26 de febrero de 2017 17:43

La Diablada de Ungüí se prendió en el sur de Quito

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Patricia Carolina González
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La Ciudadela Tarqui, más conocida como La Mena II, en el sur de Quito, vivió con alegría su primer Festival Carnavalero, protagonizado por la Diablada del Ungüí y una colorida comparsa.

El desfile se inició hoy, domingo 26 de febrero del 2017. A las 11:00 arrancó en la calle Cristóbal Enrique y recorrió unas cinco calles, hasta llegar a la Alonso de Bastidas. Los adultos mayores del Grupo de Danza Jatari Mushucuna dieron entrada a la comparsa, con sus trajes coloridos de cayambeños.

Le siguieron los niños del Grupo de Danza folklórico Takiri, quienes vestidos de cayambeños daban giros y danzaban, siguiendo los pasos de la coreógrafa Silvia Gómez.

"El Diablo Huma es el que nos da la alegría", comentó Silvia mientras guiaba a los pequeños. La máscara del Diablo Huma está compuesta de dos caras, que representan el día y la noche. "Esto es un tributo a la tierra, a la Mama Patria", agregó la coreógrafa.

La cultura boliviana también estuvo representada en la comparsa con el Grupo de Danza Sumak Raymi. Vestían trajes de colores fluorescentes y sombreros con espejos y plumas, que representaban la lucha por rescatar las raíces indígenas y afrodescendientes.

Al final de la comparsa, danzaban los diablos, que bajaban del cerro Ungüí, con sus máscaras, capas y tridentes en mano. Participaron cerca de 30 diablos, de todas las edades, acompañados de zanqueros y payasos.

“Nos inspiramos en el bosque y su protección. Decidimos apoyar entre todos para que la fiesta sea muy colorida y que se vea que acá en Quito también hay Diabladas”, comentó Vivian Chicaiza, de 18 años, quien portaba una máscara de colores rojo y naranja.

La Diablada es un homenaje al bosque Huayrapungo y el cerro Ungüi, que según cuenta la leyenda está protegido por diablos, brujas y duendes. “Queremos llevar un mensaje de cuidado hacia el agua que hay en las montañas y que baja a la Mena”, señaló Verónica Castro, presidenta de la Ciudadela.

Para la creación de las máscaras se inspiraron en diablos bolivianos, venezolanos y ecuatorianos, explicó Carlos Ávila, de la dirección de teatros de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, que apoyó a la comunidad en la elaboración de las máscaras.

En la comparsa, que fue acompañada por los vecinos, participaron unas 120 personas, entre diablos y danzantes. Durante el recorrido, nadie se salvó de la espuma de carnaval, con la que jugaban niños, jóvenes y adultos.

El comercio también estuvo presente. Lo más vendido eran las botellas de ‘carioca’, a USD 1. Pero también había comida: se encontraban papas con cuero y cebiche, y también fritadas. Algunos vendedores manifestaron que la venta estaba “floja”.

El desfile culminó en la calle Alonso de Bastidas, donde continuó la celebración con presentaciones musicales, juegos tradicionales y la premiación de las mejores máscaras.

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