversiones, cortar gastos, y, sobre todo, enfrentar los efectos políticos del escándalo que está envolviendo a Petrobras, la mayor empresa del país.

En su próximo período, Dilma tendrá que equilibrarse en los varios desafíos e intentar limpiar la imagen de su partido para pavimentar la vuelta de Lula, que piensa en intentar un tercer mandato.

El Grupo de Diarios América (GDA), luego de realizar su cuarta encuesta anual, nombró a Rousseff el Personaje del Año en Latinoamérica.

En una entrevista exclusiva por escrito con los periódicos del Grupo, fue cuestionada por los casos de corrupción en su gobierno y en el de Lula. Y Dilma Rousseff repitió la táctica que utilizó en su campaña.

En su defensa, dijo que los gobiernos del PT fueron los que efectivamente investigaron, al contrario de lo que, según ella, acontecía antes. “Brasil no vive una crisis de corrupción. La corrupción siempre existió en Brasil. Brasil vive, en la realidad, un momento impar e inédito de efectivo fin de la impunidad y de combate a la corrupción. Lo que está en crisis en Brasil es la histórica impunidad”, aseguró.

¿Durante su segunda gestión, la política exterior de Brasil desarrollará un mayor apoyo a la democracia?

La promoción de la democracia y la defensa de los derechos humanos son principios de la política externa brasileña inscritos en nuestra Constitución, y seguirán siéndolo en mi segundo gobierno.

La prioridad de la democracia en nuestra política exterior ha sido evidente, en especial con respecto a Sudamérica. Hemos apoyado activamente la introducción de la cláusula democrática tanto en el marco del Mercosur como en el de Unasur.

Todos los gobiernos de la región fueron elegidos en las urnas y legitimados por la voluntad popular. La existencia de divergencias entre nuestros países, así como en el interior de ellos, es natural y es parte intrínseca de los regímenes democráticos.

¿Cree usted que las quejas relacionadas con Petrobras pueden afectar a la paz política necesaria para su segundo mandato?

Mi indignación con las denuncias que involucran a Petrobras es la misma que sienten todos brasileños, y quiero, al igual que todos los brasileños, que los culpables sean castigados.

En Brasil no hay intocables. Quienquiera que no trate el dinero público con seriedad, honestidad y efectividad, debe pagar por ello. Este es un compromiso de mi gobierno.

La encuesta del instituto Datafolha, publicada el 6 de diciembre muestra que el 46% de los brasileños considera que mi gobierno es el que más ha investigado casos de corrupción en toda la historia, y el 40% considera que mi gobierno es el que más ha castigado a los corruptos.

Estos índices de investigación y lucha contra la corrupción son los más elevados de entre los presidentes considerados en la encuesta. Quiero resaltar que tengo el firme propósito de promover, en este segundo gobierno una Reforma Política que, entre otras cosas, luche contra la excesiva influencia del poder económico sobre nuestro sistema de representación, principal fuente de la corrupción política y de las desviaciones administrativas en Brasil.

En países como Venezuela, Bolivia y Ecuador, los últimos triunfos electorales han estado vinculados a la figura de un líder (y en el primer ejemplo, de su sucesor, Nicolás Maduro), pero no hay muestras de que se esté preparando un relevo generacional para las próximas elecciones. ¿Cómo ve Ud. la postura del Partido de los Trabajadores (PT) a este respecto hacia el 2018?

Es natural que las democracias se consoliden en torno a líderes, tanto del partido que gobierna como de la oposición. Eso sucede en países de todo el mundo, no solo en los de Sudamérica.

Cualquier democracia necesita bastante de líderes gubernamentales y de oposición responsables y constructivos. Naturalmente, cuando hay cambios generacionales se plantean nuevos desafíos históricos y con el Partido de los Trabajadores no es diferente.

Es un partido tan joven como lo es la democracia brasileña. Cree, como varios ejemplos históricos ponen de manifiesto, que el ejercicio del juego democrático en cada elección permite que más líderes y más ideas innovadoras surjan.  Cuando la sociedad está lista, el cambio se produce.

Con las dificultades crecientes en las economías de Argentina y de Brasil, ¿está dispuesta a recorrer un camino de mayor apertura internacional del Mercosur?

El proyecto de integración comercial del Mercosur siempre tuvo en cuenta la apertura a otros países, bloques o regiones. Tomemos el caso de la negociación con la Unión Europea: el bloque ya tiene su propuesta lista en lo que a la Comisión Europea concierne; aún no tiene el apoyo de los Estados Miembros para presentarla.

