19 de diciembre de 2016 00:00

Desechos de tejidos humanos, sin un tratamiento adecuado

Diego Pallero/El Comercio En el relleno sanitario de El Inga, el Municipio de Quito tiene máquinas que desinfectan los desechos hospitalarios con vapor.

En el relleno sanitario de El Inga, el Municipio de Quito tiene máquinas que desinfectan los desechos hospitalarios con vapor. / Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO 

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Evelyn Jácome

La grasa que se extrae de una liposucción, úteros y ovarios que fueron extirpados de mujeres enfermas, muestras corporales para biopsias y hasta la misma sangre producto de una intervención quirúrgica, no siempre reciben un tratamiento adecuado en Quito.

Tras una investigación de este Diario se evidenció que esos desechos se disponen de manera incorrecta, terminan en la basura común o van a las alcantarillas. Además, se reveló que no existe una norma técnica para el tratamiento de estos tejidos humanos, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud calcula que, de los residuos generados por las actividades de atención sanitaria, el 15% es peligroso.

En Quito, los desechos que sí son tratados de manera correcta son los infecciosos leves (gasas, bajalenguas, jeringas, guantes, material corto-punzante y otros elementos en contacto con fluidos corporales). Ese trabajo lo hace la Empresa Metropolitana de Gestión Integral de Residuos Sólidos (Emgirs), que al día recoge 13 toneladas de desechos hospitalarios.

Aun así, la Emgirs no está licenciada para recibir sangre, miembros de amputaciones, partes de cuerpos, grasas, ni piel, según explica Santiago Andrade, gerente de la entidad. Los tejidos humanos tienen un nivel más alto de riesgo infeccioso que las jeringuillas o las gasas, por ejemplo.

La Emgirs tiene una máquina de vapor que llega a los 140 grados de temperatura, ideal para exterminar microorganismos de bajalenguas, guantes, agujas, etc. Pero hay fluidos que se destruyen a más de a 900 grados. Ese tipo de elementos deben ser incinerados.

En Quito hay una sola empresa que da ese servicio: Gadere, que atiende a 20 hospitales y clínicas. El problema es que en la capital hay 209 hospitales y clínicas, además de 5 000 establecimientos dedicados a salud, veterinarias o estéticas.

La Emgirs no abre las fundas recolectadas. De allí la importancia de la clasificación que deben hacer los hospitales, explica Andrade.
Pero en esta investigación se reveló que eso no siempre ocurre.

En el caso de la Clínica San Mateo, por ejemplo, donde se realizan unas 10 cirugías estéticas semanales, la piel restante de abdominoplastias es colocada en fundas rojas y se las lleva la Emgirs. Byron Vaca, de ese centro, explica que parte de la grasa va a la alcantarilla. Como la Emgirs no permite enviar líquidos, ellos ciernen la grasa, la parte más espesa va a las fundas, mientras que la líquida va a parar al drenaje, al igual que la sangre. Byron Salazar, de la clínica estética Louvré, señaló que los desechos del quirófano son tratados como el resto del material contaminado: van a la funda roja y se los lleva la Emgirs. Al mes se realizan unas 40 cirugías. En cada liposucción, se obtiene entre 1 y 4 kilos de grasa.

Luis Yacelga, del área de patología de Solca, explica que recibe cada día unos 10 restos, como glándulas mamarias, y 30 partes pequeñas procedentes de biopsias. Cada tres meses las coloca en recipientes especiales y las pasan a la Emgirs. Los restos grandes como amputaciones de brazos y piernas deben ser retirados para cremarlos o enterrarlos.

Las veterinarias también tienen este problema. Verónica Morocho, de Protección Animal Ecuador, asegura que recogen la sangre de los animales. Luego se mezcla con cloro para eliminar virus y bacterias. Se absorbe con paños y estos van a la funda roja que se lleva la Emgirs. Morocho cuenta que otras veterinarias prefieren no pagar y arrojan la sangre a la alcantarilla, o los restos de animales al basurero común.

El contrato firmado entre la Emgirs y las casas de salud explica que no recibirán fluidos corporales ni tejidos. Luego de que la investigación de este Diario revelara que había clínicas que estaban enviando ese tipo de elementos, el gerente de la Emgirs, Santiago Andrade, aseguró que se implementará un nuevo control para verificar el material que reciben.

Para Carlos Sagasti, experto en manejo de residuos, la responsabilidad del tratamiento de restos anatomopatológicos recae en las clínicas y hospitales y el tema debe ser controlado por el Ministerio de Salud.

El artículo 19 del Reglamento Interministerial de gestión integral de desechos sanitarios 379, dice: “En el caso específico de placentas u otros desechos anatomopatológicos (...) deben recibir ciertos tratamientos hasta su entrega al gestor ambiental (...), conforme los lineamientos establecidos en la Norma Técnica que será expedida para la aplicación del presente Reglamento”.

El Ministerio informó que el problema es que no hay dicha Norma Técnica. Es decir, hay un vacío legal que impide exigir a las casas de salud dar un tratamiento distinto a ese tipo de desechos.

Norma Moreno, técnica ambiental del Ministerio de Salud, explica que se hace un monitoreo aleatorio de desechos infecciosos, pero sin la norma técnica no se puede exigir que se dé a los anatomopatológicos un tratamiento adecuado. Sino que para poder funcionar, el establecimiento debe presentar un solo certificado de desechos hospitalarios (como el que entrega la Emgirs para tratar agujas, gasas, etc).

Según el Ministerio, se trabaja en cubrir ese vacío legal, se va a poner en conocimiento de las autoridades nacionales el problema para que se emitan las directrices de control.

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