25 de julio de 2015 16:35

El deslave en la vía a Papallacta afecta incluso a los muertos

La camioneta Mazda era la tercera en una fila que superaba el kilómetro de camiones, trailers y vehículos pequeños. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO.

La camioneta Mazda era la tercera en una fila que superaba el kilómetro de camiones, trailers y vehículos pequeños. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO.

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Diego Puente

La historia de Miguel Silva es diferente. Los deslaves que se registraron en la vía Papallacta-Baeza retrasaron el traslado del cuerpo de su esposa que falleció en Loja, sur de Ecuador, y que será enterrada en Colombia. El sábado 25 de julio del 2015, hasta las 09:00, esperó cuatro horas para que lo dejen pasar.

La camioneta Mazda era la tercera en una fila que superaba el kilómetro de camiones, trailers y vehículos pequeños.

Todos esperaban que se abriera la circulación desde Papallacta hasta Baeza. Cada conductor tenía una historia diferente, pero todos tenían una esperanza: cruzar lo antes posible este tramo que conecta la Sierra con la Amazonía ecuatoriana.

Miguel empezó su viaje desde Loja, en el sur de Ecuador. Tuvo que desviarse dos veces de su camino. Hasta Papallacta se demoró 18 horas en llegar. Él dijo que su esposa murió en un hospital público de Saraguro debido a causas relacionadas a la insuficiencia renal y a la diabetes que padeció.

La mujer era oriunda de Caicedo, una población dentro de Putumayo, en la Amazonía de Colombia. Miguel cumplía la promesa de enterrarla en su lugar de nacimiento y no se imaginó atravesar tantas dificultades. Él sabía que la vía estaba cerrada desde el miércoles 22 de julio debido a múltiples deslaves, dos de los cuales dejaron cuatro personas fallecidas y, al menos, 36 heridos, pero se arriesgó para llegar lo antes posible.

La camioneta Mazda era la tercera en una fila que superaba el kilómetro de camiones, trailers y vehículos pequeños. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO.

Los trabajos para retirar escombros en la vía empiezan a las 06:00 y se extienden hasta las 18:00, según versiones de un trabajador de Petroecuador. No obstante, los moradores se quejaron porque, según ellos, la maquinaria pesada empieza a cargar toneladas de lodo y piedras recién desde las 09:00.

En menos de 5 kilómetros había, hasta este sábado, seis deslaves que coparon la vía. El más grave se registró a la altura del kilómetro 48. En unos 45 minutos, la retroexcavadora hizo un camino entre el lodo para permitir el paso de los carros que estaban en la vía. Según el policía Orlando Guanuña, los conductores de estos vehículos aseguran que son trabajadores del sector para conseguir un permiso. Cuando pasan tratan de avanzar a Papallacta o a Baeza, pero se encuentran con derrumbes. “Esto nos complica el trabajo”, sentenció.

La gente está desesperada por salir. No importa si tienen que embarrarse de lodo hasta las rodillas. Camilo Benalcázar labora en las termas de Papallacta. Su jornada es diferente a la de un obrero regular. Cada cinco días de trabajo, tiene cinco de descanso y viaja hasta el Oriente para pasarlos con su familia. Él aprovechó que no había lluvia para caminar por un fango espeso que se ‘traga’ los zapatos de quienes lo pisan.

El ECU-911 informó que la vía será abierta dos horas (desde las 15:00 hasta las 17:00); sin embargo esto no ocurrió. Se recomendó a la población no transitar por el sector hasta mejorar las condiciones de seguridad. Jonhs Salazar, comandante del Cuerpo de Bomberos del Chaco, indicó que el paso se habilitará siempre y cuando haya una aprobación de los técnicos que trabajan para despejar la vía.

Este Diario constató que los deslaves son permanentes. Después de que se habilita la vía, se vuelve a cerrar por acumulación de material en menos de 60 minutos. Para la familia Silva fue un sufrimiento permanente porque tuvieron que hacer varias paradas. La única música que se escucha al interior de la camioneta Mazda es religiosa. "Señor ten piedad de nosotros", era el estribillo que más se escuchaba. Los ingenieros hicieron excepciones para dejarlos pasar debido a las complicaciones que implica trasladar un cuerpo durante tanto tiempo.

María Teresa Palma, amiga de la familia, los acompañó en este trayecto. Ella les dio el alcance debido a que salió desde
El Oro. “Tenemos dos sufrimientos. Ya queremos llegar”. Hasta Papallacta se demoraron 18 horas en su viaje.

Hay casos en los que han permanecido estancados en algún lugar de la vía por 12 o 14 horas. La comida es una de las necesidades que tratan de suplir con mucha dificultad ya que no hay sitios en los que se pueda comprar. Cuando la noche llega, decenas de ocupantes de los vehículos que no cruzaron se acomodan dentro de la cabina para descansar, a la espera de que el siguiente día puedan salir de esta prisión de lodo y piedras.

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