El Mercosur no es, como algunas veces lo acusan, un bloque cerrado. Desde 1991, año de su creación, hemos negociado innumerables acuerdos comerciales, tanto en el marco de la Aladi como fuera de ella. Si algunas de esas negociaciones no avanzaron, no fue necesariamente culpa del Mercosur, como en el ejemplo de la negociación con los europeos.

¿La reciente sustitución del Ministro de Hacienda por un técnico más centrado en el mercado traerá cambios en la orientación de la política social de su país?

El ministro Joaquim Levy tiene una larga carrera en el servicio público. Fue secretario del Tesoro en el primer gobierno de Lula y secretario de Hacienda del gobierno del Estado de Río de Janeiro.

Trabajé con el ministro Levy durante años y confío en su competencia para conducir el Ministerio de Hacienda en este momento. La economía brasileña, así como todas las economías emergentes, atraviesa un momento de transición, en el cual aún sufrimos los efectos externos del lento crecimiento mundial, incluso con la reducción de los precios de las materias primas.

Todos sabemos que la recuperación de la crisis que tuvo comienzo hace años, en el 2008, aún es tenue. En Europa la situación es difícil; Japón atraviesa una recesión. China ha estado creciendo a niveles más bajos en los últimos años, y aun la recuperación en los Estados Unidos no ha mostrado toda su fuerza.

Es, pues, una situación que requiere atención. En mi segundo gobierno, seguirán teniendo prioridad el desarrollo económico, la generación de empleo, la ampliación del poder de compra de los salarios, el incentivo a la inversión y, sobre todo, la continuidad del proceso de eliminación de la pobreza y de reducción de las desigualdades. La política social no cambiará.

¿Es conveniente para la integración latinoamericana la existencia de tantos bloques (Mercosur, Alianza del Pacífico, Unasur, Celac, Alba)? ¿Cuál es el papel de la Alba, iniciativa creada por Venezuela en el 2004, dentro del proceso de integración regional?

La coexistencia de diferentes mecanismos regionales refleja la rica diversidad sociopolítica de nuestros países, pero además comprueba el firme compromiso de todos respecto al ideal de la integración.

El concepto de integración es rico y complejo, y puede abarcar desde un sencillo acuerdo comercial hasta la integración productiva, desde la cooperación económica hasta la concertación política.

Este concepto también puede adoptar distintos formatos y contornos, con la participación de grupos de países diversos, lo que puede ser un reflejo del patrón de relación histórica entre ellos.

Desde la perspectiva brasileña, la coexistencia de tres de estos mecanismos, de los cuales formamos parte, ocurre de manera natural.

Para nosotros, el Mercosur representa el mecanismo de integración más profunda, que engloba a los diferentes campos de coordinación política, económica y comercial. En cambio, Unasur y Celac son principalmente instancias de convergencia política entre países sudamericanos además de los caribeños y centroamericanos, lo que las hace instancias complementarias en muchos aspectos.

Cabe resaltar que, en los últimos años, Unasur ha asumido funciones importantes tanto en materia de mediación de crisis políticas en la región, como en el caso de Venezuela, como de cooperación en temas como seguridad, defensa e infraestructura.

Como tuve la oportunidad de resaltar en un discurso reciente, con ocasión de la inauguración de la nueva sede de Unasur, en Quito, esta convivencia entre mecanismos complementarios de integración es la mayor prueba de que en nuestra región vivimos a diario una situación de creciente “unidad en la diversidad”.

La alianza internacional más visible en la que hoy participa Brasil son los Brics, con países que están ubicados en otros continentes. ¿Por qué no avanza la integración regional?

La participación de Brasil en los Brics, en el G20 y en otros grupos no excluye, de ninguna manera, nuestro continuo compromiso y participación en los foros de integración regional, uno de los ejes prioritarios de la inserción internacional brasileña.

Desde el punto de vista de mi país, son procesos complementarios. La integración regional ha avanzado, y mucho.

En junio de este año, en la reunión de los Brics en Brasil, promovimos un encuentro Brics-Unasur para tratar el tema del financiamiento de proyectos de integración en los países de Unasur.

Fue evidente el interés recíproco en la construcción de relaciones entre Sudamérica y los Brics, así como la importancia de Brasil como eslabón entre estos países.

Ello demuestra la relevancia de nuestra región en la arena global. Nuestro lema de convivencia democrática es la unidad en la diversidad y el respeto a las características de cada país. Es más, fue justamente gracias a los procesos de integración regional que América Latina ascendió como protagonista e interlocutora en la comunidad internacional. Siempre buscamos nuevos mecanismos para fortalecer la integración.

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