18 de January de 2010 00:00

Para qué tanto desgaste

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Miguel Rivadeneira V.

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No se puede deshojar margaritas ni quemar cartuchos innecesarios en temas que salen del ámbito nacional y se transforman en bandera en el campo internacional, más aún con críticas de bajo nivel en un ambiente en el que debiera usarse un lenguaje respetuoso y diplomático aunque existan divergencias de criterios. Al parecer, no basta la permanente confrontación interna.

El anuncio oficial de que sigue adelante la Iniciativa Yasuní-ITT, que de concretarse permitirá no explotar el petróleo en un área intangible de la Región Amazónica, reconocida mundialmente, a cambio de aporte económico internacional, revela un hecho que no debía darse cuando precisamente se hizo un gran esfuerzo para vender esta idea como contribución del Ecuador para enfrentar el calentamiento global y el cambio climático, que están llevando a la destrucción del planeta.

Es lamentable que el proceso se haya visto afectado, con algunos ladrillazos lanzados contra personajes que se jugaron por este proyecto, guste o no.
El caso del saliente canciller Fander Falconí, que se vio obligado a renunciar tras el señalamiento presidencial de que estaban negociando un fideicomiso en “condiciones vergonzosas”. También se fueron Yolanda Kakababse, ambientalista reconocida a nivel mundial, y Roque Sevilla, ex alcalde y que presidiera el comité, luego de desarrollar una intensa tarea internacional hasta iniciar la consecución de aportes.

Si la iniciativa se mantiene, para qué tanto desgaste  y que costara la salida del Canciller y los miembros del comité  por el exceso verbal. Cómo es posible que Alemania, Francia, Bélgica, entre otros países amigos que se interesaron por la iniciativa resulten duramente criticados, porque tendrán que cambiar sus donaciones en centavitos y ponerse en la oreja, como dijera el Mandatario. 

Si el problema de enfoque ha sido el fideicomiso hay que reivindicar nuestros derechos, pero estar conscientes que nadie pondría su contribución económica sin beneficio de inventario ni el pedido de un uso correcto para lo que se estableció; por lo menos exigir y hacer un control y seguimiento de que esos recursos, administrados por la ONU, no se usen en cualquier otro gasto, por importante que sea, en época de necesidades.

Ese es el sentimiento internacional que escuché hace poco en el ámbito diplomático con ocasión de la despedida del embajador de Francia en el Ecuador,

Didier Lopinot. Además, si el proyecto sigue por ahora es porque resulta complicado echarlo abajo, especialmente por el enorme blindaje constitucional que se impusiera esta misma administración en Montecristi. Al menos 22 disposiciones protegen la iniciativa. Para  qué entonces el desgaste y pérdida de altos funcionarios y personajes que se habían jugado por el tema y que podían seguir adelante.


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