2 de April de 2010 00:00

Los devotos veneraron al Cristo del Consuelo en Guayaquil

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Redacción Guayaquil

guayaquil@elcomercio.com

A paso  lento, Domitila Loayza, de 82 años, se apuraba para llegar a la iglesia Cristo del Consuelo, en las calles Lizardo García y la A, en el  suroeste de Guayaquil.

Con una vela, un pañuelo y la estampilla de Cristo se sumó a los miles de católicos que se concentraron a las 07:00, para acompañar a la imagen.  La caminata fue de 17 cuadras y concluyó  en la iglesia del Espíritu Santo.

Las calles se llenaron de feligreses, que no dejaron de cantar y rezar durante el recorrido.  Esta  fue la procesión número 51 y duró tres horas con 50 minutos. Las primeras cinco estaciones fueron las más largas. Allí, los devotos se demoraron dos horas y 30 minutos.

Loayza, quien  perdió su brazo hace cinco años,  se  apoyaba en  uno de sus hijos para soportar los empujones. “Estoy cansada, pero mi Jesús me da fuerza para seguir. Con fe se puede”. A esa hora el sol era intenso y el pavimento ardía.

Las imágenes de Jesús crucificado y de la virgen María, y las velas encendidas llevadas por fieles sobresalían en la caminata. Estas representaciones parecían hacer un preámbulo para el paso del Cristo del Consuelo.

La imagen principal estaba en un soporte decorado con un manto blanco, cubierto con  flores y rosas.  A los costados, tenía el resguardo de policías y en el frente era escoltada por clérigos de la iglesia. En momentos, se perdía totalmente el orden.

Los policías, a su vez, tenían que abrirse paso a empujones fuertes entre los fieles que pugnaban por tocar la imagen. Eso ocurrió en los momentos más intensos de la representación de las estaciones del Vía Crucis.

Cerca del tumulto, en la intersección de las calles Azuay y Lizardo García, un camión de los  bomberos botaba agua con mangueras a presión. Así mismo, el líquido era lanzado desde los condóminos. Los feligreses agradecían el gesto. A las 10:30, la temperatura era de 36 grados.

En una esquina permanecía  María Luisa Malagán. Ella tiene 72 años y en los últimos 46 no se ha perdido una procesión.

 “Vengo desde el fallecimiento de mi único hijo”. Dice que a Dios solo le pide valor para afrontar la vida y salud para poder trabajar. “Ni cuando he estado muy enferma he dejado de venir”. El cansancio le impidió terminar la caminata. Se retiró de la esquina luego de que pasó la imagen de Cristo  crucificado.

Asistieron jóvenes, adultos y familias enteras.  Bella Cruel, de 32 años, caminó acompañada de 12 personas, entre familiares y amigos.  Al Cristo le pide por la salud de  sus cinco hijos.

Hubo feligreses que llegaron de otras ciudades. Uno de ellos fue Sabino Escalante.  Asistió a la fiesta católica con sus familiares, como muestra de agradecimiento por la salud de su familia.

La caminata terminó con una misa oficiada por el monseñor Antonio Arregui. Luego los fieles se dispersaron por las calles.

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