17 de enero de 2018 11:00

El desempleo se redujo en el 2017 en Guayaquil y Ambato

Albañiles buscan empleo en el sector de la plazoleta San Francisco, en Cuenca. Foto: Xavier Caiviñagua/ EL COMERCIO

Albañiles buscan empleo en el sector de la plazoleta San Francisco, en Cuenca. Foto: Xavier Caiviñagua/ EL COMERCIO

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El desempleo disminuyó en el Ecuador durante el 2017, de acuerdo con el informe publicado el  por el Instituto Nacional de Estadística y Censos. Hasta diciembre pasado, 373 871 ecuatorianos estaban en esa condición, es decir 36 570 menos que en el 2016.

Esa reducción se registró en Guayaquil y Ambato, no así en Quito, Cuenca y Machala, donde aumentó. En Guayaquil, la tasa de desempleo cayó dos puntos entre diciembre del 2017 e igual mes del año previo; en Ambato bajó un punto.

Pese a la disminución del desempleo, el presidente de la Federación Ecuatoriana de Exportadores, Iván Ontaneda, considera que la calidad del empleo en Guayaquil aún es deficiente. “La mayoría de comerciantes es informal”.
La eliminación de las salvaguardias, dice Ontaneda, generó “un respiro” para los empresarios, pero faltan medidas para lograr una recuperación.

Para Juan Carlos Díaz-Granados, director de la Cámara de Comercio de Guayaquil, las condiciones laborales no han mejorado porque la reducción en el desempleo se transfirió a un empleo inadecuado. “Hacen falta reformas estructurales que propicien la creación de empleo adecuado”.

El sector comercial, según Díaz-Granados, generó más de 48 000 empleos el 2017, “una cifra que pudo haber sido mayor si no existieran trabas”.

El incremento en las exportaciones no petroleras, especialmente de banano, fue otro factor que incidió en los indicadores de empleo del Puerto Principal. Richard Salazar, de la Asociación de Comercialización y Exportación de Banano, dice que hubo un aumento de hectáreas cultivadas, lo cual incidió en una mayor demanda de trabajadores. En promedio, por cada nueva hectárea se genera un empleo directo y entre 2 y 3 de forma indirecta.

Ambato, por su parte, fue la ciudad con el mayor incremento en el empleo adecuado. Este indicador subió del 46,9 a 54% entre el 2016 y 2017.

Según los sectores productivos, la situación económica mejoró desde septiembre del 2017, lo que benefició a la industria carrocera, textil y del calzado, que demandó más mano de obra.

Para Santiago Vargas, presidente de la Cámara de Industrias de Tungurahua, en los últimos cinco meses se registró una reactivación, lo que permitió que la mayoría de empresas contrate más personal.

Puso como ejemplo a la empresa Varma, que en los dos últimos años mantuvo una nómina de 60 a 70 colaboradores permanentes y ahora tiene 100.

Gabriel Recalde, director académico del Centro de Estudios de la Política Laboral, considera que la reducción del desempleo, aunque sea un porcentaje reducido, coincide con el informe del panorama laboral de la Organización Internacional del Trabajo del 2017. Este último evidencia que la región -no solo el Ecuador- recuperó el empleo debido al mejoramiento de los precios de los commodities.

En el caso de Ecuador, señala Recalde, la recuperación económica se da gracias al aumento del precio del crudo y el endeudamiento público, que permiten al Gobierno contar con más liquidez para inyectarla en la economía.

En cambio, Cuenca fue la ciudad con el mayor crecimiento de desempleo, al pasar del 4,8% al 5,6%. Rodrigo Mendieta, coordinador del Grupo de Investigación en Economía Regional de la Universidad de Cuenca, atribuye ese aumento a la situación económica del país y a la crisis local del turismo y la construcción.

Los retrasos en las obras del tranvía y la reducción de vuelos afectaron al turismo, señala el presidente de los Hoteleros azuayos, Juan Pablo Vanegas. Por eso hay 15 hoteles en venta o arriendo y la ocupación hotelera bajó del 45% a menos del 30%, entre el 2015 y el 2017.

En el caso del subempleo en el país, continúa cerca del 20%, debido a la poca oferta de trabajo. Eso lo saben las hermanas Susana y Gladys Caivinagua, quienes perdieron sus trabajos como contadoras en un banco y en una empresa, en Cuenca, respectivamente. Desde hace cuatro y seis meses buscan -sin éxito- un empleo. Ellas optaron por ayudar a su madre a preparar tortillas o humitas, que se venden en un local en la terminal terrestre. “Mis padres me prestan por horas el puesto. Lo que venda es para mí... Es difícil encontrar un trabajo fijo”, dice Susana Caivinagua.

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