13 de December de 2009 00:00

¿Qué dicen los villancicos?

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Más de una vez se  debe haber sorprendido a sí mismo tarareando la famosa melodía de Jingle bells, ¿sabe qué significa?



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La relación de la música con  Navidad.  Su  significado se está transformando junto con los villancicos. No solo es lo místico, lo religioso, se trata de esta confrontación de lo religioso con el mercado. Aquí se establece esa lógica de contraposición de lo  que es lo local y lo global, es decir, cómo se identificaba la Navidad en esta parte del mundo, pero ahora
se está ampliando este sentido. 

Ahora los niños ya no se identifican con el villancico.   Casi es a la fuerza que los padres y las escuelas les inducen a oírlo, siempre pesa la Navidad mediática en todos los sistemas. Antes,  había un período de vacación hasta el Día de Reyes, ahora ya no.Como en todo, con la globalización, hasta la música navideña se ha ido transformando poco a poco. Así lo sintió el escritor Fernando Iwasaki, quien ha dejado una profunda constancia de ello en su libro ‘El descubrimiento de España’ (Santillana), en donde relata sus experiencias de los últimos momentos de la Navidad peruana y su posterior encuentro con la estadounidense.

Iwasaki recuerda que cierto día de su infancia, en clase estaban preparando el villancico Jingle bells, cuando la monja española que era profesora de lenguaje interrumpió en el aula. Sabogal, preguntó madre Dolores, ¿sabes qué significa  lo que estás cantando? Y Sabogal como no entendía el inglés protestante de este villancico se quedó callado. Triunfante, la madre espetó a Miss Rosaura para que se canten villancicos en “cristiano”.

Así fue, la clase se alistaba para cantar “Zumba, zúmbale al pandero / al pandero y al rabel, / toca la zambomba, / dale al almirez”. Fue entonces cuando Miss Rosaura entró en el aula. A ver Iwasaki, ¿qué significa zambomba, rabel o almirez?   Iwasaki no pudo contestar. Con lo cual, las profesoras quedaron a mano.

Este fenómeno no es para nada raro o exclusivo solo en la sociedad peruana, en nuestro medio, según apunta el catedrático León Espinosa, también existe una transfiguración del modo de ver la Navidad. Cada vez se siente más fuerte la blanca Navidad.

No es extraño que los villancicos en inglés no se entiendan del todo, ya que eso mismo pasó con los que llegaron de España.

Al inicio, más o menos por el siglo XIV, solo existían canciones que hablaban de la vida cotidiana, buscaban recrear a la gente de las villas, a los agricultores, a los labriegos españoles. Fue después, cuando la religión se consagró (más o menos, a finales del  siglo XV e inicios del XVI)  que nacen los villancicos. Es cuando la sociedad se ve más ritual, no tan secularizada.

Entonces los villancicos llegaron a Latinoamérica,  en donde interactuaron  con el espíritu hispánico.

Sin embargo, Espinosa aclara que el villancico en nuestro país nunca encajó completamente con nuestro imaginario colonial. Por eso es que la creación de villancicos no es frecuente. La mayoría del repertorio que cantamos no ha cambiado mucho desde hace años. Esto no quiere decir que no se hayan creado villancicos en Ecuador, pero no se compara con la  producción de “canción navideña”.

Mientras,  el villancico responde a la ritualidad del pueblo y debería caminar junto a él, la canción navideña responde a una motivación del mercado, es obediente y efectiva como todo producto de venta.

Además, en nuestro país la música siempre estuvo más pendiente de otros temas. En las décadas  de 1960 y 1970 existía una visión más secular de la música y por eso el gran tema era pensarle al indio, de imaginar su sentir y su vivencia, el villancico fue dejado a un lado.

Por eso no hay que admirarse de que mientras en España los villancicos son ejecutados en distintas versiones y ritmos -que llegan hasta el flamenco- aquí casi ninguno de los cantautores haya dedicado  parte de su trabajo a este género, claro, sí existen honrosas excepciones.

No entendimos el villancico que vino de España y ahora no entendemos el que viene en inglés. Los niveles de recepción, la ritualidad y los procesos políticos de América Latina han  influido en la sociedad. Las revoluciones liberales significaron que el espíritu católico se haya desvanecido un poco.

La sociedad cambió, pero no los villancicos. Por eso en algunos de ellos hay fórmulas que solo repetimos por ser parte del ritual, como cuando la gente reza el padre nuestro, sin haber pensado en su significado.

Iwasaki relata que nunca entendió cómo la Virgen podía peinarse “entre cortina y cortina”; o por qué los pastorcillos llevaban a un niño recién nacido “requesón, manteca y vino”. Este escritor sentencia que la Navidad ha sido una “fiesta de canciones incomprensibles o  inexactas, como aquella que decía que  los peces beben en el río, cuando todo el mundo sabe que los peces viven en el río”.

Para Espinosa, la imagen de  que los peces no estén nadando en el río sino bebiéndoselo  llega a ser incluso “suprarrealista”. Aunque claro, hay que apuntar que este animal en la simbología  católica  es un signo espiritual. Así como el agua es un elemento de purificación.

La canción navideña anglosajona  está exenta de este simbolismo porque obedece a una sociedad más productiva. Ya lo decía Guenon, “mientras más productivo, el tiempo es menos místico”.

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