27 de March de 2010 00:00

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Milton Luna Tamayo


El  efecto del uso del texto escolar  en el aula es similar al que tiene una inyección a la vena. El resultado es veloz, casi inmediato. Una buena inyección le salva al paciente. Una mala le agrava o le mata. Un buen texto ayuda a iluminar y generar aprendizajes significativos. Uno malo embrutece, disminuye.

Buen número de los textos escolares repartidos por el Ministerio de Educación desde el 2008 hasta la fecha, en los que estudian millones de  niños y niñas de las escuelas y colegios fiscales, son de mala calidad. Así lo señala un estudio elaborado por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), Universidad de Cuenca, Universidad Salesiana, Universidad Técnica Particular de Loja, Universidad Central y Contrato Social por la Educación.

Este estudio entregado al Ministerio de Educación en mayo del 2008 decía sobre los textos: “Estos mantienen el modelo tradicional, directivo y memorístico del actual sistema educativo; los enfoques y contenidos en algunas áreas desinforman... No promueven el aprendizaje… (ni) el sentido crítico, la reflexión, la diversidad, interculturalidad y el enfoque de equidad, de género, la ciudadanía… En tal sentido, se vulnera el ejercicio de los derechos humanos de los niños y niñas en las escuelas, promoviendo incluso la discriminación, la xenofobia y la violencia”.

La respuesta del Ministro Raúl Vallejo de julio del mismo año reconocía parcialmente los errores y se comprometía a rectificar los problemas más gruesos y a entregar nuevos textos: “Para septiembre del 2009, cuando empiece el año lectivo 2009-2010 en la sierra, planeamos contar con una nueva serie de libros de texto de alta calidad, para distribuir gratuitamente a los estudiantes de EGB. En la preparación de estos nuevos textos escolares, el Ministerio seguirá un proceso riguroso que involucrará la participación de varios actores relevantes, como universidades, pedagogos, docentes y casas editoriales, y garantizará, por una parte, un ahorro importante de recursos para el Estado y, por otra, la mejora sustancial de la calidad de los nuevos textos, proceso en el que tomará en cuenta, la mayor parte de las correcciones y recomendaciones incluidas en el informe del Contrato Social por la Educación”
El hecho es que hasta ahora estos textos con algunas rectificaciones están en las manos y mentes de nuestros estudiantes con las consiguientes consecuencias.

¿Quién se hace cargo de este fraude a los niños del país? ¿Qué opinan los profesores y la UNE? ¿Qué dicen la Comisión de Educación de la Asamblea y el Consejo Nacional de la Niñez? ¿Qué los medios? ¿Qué usted?

La política de distribución gratuita de textos escolares es correcta. Ha ayudado a que decenas de miles de niños se matriculen. Los próximos textos que se repartan tienen que ser excelentes. Nada menos. Eso esperamos.

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